La iniciativa que busca que sitios corrientes ayuden a educar

La iniciativa que busca que sitios corrientes ayuden a educar

'Thinkscape' es una onda que intenta convertir lugares normales en puntos pedagógicos para niños.

La iniciativa que busca que sitios corrientes ayuden a educar
29 de julio de 2016, 03:42 am

Un reto se plantea para los padres cuando llegan las vacaciones. Para evitar que el tiempo libre se convierta en horas perdidas, los parientes pagan cursos, campamentos y otras actividades. ¿Pero qué pasa en los sectores más populares donde no pueden darse esos lujos? Llega un problema de acceso. La propuesta Thinkscape, nacida en Filadelfia (Estados Unidos), apunta a convertir sitios corrientes en lugares que ayuden a mantener las habilidades cognitivas de los niños en sus ‘tiempos muertos’.

Planteado de esa forma, para que la idea tenga futuro, debe ser tenida en cuenta, mínimo, por los planificadores urbanos y por quienes dictan la política educativa. Así lo plantea Jennifer S. Vey, miembro de Brookings Institution, organización estadounidense que aboga por la calidad de vida, la competitividad y la innovación en las urbes.

Vey, quien hizo un rastreo de los pasos que ha dado esta tendencia, encontró iniciativas que bien podrían tomarse como paradigmas. The Supermarket Study es una de ellas. Katie Ridge, investigadora honoraria de la Temple University, Filadelfia, quiso demostrar cómo es posible incrementar la capacidad de establecer relaciones en los niños menores de 10 años a través de sencillas intervenciones en los supermercados de vecindarios de clases bajas.

Ridge ubicó señales sencillas, pero llamativas, en distintas secciones, como en el área de la leche: “Yo provengo de la vaca. ¿Puedes encontrar otro producto que también sea de este animal?”, les planteaba como reto a los menores. En compañía de sus padres, acompañantes o vendedores, los chicos iniciaban conversaciones que ampliaban su conocimiento y agregaban más palabras a su vocabulario.

La investigación arrojó que la aparición de estas señales generó un aumento del 33 % en la cantidad de conversaciones de los niños, igualando la cantidad media de conversaciones que sostienen sus pares pertenecientes a los estratos medios (con mayor acceso a libros apropiados y otras herramientas).

La inversión en cada uno de estos ingeniosos ‘generadores de sentidos’ fue de solo 60 dólares. Ciudades como Tulsa, Oklahoma (EE.UU.) han puesto su atención en el proyecto, que se extendió por múltiples supermercados y ayudó a los establecimientos, además, a cumplir con sus metas de responsabilidad social.

“Así convierten lugares corrientes en extraordinarios ambientes de aprendizaje. Organizaciones como la Fundación Clinton ya les inyectan recursos a iniciativas de este tipo que se adelantan en lugares que la gente visita en su cotidianidad, incluidos parques, paradas del bus y edificios”, destacó Kathy Hirsh Pasek en un artículo publicado por Brooking Institution.

Al leer el informe ‘Las familias que no logran sortear las vacaciones’ (publicado en The New York Times), la analista KJ Dell’Antonia asevera que la imposibilidad de pagar cursos vacacionales que estimulen la interacción y el aprendizaje es más crítica de lo pensado, pues es una problemática que aumenta la brecha social. “La solución de muchos padres es dejar a sus hijos frente al televisor, solos o en compañía de sus hermanos mayores. Durante las ocho o diez semanas que duran las vacaciones, los más pequeños frenan sus habilidades lectoescritoras, y es una pausa que no se recupera luego”, señaló KJ, experta en desarrollo familiar.

Los retos

Otro ejemplo exitoso aún es desarrollado por un equipo de psicólogos en la misma Filadelfia, con apoyo del arquitecto Itai Palti. Con rompecabezas (que pueden resolverse en la parada del bus), acertijos en distintos lugares y otras actividades de aprendizaje, el proyecto les ha revelado cuáles son las lecciones básicas para tener en cuenta al implementar esta clase de iniciativa.

Jennifer S. Vey explica que la primera corresponde a la necesidad de encontrarse con los residentes de la zona en donde se llevará a cabo el proyecto, para escucharlos e identificar sus necesidades, así como los potenciales sitios que pueden ser objeto de intervención. Así se genera empatía y apropiación.

En segunda instancia, lo que se realice (maquetas, muñecos, pancartas, vallas, muebles) debe ser liviano, ágil en su instalación y económico. Esto garantiza que, una vez utilizados, se puedan trasladar a nuevas zonas, donde la gente también agradecerá y se beneficiará de su instalación.

Y, finalmente, se debe poder evaluar que las intervenciones generen avance académico, mayores habilidades cognitivas y de aprendizaje. Esto para cumplir el objetivo de reducir la brecha en lectura, escritura y así ingresar de mejor forma al mundo exterior.

En Colombia, modelos como la jornada extendida y la jornada única refuerzan el aprendizaje de los niños y jóvenes durante su crecimiento, además de reducir los ‘tiempos muertos’. Pero una vez en vacaciones, estos momentos de desconexión con el aprendizaje reaparecen. Aunque en algunas ciudades hay planes de vacaciones recreativas para los estratos más populares, el tiempo libre sigue siendo suficiente como para que las habilidades de los chicos se desestimulen.

Iniciativas como paraderos Paralibros o Paraparques, que han funcionado como pequeñas bibliotecas abiertas a la comunidad en parques de Bogotá, con un mobiliario sencillo y una guía de lecturas, “fomentan la lectura, suplen la ausencia total o parcial de libros y ofrecen alternativas para el buen uso del tiempo libre”, precisa Fundalectura sobre este proyecto, que suma varios años y se emparenta con Thinkscape. Los anteriores son solo algunos ejemplos de lo mucho que se puede hacer.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter @felipemotoa