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El mandatario les enseñó a los norteamericanos que la igualdad también puede ser parte de su destino

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20 de enero de 2016, 10:41 pm

El tradicional discurso de la Unión del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, representó la expresión de un legado con el que cierra su último año de gobierno antes del proceso electoral que se avecina en ese país. De lo planteado por Obama deben destacarse dos ejes discursivos. El primero, dirigido a su pueblo y el segundo, expresado al mundo.

En cuanto al primero, es evidente que el presidente Obama debía mostrar las diferencias frente al pasado republicano. El mandatario americano puso en evidencia la reducción de la tasa de desempleo del 10 al 5 %, –14 millones de nuevos empleos–, el crecimiento anual de la economía del 3,7 %, la recuperación de la industria automotriz y las mejoras sustanciales en el sector educativo. En igual sentido, recordó los 18 millones de norteamericanos que se han beneficiado del Obamacare, que permite la prestación de servicios gratuitos de salud a personas sin recursos económicos.

Otro aspecto esencial es que Obama encuentra su último año con un dólar revaluado frente a las otras monedas, evento que plantea un nuevo reto, y es el de gestionar las inversiones que abandonan las economías emergentes, sobre todo las que viven procesos serios de devaluación por la dependencia de un producto como motor de su crecimiento económico. América Latina es un buen ejemplo de eso.

Debe recordarse que el éxito económico de Estados Unidos, que Obama enfatizó en su discurso, se explica en la forma como Janet Yellen –presidenta de la Federal Reserve System– ha gestionado la economía. En el momento de mayor crisis se mantuvieron muy bajas las tasas de interés, lo que generó una devaluación del dólar frente a otras monedas y permitió que las reservas internacionales en dólares de varios Estados costaran menos, al igual que se garantizara el crecimiento en EE. UU. por la posibilidad de acceso a crédito barato en el país.

Un tercer aspecto que puso en evidencia el presidente Obama es la nueva política de reducción de dependencia petrolera y generación de energías limpias, que ha llevado al país a disminuir en un 60 % sus importaciones de petróleo.

El segundo eje discursivo tuvo que ver con el escenario internacional. Allí deben resaltarse tres aspectos. El primero, el acuerdo nuclear alcanzado con Irán, que le permite a Estados Unidos bajar la dinámica armamentista en ese país y sus satélites.

El segundo aspecto tiene que ver con la incansable apuesta que ha asumido el Presidente en cuanto a la defensa del medioambiente. Sobre este tema, es relevante el papel de EE. UU. en el acuerdo de París que pretende reducir el calentamiento global en 1,5 grados.

Por último, destacar el liderazgo de Obama en la ayuda para que Colombia logre un acuerdo de paz con las Farc y el fin del bloqueo con Cuba, que permitió reanudar las relaciones diplomáticas luego de 54 años de distanciamiento.

Obama deja temas inconclusos que anuncia como desafíos. No contó con las mayorías en el Congreso para adelantar una reforma migratoria que ese país les debe a los extranjeros que llegan a aportar activamente en su economía. Tampoco pudo cerrar la prisión de Guantánamo, vergüenza e ignominia frente al mundo. Al igual que dejó en ciernes una reforma legal sobre venta de armas, a pesar de su tardía reglamentación por vía ejecutiva.

En el plano internacional, Estados Unidos tendrá que jugar un rol más relevante en Medio Oriente, sobre todo por la amenaza del Estado Islámico. Debe ponerse en evidencia que fue justamente la torpe invasión contra Irak la que incendió la región. Estados Unidos les debe mucho más que explicaciones a varios países de esa zona del mundo.

Por último, tendrá que enfrentar la devaluación del yuan (China), que ha generado una cascada de pérdidas de poder adquisitivo en el sureste asiático, poniendo en aprieto a los exportadores americanos que pueden empezar a ver cómo se revierte el crecimiento que tuvieron en el momento en que el dólar perdía valor frente a otras monedas.

Obama deja un legado y unos retos importantes. La innovación, el trabajo y la libertad han encontrado un presidente que les enseñó a los norteamericanos que la igualdad también puede ser parte de su destino y que en el Estado de derecho, la solidaridad no debe ser una utopía sino, por el contrario, una garantía para no caer en la barbarie. En fin, parafraseando a Lincoln, Obama no se “aferró a los dogmas del pasado sereno”.


Francisco Barbosa
@frbarbosa74
Ph. D. en Derecho Público (Universidad de Nantes, Francia), profesor de la Universidad Externado de Colombia.