Música / Y para qué sirve Rock al Parque

Música / Y para qué sirve Rock al Parque

El festival se ha convertido en un objetivo para los artistas emergentes de este género.

Música / Y para qué sirve Rock al Parque
9 de junio de 2016, 03:24 pm

¿Qué hace fascinante a Rock al Parque para quienes quieren par ticipar en él? Desde sus inicios, este, uno de los eventos de música rock más importantes de Latinoamérica, se convirtió en el objetivo fundamental de quienes armados de un instrumento musical se han aventurado por los confines de este monstruo artístico de mil cabezas. El escenario, el público, el significado, su tamaño, su importancia como evento, el registro histórico o la historia misma trascienden entre las múltiples razones para querer inscribir un nombre en este magno evento. En sus más de 20 años, la premisa no ha cambiado.

En la memoria colectiva, pocos recuerdan los grandes momentos que hicieron un hito para sí mismos a bandas emergentes que brillaron en ese cuarto de hora “rockalparqueño”. Con sol, con lluvia, con el fuerte viento como compañía, muchos contuvieron la respiración al son de cada acorde con una plaza vacía a las 3 de la tarde, jugando al ‘rockstar’ y en un escenario que nunca se imaginó tan grande, en un espacio que jamás se soñó con un fondo tan distante, tan lejano.

Otros pasaron del bar con 20 amigos chillando con cada canción a un atormentador bullicio de 10, 15, 20 o 30 mil personas, que ya entrada la noche y esperando al próximo artista internacional, no se sabe si atienden, entienden o comprenden a esos que juntos en la gran tarima han ahogado el ansia, la angustia, el pálpito fuerte y eterno del corazón que significan ese debut sagrado en el legendario festival.

Estar por segunda vez tiene aún un poco de esas sensaciones. Pero entonces ya hay una pizca de sensatez y raciocinio para que la experiencia sea más placentera, así la causa nerviosa aún extienda su condena. Eso es Rock al Parque. Una explosión continua de corazones que llegan a un clímax, ese tener que ser, ese tener que estar, como si la vida solo diera esa oportunidad y ella estuviera ahí, en los 40 minutos más largos o más cortos de la historia, según si todo es un desastre o todo es mágico.

Actuar en la gran tarima

Ser escogido para llegar a Rock al Parque conjuga una serie de condiciones que van desde el intransigente sistema de inscripción y la valoración de un jurado, incluyendo una audición para los preseleccionados, hasta la suerte, un buen horario y mejor tarima para los días del festival. Este proceso, con libertad de participación para todo quien crea cumplir los requisitos exigidos, es una de las grandes bondades que ofrece su convocatoria.

Para Juan Luis Restrepo, gerente de música entre 2003 y 2006 del otrora Instituto Distrital de Cultura y Turismo (IDCT) y quien estuvo involucrado directamente con el evento, esta dinámica acelera en los artistas emergentes
el contacto con las exigencias de un concierto de gran envergadura. “En un entorno normal −dice él−, las agrupaciones llegarían a un megaconcierto luego de un proceso muy largo y por mecanismos como ser posicionados por los medios de comunicación o gracias a un padrino o disquera. Aquí la oportunidad les llega de otra manera, más equitativa por un lado, pero sin el filtro de la experiencia”.

Rock al Parque es una especie de contradicción, casi como el dilema de Shakespeare del ser o no ser, y de la que saldrá avante quien sepa sacarle el mejor provecho. Mauricio Colmenares, líder del grupo Revolver Plateado, y quien ha participado con distintas bandas en cinco ediciones del evento, cree que tocar para este festival gratuito al público abre las posibilidades de ser escuchado por gente que no tenía ni idea de que su grupo existía, para que de pronto lo sigan y frecuenten sus presentaciones.

“Es una buena experiencia −comenta Colmenares− porque antes del festival hay talleres, charlas y conciertos en los que te enseñan algunas cosas de cómo funciona esto. Pero es solo un paso en tu camino. Todos los conciertos son importantes y este no debe ser una meta para las bandas. El objetivo debe ser otro: hacer buena música y conquistar almas y oídos. Rock al Parque es un ola que debes tomar para llegar a otras más grandes”.

Colmenares participó como parte del grupo La Cirugía, que en 2006 clasificó con los puntajes más altos y con una proyección increíble. Pocas semanas antes, en una entrevista para el portal viajaporcolombia.com, su líder, Juan Pablo Villamizar, anticipaba que estar en el festival no era hacerlo en cualquier tarima, “es una cantidad enorme de público que conoce el tema del rock, que te está viendo y calificándote. Estar en esa tarima es como el primer vuelo de un piloto”, decía. Pero La Cirugía se acabó tan pronto como se bajó del escenario con la frustración de que nada había pasado allí, que el público no había respondido y que, en ese sentido, el show no había sido lo esperado.

Desde ese 2006, Rock al Parque estableció una serie de alianzas con festivales de la región, especialmente el Quitofest; lo hizo con Panamá Rock, Nuevas Bandas de Venezuela e incluso con el Pepsi Festival en Argentina en 2008. Y fue en ese año que el evento agregó a sus componentes una rueda de negocios que anualmente incluye a compradores nacionales e internacionales (promotores, empresarios), con la intención de abrir espacios a los grupos ganadores de la convocatoria.

Juan Arbeláez, director de proyectos de Evenpro / Move Concerts, considera que “no hay muchos espacios para visibilizar el trabajo de estos grupos que por su carácter no comercial no encuentran plataformas para promocionar su trabajo”, y agrega que “con la presencia de compradores internacionales, algunas bandas han sido invitadas a importantes eventos. El festival es una buena pasarela para mostrarse. Lo que pase en adelante dependerá mucho del nivel y la gestión de las bandas”.

Mundo de oportunidades

Como dice Arbeláez, la gestión de los mismos artistas antes y después del festival cobra gran relieve. Para David Mujica, bajista y vocalista de Skampida, una de las bandas más populares de la escena bogotana y que desde 2001 ha estado en cinco de sus ediciones, este les dio un crecimiento mental, organizacional y de actitud para llegar a donde quieren llegar. “Tocar varias veces ante esos miles de perso¬nas nos llevó a la decisión de hacerlo por todo el mundo. Ahora haremos nuestra cuarta gira por Europa por cuarto año consecutivo”, dice.

Rock al Parque ofrece muchas oportunidades. Para el periodista musical José Gandour, le sirve a una banda en la medida en que la misma sepa aprovechar las herramientas de prensa que le da el festival y utilice sus recursos en redes sociales para visibilizar su presentación. “En definitiva, son tres días de aprendizaje. El festival servirá si aprovechan la oportunidad de tocar con personal profesional a su disposición y compartir escenario con bandas internacionales de alto calibre”.

La desaparecida banda El Sie7e participó cuatro veces en Rock al Parque. Era liderada por Julián Orrego, hoy al frente de Rocka. Él relaciona temas vitales como el acceso gratuito para el público y las oportunidades. “Para El Sie7e, siempre fue una posibilidad de tener a todo nuestro público en masa, ya que en esa época muy pocos pagaban por una entrada para vernos en otros sitios (...) Hoy, la cultura del concierto gratis aún pesa bastante y el tema de los intercambios y similares que ofrecen a muy pocos favorece, por lo que sigue mandando la autogestión. Hay más chances de afuera hacia adentro que al contrario. Todavía se les come mucho cuento a los artistas extranjeros, pero para los locales estar en el festival, aparte de obligatorio, es una gran experiencia si al artista le va bien... Si le va mal, puede llegar a ser casi un trauma”.

No hay fórmula, no hay derroteros, no hay una palabra determinante sobre los beneficios que consigue un artista que se sube a la tarima de Rock al Parque. Hay un eje transversal sin importar nombres, horario o género: en ese gran monstruo de tres días triunfará aquel que con su empeño, dedicación y pasión acumule la mayor experiencia, las mejores relaciones con medios, artistas, promotores e invitados internacionales. Y, por supuesto, aquel que solo con 100 personas al frente, o 30 mil, entregue lo mejor de sí tocando su música.

Si están allí, es porque ya de antemano superaron a cerca de 300 colegas que con el mismo ideal y el mismo sueño esperaban alcanzar ese sitial casi mágico en donde la suerte también jugara su papel, el de todo o nada.

DANIEL CASAS
Comunicador social y periodista musical