Acuerdo sobre justicia va a ser 'precedente' en otros procesos

Acuerdo sobre justicia va a ser 'precedente' en otros procesos

Asesor internacional del proceso de paz habló sobre el éxito posible de las conversaciones actuales.

Acuerdo sobre justicia va a ser 'precedente' en otros procesos
9 de enero de 2016, 11:11 pm

Jonathan Powell, exjefe del gabinete británico y asesor internacional de los diálogos de La Habana, le dijo a EL TIEMPO que lo pactado entre el Gobierno y las Farc en materia de justicia es “pionero” en el mundo y que será ejemplo para otras negociaciones a la hora de “balancear paz y justicia”.

Powell, responsable del acuerdo de paz en Irlanda del Norte, agregó que la etapa final de un proceso de paz siempre es la más difícil, pero que por la manera como ha sido manejado el de Colombia, él tiene “confianza” en que este concluya exitosamente.

¿Cuál es su valoración general sobre el curso de este proceso?

Me ha sorprendido la forma como el presidente Santos y su equipo han preparado y conducido esta negociación. Estudiaron los anteriores procesos de paz con las Farc, incluso el proceso del Caguán, para evitar repetir los errores cometidos. También estudiaron las lecciones aprendidas de procesos de paz en contextos similares alrededor del mundo. Esta es una de las razones que explican que este proceso haya sido exitoso, cuando los anteriores siempre fracasaban. El presidente Santos y su equipo se merecen todo el crédito por ello.

¿Se puede afirmar que lo más difícil del proceso ya se acordó, o lo que queda por negociar es de mayor cuidado?

La última etapa de toda negociación es siempre la más difícil, y podemos estar seguros de que habrá dificultades de aquí al final de marzo. Cuando se está más cerca de la firma de un acuerdo final, los grupos armados sufren de una especie de síndrome del comprador arrepentido: se empiezan a preguntar cómo le van a vender lo acordado a sus miembros y cómo justificar el sufrimiento de estas décadas. Los gobiernos, por su parte, tienen que convencer a la opinión pública de apoyar el acuerdo, a pesar de los compromisos que haya sido necesario asumir para lograrlo. Pero si ambas partes mantienen la paciencia a lo largo de esta última fase, entonces lograrán llegar a un acuerdo exitoso y sostenible.

¿Sigue pensando que este proceso es irreversible, que nada, absolutamente nada lo hará fracasar?

Ningún proceso de negociación es irreversible sino hasta el último minuto. Las cosas siempre se pueden complicar. Pueden ocurrir accidentes. Pero, en mi opinión, el proceso de paz en Colombia ha pasado un umbral crucial y el éxito del proceso es muy posible. Tengo confianza en que el Gobierno colombiano logrará un acuerdo con las Farc dentro de los próximos meses para terminar más de cincuenta años de conflicto armado.

¿Usted cree que las Farc están haciendo un juego limpio?

Tengo experiencia de haber negociado con grupos terroristas durante décadas. Es muy difícil confiar con este tipo de interlocutores dada toda la sangre que ha sido derramada, pero si uno no logra construir confianza en la mesa, entonces es imposible llegar a un acuerdo. Durante la negociación en Irlanda del Norte, en una oportunidad Gerry Adams (el líder de los republicanos) se me acercó y me dijo: “Lo que me gusta de ti, Jonathan, es que cuando dices mentiras te pones rojo”. Uno de mis colegas, que estaba sentado a mi lado, le respondió: “A diferencia de ti, Gerry”. Nunca tuve la confianza de que siempre me hubiera dicho la verdad, pero tuvimos que probar qué tan serios eran los del IRA sobre lograr un acuerdo de paz. En palabras de Ronald Reagan acerca de la Unión Soviética en los años ochenta: “Hay que confiar, pero verificando”.

¿Cómo interpreta la mirada del presidente Santos en el sentido de que a pesar de no ser perfecto, este proceso puede ser lo mejor que se ha hecho en el mundo sobre justicia transicional? ¿La justicia transicional pactada dejará tranquila a la comunidad internacional?

Lo que ha sido acordado en materia de justicia transicional es francamente pionero. El Gobierno ha tenido que ponderar su deber de satisfacer los derechos de las víctimas, y su obligación de prevenir que haya nuevas víctimas, a través de la terminación del conflicto. Como el Presidente dijo esta semana, no es un acuerdo perfecto, pero va a ser el precedente para otros procesos de paz en el resto del mundo sobre cómo balancear paz y justicia. Colombia puede sentirse orgullosa de ello.

¿Qué puede aportar la posible presencia de magistrados extranjeros en el tribunal de justicia que se creará?

Los británicos siempre nos opusimos a la participación de la comunidad internacional en el proceso de Irlanda del Norte. Eventualmente, sin embargo, cambiamos de opinión y terminamos incluyendo al senador americano George Mitchell como presidente de las conversaciones; involucramos a un general canadiense y a un ex primer ministro finlandés en el proceso de desarme, y a un policía americano en el de monitoreo del fin de las actividades paramilitares. Esto no atentó contra nuestra soberanía. En cambio, nos permitió facilitar el logro de una solución que fuera percibida como justa por ambas partes y por lo tanto más sostenible.

¿Qué piensa de la discusión sobre entrega o dejación de armas? ¿Y qué sería lo mejor para Colombia en este caso?

La dejación de las armas es un paso crucial en el proceso. Esto marcará la transición del conflicto a la paz. Las democracias no pueden confiar en partidos políticos que tienen un ejército privado. La opinión pública solo tolerará partidos que busquen acceder al poder a través de medios pacíficos. Cuando un grupo armado cambia las AK-47 por los votos, la negociación ha sido exitosa.

¿Cuál es su opinión acerca de la refrendación para que los colombianos aprueben lo acordado en La Habana?

Casi todos los acuerdos de paz en el mundo han sido sometidos a un plebiscito. ¿De qué otra manera sería posible demostrar el apoyo popular a los difíciles compromisos que es necesario hacer para lograr la paz? Esa es la mejor forma, de lejos, de lograr que un acuerdo sea verdaderamente legítimo.

¿Ya es tiempo de que se ponga más atención a lo que será el posconflicto que a lo que queda de negociación?

No pueden desconcentrarse de la negociación hasta que se logre un acuerdo final, pero al mismo tiempo hay que prepararse para la implementación. Una negociación de paz no se trata de escribir un pedazo de papel, sino de construir confianza entre dos partes que han venido matándose. Se construye el pedazo de papel justamente porque no hay confianza entre las dos partes, de lo contrario el acuerdo no sería necesario. Pero el acuerdo en sí mismo no hace que las partes confíen mutuamente. Solo con la implementación, cuando ambas partes ven que la otra cumple sus compromisos, se construye finalmente la confianza. El momento en el que la mayoría de los acuerdos fracasan es durante el primer año, cuando las partes son incapaces de cumplir lo acordado. Esto sucedió con el acuerdo entre el Gobierno español y Eta en 2006. Si uno piensa en el acuerdo de Oslo, sobre el Medio Oriente, este fue celebrado por ambas partes al momento de la firma, pero fracasó cuando ninguna de las partes pudo implementarlo. Esto condujo a la segunda intifada y a la profundización de la violencia. Por eso es muy importante empezar a preparar la implementación del acuerdo desde ya.

¿Qué aspectos del posconflicto se deben atender pronto?

El acuerdo de John Major con el Ira en 1994 colapsó en un nuevo escenario de violencia cuando el Gobierno no pudo cumplir rápidamente con sus promesas debido a problemas políticos, y el Ira perdió la paciencia. Tony Blair, en cambio, estaba decidido a que cumpliéramos lo acordado rápidamente. El Gobierno colombiano ha tramitado una reforma constitucional para crear un procedimiento legislativo especial que permita esto justamente por esa razón. La historia está plagada de gobiernos que hacen promesas a grupos armados y luego las incumplen. Si el proceso de paz en Colombia va a ser exitoso esta vez, sí es necesario poder dar resultados rápidamente.

¿Tiene alguna hipótesis o reflexión sobre lo que puede ser Colombia en paz?

Las implicaciones del fin de la última campaña militar antisubversiva en América Latina son inmensas, no solo para Colombia sino para la región. Obviamente, la paz va a tener un impacto positivo en la economía colombiana y en la industria del turismo, pero los efectos van a ser aún más profundos. Colombia ya no va a ser considerado por el resto del mundo como un país peligroso, sacudido por la violencia. Colombia podrá asumir su verdadero rol y dejar de cojear como lo ha tenido que hacer en el último medio siglo. El mundo está a la expectativa de los resultados de este proceso y de su capacidad para liberar el potencial real del país.

EL TIEMPO