Editorial: Un asunto muy serio

Editorial: Un asunto muy serio

El aumento de amenazas y asesinatos de líderes sociales es muy preocupante.

22 de marzo de 2016, 12:59 am

Apenas la semana pasada comentábamos en estos mismos renglones el tamaño de los retos que se asoman para el país una vez se logre la anhelada firma del acuerdo con las Farc. Hoy es necesario retomar el tema, a la luz de las preocupantes denuncias de asesinatos y amenazas que han tenido como blanco tanto a líderes sociales como a militantes de base de organizaciones sociales de distinta índole en Colombia.

Y hay que subrayar que las víctimas se encuentran en diferentes movimientos y colectividades a lo ancho del territorio nacional. Esto indica que hay una prevención, a veces animadversión y en no pocos casos voluntad clara de agresión, incluso fatal, frente a los esfuerzos, normales pero sobre todo fundamentales en el posconflicto, de organización social para reivindicar derechos, para reclamar tierras, para que pueblos históricamente marginados, minorías, trabajadores encuentren en la política lo que las Farc y otras organizaciones les han ofrecido en estos cincuenta años a través de las armas. Y preocupa que los episodios en cuestión no se limiten a zonas marcadas históricamente por el conflicto.

Entre los hechos más recientes están la muerte de Klaus Zapata en Soacha, Cundinamarca; la de Sharon Mármol, de apenas 14 años e hija del dirigente agrominero Evelio Mármol, al sur de Bolívar; la de William Castillos, fundador de la Asociación de Hermandades Agroecológicas y Mineras de Guamocó, ocurrida en El Bagre, Antioquia; la de Alexánder Olme, gobernador del resguardo de Río Blanco; y la de Maricela Tombé, en El Tambo, Cauca.

La exsenadora Piedad Córdoba, desde la iglesia de San Francisco, en Bogotá, donde un grupo de mujeres de Marcha Patriótica realizó una vigilia para protestar por 113 integrantes de su movimiento que aseguran han sido asesinados desde que este vio la luz en el 2012, dio una cifra que tiene que poner a todos en máxima alerta: 28 líderes han sido asesinados apenas en el último mes.

Una paz estable y duradera depende, entre otros aspectos, de que por fin se deje de hacer política con armas en Colombia y de la construcción de una esfera pública que le dé espacio, y con él, tranquilidad, a todo el espectro ideológico. En esa medida, estos hechos son graves y deben recibir toda la atención de las autoridades.

El reto es construir –en algunos lugares incluso desde cero– una cultura democrática robusta, en la que nadie pretenda, por las malas, constituirse en fuerza e ideología hegemónica bajo cuyas reglas cualquier disenso, cualquier esfuerzo por detener atropellos a derechos fundamentales sea sinónimo de estigma, cuando no de persecución y muerte.

Es necesario activar y verificar el buen funcionamiento de las mesas de trabajo locales, hay que redoblar los esquemas de protección de quienes sean víctimas de amenazas. Pero tan importante como lo anterior es identificar de dónde vienen los ataques, conocer los móviles de los crímenes. Es decir, buscar claridad que permita tomar medidas estructurales, que den resultado en el corto plazo y que envíen un mensaje contundente de que aquellos empeñados en revivir macabros fantasmas del pasado –bien sabemos cuáles, y pensemos en lo ocurrido con la Unión Patriótica– sentirán todo el peso de la justicia. Aquí no hay matices posibles.

EDITORIAL
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