La revolución a dos ruedas que renueva a Bogotá

La revolución a dos ruedas que renueva a Bogotá

El extendido de la ciclovía y la ciclorruta lleva a pensar que es necesario reforzar esa idea.

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09 de abril 2016 , 07:23 p.m.

Fueron dos revoluciones. La primera, la cultural, se inició hace 42 años. La segunda, la de la infraestructura, tiene 21. La ciclovía y la ciclorruta transformaron para siempre a Bogotá, que, pese a sus imperfecciones, es un referente latinoamericano de la bicicleta. (Decálogo para ser un buen biciusuario, con o sin motor)

Pero la transformación más profunda es social. Hombro a hombro, ejecutivos, estudiantes, obreros, niños y adultos pedalean juntos. Es un desfile de marcos de colores, cascos de diferentes tamaños y de ropa para lluvia o sol.

La ciclovía ya se exportó a unos 50 municipios en todo el país, según el Distrito. También, a unas 60 ciudades en otros países, de acuerdo con la Organización Panamericana para la Salud.

Por su parte, la red de ciclorrutas hizo posible que se viera el transporte a pedal como una opción viable y segura para ir a trabajar. Tanto que en Bogotá el número de viajes diarios en cicla aumentó 51,1 % entre el 2012 y el 2015: pasó de 281.424 a 575.356 viajes. Representan el 27,9 % de los hechos en TransMilenio.

Basta con pensar en una fila de más de 2.200 buses biarticulados, llenos de ciclistas: son unos 60 kilómetros, casi la distancia entre Bogotá y Villeta.

Tanta gente con tantas ruedas en común creó una nueva clase de combos y colectivos que se toman la ciudad durante las noches o en días específicos, para divertirse y que todos puedan desplazarse con seguridad.

Cycle Chic, TeuSaca Bici, BiKennedy, SUBAse a la Bici, Chapibici y ConcienBiciate son apenas algunos de los nombres de los cerca de 30 colectivos que hacen activismo para que la gente se baje del carro o del bus y pedalee.

Los primeros pasos

Aunque ha pasado poco menos de medio siglo, la ciclovía sigue siendo transgresora: les quita a los carros particulares 121 kilómetros de vías principales para que la gente salga en bicicleta durante siete horas todos los domingos y festivos del año: más de un millón de personas se apoderan de ese espacio, cada semana.

Ese inicio en 1974 se avivó en los años 80, cuando Lucho Herrera parecía un relámpago por las montañas casi infranqueables de la Vuelta a Colombia, del Tour de l’Avenir y de las vueltas a España y Francia. La ciclovía entonces era la manera de revivir, en piernas propias, las hazañas del ciclista.

Y ahí se encontraban parejas de enamorados con sus mascotas, papás que les enseñan a sus hijos a conducir su caballito de acero, mecánicos y vendedores informales de jugos, salpicones, papas o sándwiches para el camino. El microcosmos del país. Luego, 10 años después, el exalcalde Antanas Mockus inauguró los 10 primeros kilómetros de ciclorruta. Hoy ya son 410. Luz roja. Los carros se detienen y frente a ellos comienzan a circular los ciclistas como una oruga enorme e interminable que se detiene cuando vuelve la luz verde. Si algún carro se quedó detenido en medio de la intersección, no importa. La oruga abraza el vehículo como un enjambre y desaparece con la siguiente luz verde.

Y hoy se abrió paso la cicloinfraestructura 2.0: a diferencia de la ciclorruta, los bicicarriles no le quitan espacio al peatón sino a los carros, incluso en zonas de carro-dependientes como la carrera 11, entre calles 100 y 82.

Todo esto ha incrementado la importación de ciclas: no hay cifras sobre Bogotá, pero Fenalco calcula que se importan unas 12.000 al año en el país y a 2014 habían llegado al menos unas 10.000 motorizadas.

¿Qué falta? Un sistema de bicicletas públicas. Pero ese capítulo del sueño parece alejarse por las advertencias que ha hecho en el Concejo el secretario de Movilidad, Juan Pablo Bocarejo, sobre retrasos e incapacidad financiera de los contratistas.

Multas, muertes y lesiones

La agresividad en las vías de Bogotá convierte a los ciclistas en los cuartos actores viales que más fallecen y se lesionan en la vía, después de peatones, motociclistas y pasajeros, en ese orden.

La preocupación es la fuerte tendencia al alza en la gravedad de los incidentes: entre el 2012 y el 2015, el número de fallecidos se incrementó el 28 por ciento y el de lesionados, el 21,1 por ciento, con 64 y 1.205 casos durante el 2015, respectivamente.

No obstante, los pedalistas no son solo víctimas de los carros y buses que los cierran, de las motos que los embisten o de los peatones que se les atraviesan en plena ciclorruta. También son víctimas de su propia agresividad.

Prueba de ello son las 7.250 multas que les impusieron las autoridades de tránsito este año y que, al endurecer los controles en el 2016, ya van en 3.142.

Se los ve circular por las calzadas para vehículos, a pesar de tener un bicicarril al lado y, peor aún, no por el carril lento sino por los del medio o los más rápidos, cuando la norma les exige no separarse más de un metro del andén en vías donde no haya infraestructura cicloinclusiva.
Otra de las infracciones más comunes es que transitan por andenes o aceras, e incluso por los puentes peatonales. El Código Nacional establece una multa equivalente a los 4 salarios mínimos diarios, unos $ 92.000.

En ese código (capítulo 2, artículo 131) se le da la letra ‘A’ a las infracciones de ciclistas, entre estas no usar casco, luces frontales y traseras, transitar por vías arterias, agarrarse de otro vehículo en circulación, circular entre dos automotores, hacer caravanas (deben ir uno detrás del otro).

BOGOTÁ
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