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En Colombia hay cuatro mil abuelos que pasan de los cien años y 164 que superan los 110

Uno de los datos sorprendentes del Censo de 2005 es el alto porcentaje de adultos mayores que aún viven con sus familias.

La existencia de esos 4.000 centenarios, como los denomina el Dane, ha generado una enorme sorpresa en la misma entidad, comenzando por su director, Ernesto Rojas, y entre expertos en demografía y estudiosos de la longevidad, como el director de la División de Educación de la Fundación Santa Fe de Bogotá, Gustavo Quintero.

"No me lo esperaba. Me impactó", dijo el médico que le ha seguido la pista y escudriñado al máximo los últimos cuatro censos de población.

Precisamente, el Dane y la Fundación celebraron un convenio mediante el cual esta institución comenzará a investigar todo lo relacionado con las condiciones económicas, culturales, ambientales, sociales que han permitido que ese grupo venerable de colombianos haya llegado hasta tan avanzada edad.Ellos, los centenarios, están regados en 722 municipios de la mayoría de departamentos, siendo Antioquia el de más alto número de localidades que los alberga (97), aunque Bogotá es la de mayor concentración, con el 9 por ciento del total, 360 personas.

Si algo llama la atención de Rojas y Quintero es que en Colombia, a diferencia de países como Estados Unidos, donde hay 70.000 centenarios en una población de 250 millones, la familia (hijos y nietos) sigue siendo un elemento fundamental que, en general, no abandona a sus cabezas.

Su afirmación tiene un sustento fuerte: en Estados Unidos las familias se desintegran muy rápido por la pronta independencia de los hijos. Los adultos mayores, como se les denomina a las personas de 65 años y más, comienzan a buscar centros geriátricos para pasar en estos el resto de sus vidas.

En Colombia, por el contrario y de acuerdo con el censo, el 94 por ciento de los centenarios (3.760 personas) vive en hogares particulares, vale decir, con sus familias. Apenas el 6 por ciento (240 personas) vive en Lugares Especiales de Alojamiento (Leas), que es como aquí se les llama a los centros geriátricos.

Fenómenos como el anterior, y otros más que se irán detectando a medida que avance el estudio mencionado, son los que llevan a Quintero a creer que "todo el país académico y científico se le apuntará a hacer investigaciones" que enriquezcan el conocimiento sobre la realidad de la población colombiana.

Grandes retos para sistemas de salud y pensiones Al despuntar el siglo pasado, la esperanza de vida al nacer de los colombianos estaba entre 50 y 55 años. Los avances de la medicina y los programas de salud pública, entre otros muchos factores, la han aumentado, 100 años después, a 72 años.Hoy, una persona que tenga 65 años tiene una esperanza de vida de 15 años adicionales.Lo anterior plantea unos retos enormes para los sistemas de salud -hoy estructurado alrededor de las EPS, ARS y servicios en la red pública hospitalaria para la población que no está en ningún régimen de aseguramiento- y pensiones, que ya hoy enfrentan grandes dificultades.

De las investigaciones que se hagan de aquí en adelante sobre la evolución por edades de la población colombiana, algunas de las cuales estarán finalizando hacia el 2010, deben desprenderse recomendaciones de políticas públicas que tengan en cuenta la nueva realidad demográfica.

Mientras la tasa de crecimiento de la población cayó en los últimos 15-20 años a 1 por ciento anual (cifra en la cual todavía muchos expertos no creen) el envejecimiento de la población marcha a un ritmo normal pero preocupante, pues ya se está llegando al retiro de la generación posterior a la segunda guerra mundial y las condiciones de pobreza general no le auguran un licenciamiento tranquilo.

Seguramente, más adultos mayores demandarán cupos en las Leas (centros geriátricos) y el Estado deberá estar preparado para responderles si desde ya, y con base en los estudios mencionados, comienza a tomar las medidas pertinentes.

Aunque no se conocen las condiciones en que viven, por ejemplo, los 164 abuelos mayores de 110 años, puede intuirse que no son las mejores para muchos de ellos.

Si bien 4.000 colombianos han sobrevivido a los efectos de las guerras y la violencia, hace falta un sistema previsional que los ampare para que ellos vivan dignamente, así como los que vienen detrás.La discusión sobre dicho sistema debe ser un punto prioritario de la agenda pública que debe comenzar ya, máxime si cuando la brecha entre ricos y pobres se amplía en lugar de estrecharse.

Algunos de esos abuelos apenas comenzaban a caminar en 1899 cuando estalló la Guerra de los Mil Días y junto a otros, más niños aún, les tocó, a lo mejor sin saberlo, la separación de Panamá en 1903.

Quizás todos fueron testigos del aporte de sus padres y abuelos para financiar la guerra con el Perú en 1932 y, quizás también, oyeron hablar de la primera y la segunda guerra mundiales, en 1914 y 1939.

Con seguridad todos sufrieron en carne propia los rigores de la guerra interna conocida como la violencia, que lleva más de 50 años y todavía no termina.

Comente este artículo Déjenos saber sus impresiones sobre los resultados del estudio del Dane en eltiempo.com o en economicas@eltiempo.com.co REDACCIÓN ECONÓMICA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Economía
Fecha de publicación
17 de agosto de 2006
Autor

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