Pensamiento público

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¿Puede abandonarse el espacio público de una ciudad por descuido o ideología?

Pensamiento público
5 de febrero de 2016, 11:47 pm

A pesar del retiro del Estado de varias de sus misiones sociales, y del aparecimiento de nuevos fenómenos urbanos de origen privado, como centros comerciales, o de hechos tecnológicos, como internet y redes sociales, que nos vuelven a hacer pensar su significado, es posible pensar en un espacio no estimado por intereses personales económicos que fortalezca y garantice el bien común. Lo público se proyecta, entonces, en las democracias modernas hacia un significado político para que todos aprendamos a soportarnos de modo reciproco, y el espacio democrático consistirá en impedir a los demás cometer “actos demasiado unilaterales”, enfatiza el filósofo Sloterdijk.

El corporativismo no puede apoderarse de bienes y espacios patrimoniales para lucrarse. Pero, de otro lado, ¿puede abandonarse el espacio público de una ciudad por descuido o ideología? Esta evidencia en Bogotá ha ocasionado una reacción del alcalde Peñalosa en una campaña de recuperación iniciada en la calle 72. Vendedores, estacionamientos indebidos, talleres que se toman las aceras, calles por iluminar son algunos de los objetivos para intervenir. Un programa de gobierno se puede hacer desde la defensa y construcción de lo público, reconoce, y en ese sentido actúa, el Instituto de Ciencia y Tecnología de Zúrich, que inicia programas con universidades colombianas. Enfrentar a los usurpadores, pero también crear programas de intereses comunes, instalar casetas dignas de trabajo a desalojados, internet gratis en plazas, programación no comercial en los medios o estimulando investigaciones son nuevos frentes de orden simbólico para consolidar lo público desde el pensamiento: la democracia como espacio público es una técnica para terminar con cualquier régimen unilateral, y hacer pensar en el otro es la base de la convivencia colectiva.

Un acontecimiento inesperado, como el fuerte verano que azota a Bogotá y el incendio de sus cerros tutelares, hizo sentir que el infierno se llevaba nuestra ciudad y ello ocasionó ruegos colectivos en las iglesias y por las redes sociales hasta convertirse en viral para que los dioses hicieran llover, y así sucedió. Ese sentimiento colectivo de un milagro desencadenado por todos en defensa de un bien común que nos protege e identifica es lo que bien puede entenderse como pensamiento público activo.


Armando Silva

ciudadesimaginadas@gmail.com