Repatriar el tesoro quimbaya

Repatriar el tesoro quimbaya

Recuperar tesoro quimbaya es un acto de soberanía cultural que nuevas generaciones agradecerán.

Repatriar el tesoro quimbaya
24 de enero de 2016, 02:37 am

Para el 28 de enero próximo, la Corte Constitucional citó con buen criterio a audiencia pública con el fin de decidir sobre una tutela en la que se solicita que el Gobierno Nacional, por intermedio del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Cultura, adelante los trámites necesarios para lograr la repatriación definitiva del tesoro quimbaya. La solicitud o acción popular fue presentada por el doctor Felipe Rincón Salgado ante el Juzgado 23 Civil Municipal, con tan sólidos argumentos históricos y jurídicos que este dictó sentencia favorable. El Tribunal Administrativo de Cundinamarca revocó la decisión, el Consejo de Estado negó la revisión y la Corte Constitucional la seleccionó. La repatriación del tesoro quimbaya es un viejo anhelo de distinguidos escritores, antropólogos e historiadores, sin que hasta ahora hayan tenido eco en las órbitas oficiales.

Este asunto hay que tratarlo con la seriedad que se merece. Lo que pretendemos hacer es reivindicar otro de los errores históricos de la diplomacia colombiana. Esta vez, resarcir, a lo menos, el descrédito que nos ha causado el insólito regalo del tesoro quimbaya al Gobierno español. Más aún, al leer la nota del 20 de noviembre de 1892 enviada por el presidente encargado, Carlos Holguín Mallarino, a las “cámaras legislativas”. En ella les informa no solo de la entrega del tesoro quimbaya al Gobierno español, sino que esta había sido comprada (a Fabio Lozano Torrijos) con el fin de exhibirlo en Madrid y Chicago y obsequiarlo a un museo de su capital como muestra de agradecimiento por el gran trabajo que se tomó en el estudio de nuestra cuestión de límites con Venezuela y la liberalidad con que hizo todos los gastos.

Ignoramos cuáles fueros los gastos en que incurrió la monarquía española en el proceso arbitral para definir los límites con Venezuela, pero en lo que no debe quedar ni asomo de duda es que la regente María Cristina de España, al dictar su laudo, actuó conforme a su condición de árbitro y falló tomando en cuenta los alegatos de ambas partes. Otra cosa es que los alegatos de Aníbal Galindo fueron tan contundentes sobre nuestra tradición jurídica en La Guajira, a la luz del principio del ‘uti possidetis juris’ de 1810, que el laudo arbitral del 16 de marzo de 1891 reconoció a Colombia como única dueña de La Guajira.

Esta aclaración es importante para desvanecer toda duda acerca las versiones que existen en Venezuela e insinúan que el laudo de la reina María Cristina de España lo compró Colombia con el tesoro quimbaya, y que nosotros habíamos salido beneficiados con el fallo. No es cierto ni lo uno ni lo otro. En cambio, sí debemos recordarle a nuestro vecino que por simple ligereza diplomática del entonces canciller, Juan Uribe Holguín, y el gobierno que lo respaldó, le cedimos los islotes de Los Monjes en 1952, a pesar de no tener título alguno y ser considerados prolongación natural de La Guajira colombiana. Los efectos negativos de la entrega pronto se hicieron sentir a raíz de las negociaciones sobre la delimitación del “golfo de Venezuela”. No cometamos el mismo error, defendamos lo que es nuestro.

Estos y otros aspectos los ampliaré en la audiencia pública de la Corte Constitucional a la cual fui cordialmente invitado. No nos quede duda de que recuperar el tesoro quimbaya representa un acto de soberanía cultural que las nuevas generaciones van a agradecer. Sería tan importante como la posición asumida por el presidente Santos, que ha declarado que el galeón San José nos pertenece por estar en los mares colombianos. La diferencia es solo que el tesoro quimbaya, que también es colombiano, está bajo la jurisdicción de un país extranjero, y por eso hay que recuperarlo.

ENRIQUE GAVIRIA LIÉVANO