Máximas del Profeta

Máximas del Profeta

El profeta del nadaísmo se volvió un reverendo y predicador del amor como única tabla de salvación.

Máximas del Profeta
25 de octubre de 2016, 09:33 pm

Hay amores que duran toda la vida, y hasta que desbordan la vida. Son ellos algunos amores de los poetas. De poetas que pierden a sus amadas y se pasan el resto de su vida cantándolas. Y de mujeres que pierden a su poeta y dedican el resto de su existir a cuidar de su obra. Es el caso del profeta del nadaísmo Gonzalo Arango –quien partiera hace 40 años– y de su última amada, la inglesa Angelita Hickie.

Se encontró con ella Gonzalo –a los 13 años de haber parido sin anestesia su movimiento irreverente, iconoclasta y feroz–, en la isla de Providencia, en un viaje lisérgico a la sombra de una palmera y con la complacencia divina (“Una vez grité bajo las estrellas: Dios no existe. Y Él contestó: Ok, Gonzalo, con eso basta”). Desde entonces le dijo adiós al nadaísmo sin alejarse de nosotros, sus doce apóstoles sin mesías, retornó a Jesucristo, en quien no creíamos y apostrofábamos, y se volvió un reverendo, pacificador y predicador del amor como única tabla de salvación. Dejó la carne, el cigarrillo y la prosa, y comenzó a expresarse por medio de mínimas parábolas, apotegmas, sentencias, adagios o máximas.

Hay que reconocer que Angelita se lo llevó por el camino del bien. “Bien o mal, he cumplido”, fueron sus últimas palabras escritas. Un día antes de su partida le había dicho: “Mi obra se comenzará a entender en cuarenta años”. Y hace poco se le presentó en sueños, con un libro azul en sus manos. Angelita entendió el mensaje y con los documentos que tenía a mano ha preparado el libro azul de su pensamiento, con su versión inglesa y hermosas ilustraciones, que, con el título de 'Máximas de Gonzalo Arango', aparece bajo el sello Serendipity Ediciones.

Angelita ha vivido estos 40 años con una irrestricta lealtad a la memoria de su querido. Se quedó en Colombia, primero en Guasca y ahora en Guatavita, vistiendo atuendos similares, dedicada a los mismos oficios de entonces, cantar, pintar, tejer, cocinar para sí, dar clases de inglés. Y atendiendo la voz del amado ido, propone este libro, que pronto estará en librerías (por lo pronto, se puede solicitar en el teléfono 2 565797, doctora Clara Inés Álvarez). Será lanzado el próximo 19 de noviembre en Casa de Citas (cra. 3.ª n.° 12B-35). Las siguientes son algunas de las máximas del Profeta, ya no de la Nueva Oscuridad, sino de la Nueva Luz en las Tinieblas:

“La paz, como el amor, no se negocia... se hace. Dejemos de resistir para existir. Las armas para la paz son el amor y la justicia. / El futuro no es lo que esperamos, sino lo que hacemos. / No olvides que la vida es un milagro; que tu vida es lo único nuevo y absoluto que existe bajo el sol, y que solo eres inmortal en la medida en que estás vivo. / Estamos aquí para realizar la justicia de la vida en la tierra por medio del amor, del poder portentoso del amor. / Compatriotas de la tierra: la hora de vivir es ahora. El árbol de la vida está lleno de frutos. / El fin no importa desde el punto de vista de la lucha, porque no llegar es también el cumplimiento de un destino. / Si en el mundo hay más odio que amor, la victoria será de la muerte; pero si hay más amor que odio, la victoria será de la vida. / La gran revolución es reconquistar la gloria de estar vivos, de volver a encontrar la identidad de ser hijos de Dios... Revolución quiere decir dejar atrás todo lo que impide vivir, evolucionar. La revolución que necesita el mundo no es de monte sino de mente. / Apacígüate, guerrero, que no tendrás un pensamiento más, ni escribirás una palabra más, ni darás a luz una esperanza nueva que no esté prescrita desde siempre en la universal armonía. / La paz es inminente, no imponente. La paz, como el aire, no se negocia. La paz solo puede nacer de corazones conscientes, no del miedo”.



Jotamario Arbeláez
jotamarionada@hotmail.com