Vicky Dávila habla de su vida después de salir de 'La F.m.'

Vicky Dávila habla de su vida después de salir de 'La F.m.'

Carrusel habló con la célebre periodista sobre su nuevo libro y lo qué pasó después del escándalo.

Vicky Dávila habla de su vida después de salir de 'La F.m.'
14 de junio de 2016, 04:03 pm

Vicky Dávila aparece puntual en el estudio del fotógrafo Raúl Higuera. Dos guardaespaldas la siguen de cerca. Vestido negro, zapatos negros de Ferragamo, tacón ancho, transparente. No es muy alta. Se despoja de su abrigo (también negro) y se deja maquillar. Solo se resiste cuando llega el momento de la pestañina. Le gusta hacerlo ella misma.

Han pasado casi cuatro meses desde que el mundo se le vino encima. Cuatro meses en los que se ha sentido como en una montaña rusa. Unos días abajo, otros arriba. “También ha sido un tiempo para reencontrarme conmigo misma. Fue como quitarse un poco el velo de los ojos. Como si me hubieran quitado la virginidad”, me dirá después, en nuestro segundo encuentro, una cita que casi se trunca por esa insoportable coincidencia que hace de Bogotá una ciudad invivible: viernes, lluvia y trancón. Unos minutos más y ella habría desistido. Estaba contra el tiempo, la esperaban en otro lugar. Si hay algo que no soporta es que lleguen tarde. Se nota.

El pasado 17 de febrero terminó estrepitosamente la carrera de Vicky Dávila (Buga, 1973) en RCN. Hasta entonces era una estrella del periodismo colombiano. Veinticinco años en la primera línea de fuego. Presentadora durante 18 años, y en horario estelar, en Noticias RCN. Directora de La FM. Una periodista capaz de enfrentarse públicamente con Juan Manuel Santos y abrir el micrófono para decirle “presidente, lo veo mal informado”. Reportera curtida en el barro. Cuatro premios de periodismo Simón Bolívar, un CPB y cinco premios TV y Novelas a mejor presentadora de noticias. Alguien que la conoce bien dice que no hay mejor garantía que ella en un set de televisión o de radio. Podrían arder en llamas y seguiría allí, como si nada.

"No esperaba que todo el mundo estuviera de acuerdo conmigo; esperaba que me trataran mejor quienes no me trataron bien.
Pero no estoy resentida". Foto: Raúl Higuera

Dávila lleva un par de semanas inmersa en la promoción de su nuevo libro En honor a la verdad (Ediciones B), una minuciosa reconstrucción de los acontecimientos que desembocaron en su salida de la dirección de La FM. Ella y su equipo habían abordado, desde octubre del 2015, una de las investigaciones más complejas y audaces sobre la corrupción en la Policía Nacional. Un trabajo que la llevó a retomar la denuncia sobre la existencia en el interior de ese organismo de una supuesta red de prostitución masculina que ofrecía sexo a políticos y a altos cargos de la institución a cambio de favores y dinero.

En medio, la muerte de la cadete Lina Maritza Zapata Gómez en la Escuela General Santander en hechos que inicialmente fueron calificados como suicidio. Un informe forense determinaría después que la joven jamás disparó el arma que la mató. Zapata, al parecer, habría descubierto la oscura trama de la famosa Comunidad del Anillo y estaba dispuesta a contarlo.

Con sus denuncias, el equipo de La FM salpicó al general Rodolfo Palomino, entonces director de la Policía, y a su círculo de asesores. No solo lo vinculaban con la Comunidad del Anillo, sino que cuestionaban el incremento en el patrimonio del general. Aquellas acusaciones desataron un tsunami. Poco después, en noviembre, Vicky Dávila recibió el primero de los 170 correos electrónicos que una fuente anónima, supuestamente de la Policía, le envió para alertarla de que estaba siendo objeto de chuzadas desde el 2014.

En esos correos, algunos de los cuales presenta en el libro, se decían cosas de este calibre: “Alias la Cerda ha venido recibiendo información de diferentes policías sobre irregularidades en la Policía Nacional, con énfasis en la llamada Comunidad del Anillo. Nota: Verificar las IP, oportunidad de suplantar algunos y desinformar a alias la Cerda, consultar propuesta”.( Lea: ¿Libertad de información o censura?)

El 16 de febrero el procurador, Alejandro Ordóñez, anunció la apertura de una investigación formal en contra del general Rodolfo Palomino por enriquecimiento ilícito, las chuzadas al equipo de La FM y por la Comunidad del Anillo. Entre las pruebas mencionó la existencia de un video entregado por el capitán Ányelo Palacios que, según dijo en el documento de apertura de la investigación, podría tener incidencia penal e inferir conductas de proxenetismo, inducción a la prostitución y trata de personas de miembros de la Policía Nacional.

En ese preciso instante Vicky Dávila decidió publicar, sin editar, el video del que hablaba la Procuraduría y que desde hace algún tiempo le había hecho llegar Palacios. En las imágenes, el capitán sostiene una conversación de alto contenido sexual con el viceministro del Interior Carlos Ferro, en ese momento senador. La publicación de ese video generó una tormenta de dimensiones apocalípticas.

Ferro renunció y en las redes comenzó un linchamiento sin piedad contra Dávila. Las investigaciones de la emisora pasaron a un segundo plano y la polémica se centró en la pertinencia o no de una publicación que fuera de contexto no solamente no demostraba la existencia de la Comunidad del Anillo, sino que se limitaba a un encuentro entre dos adultos ávidos de sexo. Aquel episodio desató, también, un intenso debate sobre la difusa frontera entre la privacidad y el periodismo. Un debate que, aún hoy, no termina. Vicky Dávila sostiene una y otra vez que volvería a publicar el video. Editado, eso sí.

El 17 de febrero se produjo la renuncia de Palomino y poco después la de Dávila. “Destapamos una olla podrida, cuya presión explotó en mí”, afirma. Esta tarde de viernes caótico en Bogotá hablamos de su libro, de su ascenso y caída, de la muerte de su padre y su primer esposo (el único momento en el que se muestra frágil y se le empañan los ojos) y de por qué jamás dejará de ser periodista.

El libro de Vicky Dávila, 'En honor a la verdad' ya ocupa los primeros lugares en la lista de los más vendidos en el segmento de no ficción. Foto: Raúl Higuera.

Dice que el poder le mostró los dientes y la mordió.

Yo había tenido problemas de seguridad complejos por amenazas de grupos alzados en armas, pero nunca me imaginé que una amenaza podría llegar desde una institución como la Policía, ni tampoco pensé que mi salida de RCN tuviera que ver claramente con un regalo envenenado que me enviaban desde Palacio con mi jefe (el Gobierno ha negado presiones para propiciar la salida de Dávila de La FM). Entonces está muy claro, yo me acerqué a un león dormido haciendo unas denuncias con el equipo de La FM y cuando el león se despertó, me mordió. Pero no me mató. No me tragó. Creo que me espantó, me tiró varios metros lejos, le conocí los dientes, muy filudos y mortales, pero aquí estoy. Completa. Con mi integridad de periodista, con mi firmeza de persona y con mi familia y mis convicciones y la gente que me quiere de verdad.

Usted es una mujer poderosa en los medios, por eso pudo acercarse a ese mundo y retarlo…

Más que poderosa siento que estaba empoderada. Si yo era poderosa o no… Fíjese, hoy estoy en mi casa como una persona cualquiera, común y corriente. Tenía acceso a gente muy importante, pero yo no era tan importante como esa gente ni tampoco tenía su poder.

Es decir, nunca se creyó parte de esa élite.

Yo creo que no pertenezco a esa élite ni nunca he pretendido pertenecer. Simplemente he querido que me dejen trabajar, he aprovechado las oportunidades que me han dado. Claramente no pertenezco a la élite en Colombia ni en el periodismo, ni socialmente. Soy una persona de pueblo y me siento contenta de haber tenido las posiciones que he tenido, pero eso ha sido única y exclusivamente por mi trabajo.

Leyendo su libro uno deduce que quedan muchas preguntas sueltas.

Muchas se van a quedar así…

Plantea, por ejemplo, que la Comunidad del Anillo sigue existiendo.

Más bien le planteo al lector qué piensa. Porque hay muchos indicios de que esa comunidad mutó y que posiblemente hoy sean otros las cabezas. No lo sé.

¿Le falló mucha gente?

Digamos que sí. Sí. Yo no esperaba que todo el mundo estuviera de acuerdo conmigo, pero esperaba que me trataran mejor quienes no me trataron tan bien. Pero no estoy resentida.

¿La dejaron sola?

Es evidente que todas las partes me dejaron sola. Que no hubo el apoyo que yo esperaba, o por lo menos el apoyo lógico después de tantos años en mi empresa. Pero no solo ahí. Esperaba un apoyo distinto del presidente y una comprensión diferente de algunas autoridades, pero las cosas pasaron y ya no se pueden modificar.

¿Ha temido por su vida? Incluso menciona en el libro un plan desde el ELN.

Nunca supe si eso fue anterior a todo este problema que se formó. Fue la misma policía la que me alertó en julio del año pasado. Pero después vienen todos esos anónimos. Y hay un punto en el que quisiera detenerme. En esta carrera yo siempre me he preocupado de mantener una vida lo más apegada a lo correcto posible y no dar de qué hablar. Pero cuando veo en los correos que hay un plan de desprestigio en mi contra me preocupo mucho. En uno de esos correos decía que ordenaban rastrear mis cuentas y tratar de vincularme con enriquecimiento ilícito. Era una estrategia. Llegaron a relacionarme con Kiko Gómez. Yo no tengo nada que ver con ese señor y me parece un delincuente.

¿Y la familia de su esposo?

Mi esposo no tiene nada que ver con Kiko Gómez ni es socio de ese señor. Y si tienen algún nexo por parte de la familia de su padre es muy lejano. Todo hacía parte de la campaña de desprestigio.

La presión en las redes llegó hasta el punto de sacar a relucir los enredos judiciales del apellido de su marido, Gnecco…

Yo de eso solamente quiero decirle una cosa: las responsabilidades penales son personales. Nadie puede ser señalado por la familia sino por sus propias acciones. Si no, el general Naranjo no hubiese podido ser director de la Policía porque un hermano suyo fue preso por relaciones con el narcotráfico en Alemania, o Poncho Rentería, el gran columnista de EL TIEMPO, habría tenido que renunciar a su columna por los líos de su hermano, y hay muchos ejemplos más. Hasta el expresidente Uribe tiene un hermano preso. Mi esposo y yo no tenemos cuentas pendientes con la justicia. Hasta ahí respondemos.

Debió ser terrible vivir lo que estalló en las redes después de la publicación del video.

Cuando estalló el escándalo final en las redes sociales me dieron muy duro, pero hoy esas mismas redes han entendido qué fue lo que sucedió. Yo siento que la gente en la calle entendió mejor que incluso muchos de mis colegas lo que había ocurrido.

"Cuando estalló el escándalo final en las redes sociales me dieron muy duro, pero hoy esas mismas redes han entendido qué fue lo que sucedió (...)". Foto: Raúl Higuera

No deja de mencionarse un supuesto enfrentamiento entre la periodista Claudia Gurisatti y usted. ¿Por qué?

Pregúntele a ella. Yo con Claudia no tuve ninguna pugna, ninguna discusión…

Pero usted dice en el libro que ella intrigó para que la organización Ardila Lülle entrara en pánico.

¿Y usted lo duda? Hubo mucha gente que aprovechó la oportunidad, y creo que ella también la aprovechó.

¿Por qué existe la sensación de que entre las mujeres nos damos más duro? ¿Lo percibe así?

Entre Claudia y yo no hubo un problema de ego, yo no lo percibo así. Mi salida de las noticias de RCN, que se produjo meses atrás, no fue por una cosa u otra puntualmente o porque yo no aceptaba que ella estuviera en la dirección. Yo llegué a presentar y Silvia Corzo estaba sentada en la silla. Y cuando faltaban cinco minutos nos dijeron que iríamos tres presentadores. Poco antes había dos cámaras y dos teleprompter. Lo cierto es que no me pareció digno ese trato. No me pareció respetuosa la forma y me fui. Después no tengo dudas de que Claudia hizo lo que le tocaba para que yo terminara de irme.

¿Lo que le tocaba qué es?

Lo que le tocaba. ¿Pero sabe una cosa? Fue mi compañera, crecimos juntas, reconozco sus fortalezas y también le conocí sus debilidades. Y le deseo que le vaya bien.

El abogado Abelardo de la Espriella se pregunta en una columna qué habría pasado si en vez de ser una mujer hubiera sido un hombre el que divulga el video. ¿Habrían rodado cabezas?

Yo no soy feminista. Parto del hecho de que los hombres y las mujeres somos iguales. En mi casa así funciona. Le devuelvo la pregunta: ¿Si hubiese sido alguien de las élites habría pasado lo mismo? De pronto no.

No es políticamente correcto decir que uno no es feminista…

No me importa que no esté bien visto. No soy feminista porque el que es feminista no lucha precisamente por la igualdad o no lucha solamente por la igualdad.

¿Sino?

Sino que a veces lucha por obtener privilegios por el simple hecho de ser mujer, y yo creo que no debería ser así. Esa parte del feminismo no me gusta. Eso de que hay que darle esta posición a una mujer porque toca, porque la ley lo ordena. Creo que eso nos discrimina.

¿De dónde sale esa versión de que Vicky Dávila no compartía ascensor en RCN?

En torno a la gente que empieza a adquirir un nivel de reconocimiento se tejen algunos mitos. En torno a mí los hay. Otro día dijeron que yo le tiré un zapato a un periodista. Quienes digan que soy de un carácter fuerte están diciendo la verdad; quienes digan que soy estricta, también. Pero lo otro es una mentira.

¿Es de pocos amigos?

Yo creo que tengo un grado de timidez desde niña. Para mí nunca ha sido fácil ser amiguera, me la paso con mi familia.

De hecho, le ha tocado llevar la batuta en su familia…

Mi mamá y mi papá se separaron cuando yo tenía apenas doce años. Yo soy la mayor, somos cinco hermanos.

¿Fue una separación difícil?

Difícil, pero necesaria. Fue una decisión sabia de mi mamá. Desde ese momento creo que adopté por mi personalidad esa vaina de que yo era como el papá de mis hermanos. Y gracias a Dios he podido ayudar y sacarlos adelante.

Aún así su papá fue una figura fundamental.

Después de la separación con mi mamá, mi papá siempre estuvo presente, nunca desapareció. Lo quisimos mucho. Cuando se enfermó, duró 48 horas. Yo viajé a Cali y lo acompañé hasta el último momento y me despedí. Respondí por él hasta el último día.

También se tuvo que enfrentar a la muerte del periodista Juan Carlos Ruiz, su primer esposo.

Fue muy duro. Y también estuve ahí hasta el último instante. Ni siquiera duramos un año de casados. Pero creo que, con mis defectos o errores o lo que sea, también le he cumplido porque Simón, nuestro hijo, es un niño feliz y en esa medida quiere decir que he hecho la tarea bien.

¿Es conservadora?

En algunas cosas de la crianza soy conservadora, pero en algunas cosas de la vida creo que soy más liberal.

¿Y soberbia?

Me imagino que todos los seres humanos caemos alguna vez en la soberbia, en la rabia. Entonces seguramente sí. Pero per se no lo soy. Soy una persona común y corriente. Con defectos, pero también con muchas cualidades.

Duerme mejor y pasa más tiempo con sus hijos. ¿Necesitaba esto?

Personalmente nunca iba a parar, me tocó frenar en seco. Cuando uno va a toda velocidad en un carro y frena en seco el carro se puede voltear. Creo que logré que no se volteara, pero el golpe fue duro. Ahora voy a una velocidad normal. Con la tranquilidad de que cuando uno hace las cosas con honestidad y es decente y actúa de buena fe, sin intereses oscuros, puede seguir mirando a la gente a los ojos. Yo me siento así; no lo digo por conveniencia. Me siento liviana. Me siento libre.

Por Tatiana Escárraga
Editora Revista Carrusel
@etatiana1

Fotógrafo: Raúl Higuera.
Maquillaje y pelo: Norma Sánchez.                                                                                                                       Producción y styling: carolina Baquero