Ataques terroristas ponen en evidencia la fragilidad europea: análisis

Ataques terroristas ponen en evidencia la fragilidad europea: análisis

El profesor Francisco Barbosa explica para EL TIEMPO qué significan estos atentados para Europa.

Ataques terroristas ponen en evidencia la fragilidad europea: análisis
23 de marzo de 2016, 02:26 pm

El terrorismo del grupo Estado Islámico (EI) volvió a golpear el corazón de Europa. Lo había hecho con fuerza en París y lo convirtió en una acción cotidiana en Turquía –cuatro atentados: dos en Estambul y dos en Ankara–, Egipto, Siria, Irak, Libia, Túnez, Yemen, Costa de Marfil y Malí, entre otros.

Lo categórico en este irracional ataque contra Bruselas (Bélgica) es que puso en evidencia la fragilidad europea que, de tiempo en tiempo, es golpeada por el terrorismo.  (Ver también: Dos hermanos belgas son autores de los atentados, según autoridades).

Las causas de estos ataques tienen un enfoque dual. La primera es de carácter interno. Europa no ha sabido resolver sus problemas sociales con los inmigrantes de segunda y tercera generación que han sido excluidos del sistema político y social a través de una pluralidad de medidas históricas.

El hecho de que los atacantes en noviembre en París y, ahora, en Bruselas seguramente sean originarios de los suburbios más pobres e islamizados –Saint Denis (París) y Molenbeek (Bruselas)– es indicativo de la disfuncionalidad política que existe en el propio territorio europeo. Esta realidad la podemos extrapolar en cualquier ciudad europea, que condensa lo mejor y lo peor del mundo en pocos kilómetros.

El segundo aspecto tiene que ver con dos temas que afectan a Europa en su lucha contra el grupo EI. Uno de ellos es el relativo a la torpe política migratoria europea liderada por Alemania que llegó al extremo de negociar con Turquía el pago de 6.000 millones de euros para que ese país reciba los refugiados sirios que llegan a las costas griegas. (Ver también: Europa y Turquía logran acuerdo para frenar la llegada de migrantes).

Europa quiere hacer cualquier cosa para evitar “una invasión” de inmigrantes, incluso violando el Convenio de Ginebra (1951) y su Protocolo de New York (1967) que obligan a cumplir unos procedimientos frente a los refugiados que el acuerdo vulnera. En igual sentido, desconoce la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

El otro pertenece al mundo de la economía. Los territorios en guerra de Medio Próximo, donde ha proliferado el grupo EI, ha sido motivo de grandes luchas de las potencias occidentales por los recursos minerales no renovables como el petróleo. La invasión a Irak, la política frente al Líbano y Palestina, la destrucción de Siria y Afganistán, el bloqueo a Irán –ya resuelto por la doctrina Obama–, ha fomentado el odio y el resentimiento que difícilmente Europa y Estados Unidos podrán resolver. Esta nueva andanada terrorista lo prueba.

Estas dos causas producen dos consecuencias palpables. Una de ellas es la construcción de partidos nacionalistas xenófobos y racistas de izquierda o derecha en Europa. Ejemplos de estos abundan como Amanecer Dorado, en Grecia; el Frente Nacional de Marine Le Pen, en Francia; el Partido Nacional Democrático Alemán, el Partido Popular danés y el Movimiento por una Hungría mejor, entre otros.

La política europea frente a los refugiados sirve de acicate a esos grupos y algunos de centro-derecha o de extrema izquierda para crecer electoralmente y poner en jaque los principios europeos construidos por Robert Schumann y Jean Monet después de la Segunda Guerra Mundial.

La segunda consecuencia tiene que ver con el posible fin del espacio Schengen. Si algo lo pone en juego es el terrorismo indiscriminado que se está alimentando no solo de algunos refugiados, sino de ciudadanos europeos que cansados de su situación social, se realizan personalmente en grupos terroristas como el EI, para luego golpear las sociedades de donde proceden.

La realidad europea tiene que ver con la existencia de una pluralidad de naciones que aprendieron a vivir juntas con el fin de evitar mayores desangres en medio de un cultura que trascendió fronteras, como lo recuerda uno de los más grandes escritores del siglo XX, el austriaco Stefan Zweig, y un gran escritor y ensayista de nuestra época, el español Mauricio Wiesenthal.

Europa debe gestionar su presente conforme a los principios que forjó en la posguerra en el ámbito de la solidaridad, como lo recordaba el profesor Sami Nair (El País España, 16-03-2016). No puede traerse a la memoria el “darwinismo social”, doctrina que germinó a principios del siglo XX y que permitió clasificar los seres humanos. Lo que en principio fue una broma contra la cultura y la civilización, terminó siendo una llama que incendió dos guerras mundiales. El recientemente fallecido Umberto Eco lo puso de presente en su magistral novela 'El cementerio de Praga' (Lumen, 2010).

El ataque contra Bruselas es uno más dentro de la locura de muerte que se ha establecido en Europa. Parece que la regla en este siglo no va a ser la paz, sino el horror y la zozobra.

FRANCISCO BARBOSA
En Twitter: @frbarbosa74
Ph.D. en Derecho Público, Universidad de Nantes (Francia); profesor de la Universidad Externado de Colombia.