El proceso de paz, desde la Psicología Positiva

El proceso de paz, desde la Psicología Positiva

¿De qué forma podemos contribuir como ciudadanos a que esto funcione?

El proceso de paz, desde la Psicología Positiva
14 de abril de 2016, 06:13 am

La Psicología Positiva es una ciencia relativamente nueva. Sin embargo, muy rápido ha hecho grandes descubrimientos en cómo llevar, generar y sostener el bienestar y la felicidad de la humanidad, en los diferentes ámbitos del individuo y las sociedades a las que pertenece.

En ese orden de ideas, el estudio de las implicaciones psicológicas del proceso de paz en Colombia admite toda la importancia del enfoque de la Psicología Positiva, pues es crucial definir las estrategias destinadas a facilitar los procesos psicosociales con las partes involucradas.

Tenemos casi 18.000 personas que retornarán a la sociedad y buscarán oportunidades junto con los 48 millones de colombianos que viven en el país. El reto es recibirlos en medio de una sociedad polarizada que siente miedo y desconfianza al aceptarlos de regreso. Si las necesidades psicológicas de estos reinsertados quedan insatisfechas, será muy incierto el futuro de la paz.

La firma de los acuerdos parece un hecho que se dará próximamente y hay que hacerse una pregunta obligatoria: ¿de qué manera podemos contribuir como ciudadanos a que esto funcione? La propuesta desde la Psicología Positiva que presento en esta ocasión tiene dos componentes, uno a nivel macro y otro a nivel micro.

Desde el punto de vista macro, no será suficiente con darles a los excombatientes un trabajo y quizá un techo para vivir. La mayor parte de guerras y conflictos en el mundo no han sido por motivos económicos, sino por ideas, creencias y valores. Es esencial identificar cuáles son las fortalezas que tienen para poderlos ubicar en trabajos que le aporten sentido, significado y propósitos a su vida. Solo de esa manera lograremos que se inserten con armonía en la sociedad.

¿Qué podemos hacer con nuestras víctimas? Tenemos 12 millones de ellas oficialmente reconocidas, con 6 millones de afectados directos y unos 5 millones de colombianos desplazados como consecuencia de la violencia. La Psicología Positiva también puede hacer un gran trabajo por ellos, siguiendo los programas de resiliencia y crecimiento postraumático que se están aplicando en el mundo con gran éxito. La resiliencia es la capacidad no solo de sobrepasar la adversidad, sino de fortalecerse a partir de ella; es una fortaleza que permite convertir un trauma en oportunidad para la transformación positiva, y es válida en los planos individual y colectivo. Pero tal fortalecimiento no se logra de manera natural. Basta ver las historias de los veteranos de guerra que aún sufren las consecuencias psicológicas y que no han logrado fortalecerse. La propuesta de la Psicología Positiva es permitir que estas personas puedan superar el trauma que les causó la violencia, y también que logren salir fortalecidas y continuar sus vidas.

En el mismo ámbito macro, ¿cuál es la mayor apuesta en el medio y largo plazos? Sin duda, la educación. Tenemos propuestas muy interesantes que se están aplicando en países como Finlandia, Canadá, Australia y Reino Unido, con el fin de que los niños tengan las habilidades socioemocionales necesarias para vivir en armonía consigo mismos y con los demás. Lo anterior les permitirá tener una sensibilidad distinta de experimentar con el mundo y los demás seres humanos.

En el plano micro -individual- es importante preguntarnos: ¿qué puedo hacer como colombiano para contribuir a la paz? ¿Qué tipo de ciudadano seré: un observador pasivo, una persona que señalará los argumentos en contra del proceso a la primera ocasión, o una persona que puede aportar y desarrollar fortalezas para que la paz sea sostenible? A final de cuentas, el cambio que marcará la diferencia es el que haremos los 48 millones de compatriotas para recibir a 18.000 desmovilizados. ¿Qué puede aportar la ciencia en este contexto?

La Psicología ha descubierto que el carácter de las personas se forma con el paso del tiempo, aunque sin duda hay en él un elevado componente genético. Por tanto, podemos desarrollar fortalezas del carácter para crecer como miembros de una sociedad. Tomemos el caso del perdón. Si bien se mantiene la creencia de que al perdonar la persona pierde o se debilita, los estudios han demostrado todo lo contrario; es decir, que quien perdona es dueño de una inmensa fortaleza interna que le permite superar esa ofensa. Ejemplos en el mundo sobran muchos, como Nelson Mandela o Ana Frank, quienes supieron perdonar y son referentes de paz para la humanidad.

También encontramos la compasión, esa capacidad no solo de entender el dolor del otro –fortaleza de la empatía-, sino al mismo tiempo de sentir la necesidad de aliviar ese dolor. Con la crueldad que hemos visto, no sorprende que nos hayamos insensibilizado; de lo contrario, no habríamos podido soportar las escenas de masacres, actos violentos, desplazamientos que ocurren en nuestro país.

Y por último, mi preferida: la esperanza. Las investigaciones de Snyder en la Universidad de Kansas y las de Omidyar en el laboratorio de la esperanza –HopeLab- han señalado los múltiples beneficios de esta fortaleza. Se trata de la capacidad no solo de creer que el futuro será mejor -esto es el optimismo-, sino del convencimiento de que se pueden decidir

las acciones para que ese mañana sea mejor que el presente, y diseñar la estrategia que nos permita alcanzar ese futuro esperanzador.

ANDREA ORTEGA BECHARA
* Presidenta de la Asociación Colombiana de Psicología Positiva (ACPP) y del Instituto Florecer.