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Asà fue el último ataque de los Tagaeris, la tribu guerrera del Amazonas
Dos aserradores fueron las últimas vÃctimas de sus lanzas. Son los mismos que atacaron a un Obispo y a una monja colombiana hace 19 años. Crónica.
Con una lanza indÃgena de tres metros, que le entraba por la espalda y se le asomaba por el pecho, William Angulo, un aserrador de madera, llegó al hospital de Francisco de Orellana, enclavado en la AmazonÃa ecuatoriana, a orillas del rÃo Napo.
Angulo, un negro fornido, tenÃa otra herida de lanza en el muslo izquierdo y una más en la región abdominal.
Milagrosamente la lanza que lo atravesaba, tallada en palma de chonta, le habÃa pasado en medio de los pulmones sin tocarle el corazón, y Angulo caminaba y hablaba en el hospital, como si hubiera ido a consulta por una gripe.
A su lado estaba GÃlder Moreira, otro aserrador, con una herida de lanza en la pierna y otra en la espalda.
Era el miércoles 12, del pasado mes de abril. Ese dÃa los dos taladores ilegales devoraban la selva en el sector de Cononaco, cerca del rÃo Chiripuno, a 92 kilómetros al sur de Orellana, en busca de cedros y caobas.
"Ambos trabajábamos normalmente en el aserradero y a la 1:00 de la tarde nos atacaron por detrás. Mi otro 'pana' salió corriendo, pero yo no pude hacer nada", les dijo Angulo a los médicos.
Moreira escapó y les avisó a sus compañeros de campamento que los estaban atacando y ellos hicieron unos disparos al aire y los indÃgenas huyeron.
Un pueblo guerrero
Por el tipo de flechas, los médicos presintieron que se trataba de un ataque más de los Tagaeris, la tribu guerrera que se mueve entre Ecuador y Perú, enfrentándose desde hace más de 40 años a los que se atrevan a pisar sus territorios.
Los Tagaeris, cuenta el antropólogo Marcelo Córdoba, hacÃan parte de los Huaoranis, la familia lingüÃstica indÃgena que duró más tiempo en Ecuador sin ser contactada por el mundo 'blanco'.
A mediados del siglo pasado, los Huaoranis, que se caracterizaban por tener unos grandes orificios en los lóbulos y usar el cabello largo, tuvieron contacto con misioneros capuchinos y evangélicos.
"La mayorÃa de los Huaoranis aceptaron el proceso de evangelización, se asentaron en punto fijos y hasta permitieron el ingreso a su territorio de las compañÃas petroleras, pero un clan de ellos, al mando del jefe 'Taga', se rehusó al contacto y se perdió en la selva. Por eso se llaman los no contactados", comenta Córdoba.
Desde entonces son una leyenda y los comenzaron a llamar los 'patas coloradas' o Tagaeris, que significa: 'Los hombres de Taga'.
Se calcula que son unos 200, que siguen siendo nómadas, y usan su largas flechas no solo para cazar micos sino para enfrentarse a sus enemigos.
"En la AmazonÃa la guerra es una institución, es uno de los sitios no 'occidentales' donde permanece la forma tradicional de guerra, sirve para acceso de recursos y territorios, el papel que juega en todo el mundo", comenta el antropólogo.
Los Tagaeris siempre advierten. Ponen, en los caminos donde están, dos lanzas cruzadas. "Es para decir: 'Este es mi territorio. Si vuelven a pasar los vamos a matar'. Se mueven muy rápido en la selva, pues es su casa, y por eso son casi invisibles. De ellos no existen fotos, solo los relatos de los Huaoranis", relata Córdoba.
En avión para Quito
Los médicos de Orellana determinaron ese miércoles que no podÃan sacarle la lanza a Angulo, cuya punta se le dibujaba en el pecho como un volcán. Entonces, decidieron trasladarlo a Quito en una avioneta, mientras que a Moreira, cuyas heridas eran más leves, lo llevaron en una ambulancia.
"El morocho respiraba, estaba bien, pero la lanza no se le podÃa jalar ni para adelante ni para atrás porque tenÃa una especie de dientes que hace que si una la jala se rasgue la persona", recuerda el médico Jorge Garnica Sánchez, quien autorizó su traslado en la aeronave.
El médico dice que como la lanza no le permitÃa a Angulo acostarse lo único que le hicieron fue cortarle la parte que le salÃa por la espalda con una segueta. "Hablaba normal, me decÃa que no habÃa visto los indios, que todo fue muy rápido", recuerda.
Un largo prontuario
Sacar lanzas de los Tagaeris se ha convertido en parte del trabajo de Garnica en los 28 años que lleva en esta región del Amazonas.
"He atendido casos de misioneros, petroleros y taladores de árboles", dice.
Y es que los Tagaeris ya no están solos en la selva. Los colonos, los taladores y las compañÃas petroleras hacen presencia en su territorio. "Cada vez hay más presión sobre el bosque -dice Córdoba-. No solo se enfrentan con los 'blancos' sino con los mismo Huaoranis, su antigua familia, pues algunos de ellos negocian con los madereros para que entren a su territorio".
El prontuario de los Tagaeris es largo. Se les acusa de matar al cocinero de una compañÃa petrolera y a otros tres trabajadores petroleros en los rÃos Tivacuno y Shiripuno. De lancear a dos Huaoranis en el rÃo Tiputini, a dos colonos en el rÃo Cuchiyacu y de matar a otros dos indÃgenas Quichuas.
Pero su ataque más recordado fue el que ocurrió el 21 de julio de 1987, cuando mataron con sus largas lanzas al obispo español Alejandro Labaka y a la monja colombiana Inés Arango, quienes fueron a contactarlos, como lo hacÃan con Huaoranis.
"Eso fue bárbaro. El padre tenÃa como 80 orificios y la madre tenÃa destrozado el pulmón, el corazón y le habÃan metido una lanza por la vagina", recuerda Garnica, que hizo el levantamiento de los religiosos.
Desde entonces, se rumora que murió 'Taga' en un enfrentamiento y que su tribu ha sostenido fuertes combates con los Huaoranis y que a suvez han sido vÃctimas de incurisiones armadas de aserradores.
En el quirófano
Angulo fue recibido en el aeropuerto de Quito, no solo por una ambulancia, sino por un grupo de periodistas.
Dio declaraciones para la televisión y se dejó tomar fotos, con la lanza en su pecho.
Antes de entrar a un quirófano del hospital Eugenio Espejo, Angulo le dijo al periodista de El Comercio de Quito que tenÃa 41 años, que habÃa nacido en Esmeraldas y que viajó a la provincia de Orellana, hace un año, para buscar dinero con las empresas madereras.
"No tuve problemas, con nadie, sólo me dedicaba a trabajar para mantener a mi familia", comentó.
Tras varias horas de cirugÃa, el aserrador despertó sin ningún problema y guardaba debajo del colchón los fragmentos de la lanza que mantuvo en su cuerpo. Volvió a hablar para los medios y dijo que se sentÃa bien y le agradecÃa a Dios por salvarlo.
Pero el sábado, el milagro se esfumó y Angulo falleció vÃctima de una infección que se lo devoró en horas, convirtiéndose en la última vÃctima de los Tagaeris, los últimos guerreros del Amazonas.
LUIS ALBERTO MIÑO RUEDA
Enviado Especial de EL TIEMPO
FRANCISO ORELLANA (ECUADOR)
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Nación
- Fecha de publicación
- 16 de agosto de 2006
- Autor
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