La hora de la política industrial

La hora de la política industrial

El documento genera un debate sobre el papel de la industria en nuestro desarrollo futuro.

La hora de la política industrial
1 de noviembre de 2015, 01:36 am

En su reciente congreso, la Andi presentó uno de los documentos gremiales más interesantes en mucho tiempo: ‘Estrategia para una nueva industrialización’. Algunos hemos tratado de introducir este tema en el debate nacional desde hace años, con resultados limitados. Era esencial que la asociación cuya ‘I’ todavía recuerda su origen, como el gremio de la industria, pusiera en el centro de atención la necesidad de una política industrial moderna.

La propuesta responde al fuerte proceso de desindustrialización que ha tenido el país desde hace más de tres décadas e incluso al hecho de que la producción industrial del 2014 fue apenas un 3 % superior a la del 2008, contra un crecimiento del PIB del 29 %. Es decir, la industria desapareció como fuente de expansión económica durante la fase más reciente del auge energético-minero y casi toda la demanda adicional de bienes manufacturados se suplió con importaciones. Esto es ahora inviable debido al fin del ciclo de precios altos de productos básicos.

El documento hizo saltar a los sospechosos habituales. No faltaron los comentarios de que la propuesta representaba volver 25 años atrás, ni las recriminaciones de que se buscaba mayor protección arancelaria. Afortunadamente, otros comentaristas discutieron constructivamente las propuestas para reducir el costo país, aumentar la productividad de las empresas, promover un entorno competitivo, profundizar y aprovechar los acuerdos comerciales, consolidar encadenamientos productivos y fortalecer las instituciones.

La propuesta define una política industrial moderna, como “el conjunto de medidas de política pública que debe tomar un Estado para implementar una estrategia de largo plazo que produzca un salto significativo en el aparato productivo de un país para ponerlo a la vanguardia mundial en términos tecnológicos, económicos y comerciales, en uno o varios sectores”. Esta formulación tiene el mérito de poner el desarrollo tecnológico y la inserción del país en los mercados globales como dos elementos esenciales, así como la coordinación que debe ejercer el Gobierno dentro de una estrategia que por definición debe ser público-privada.

El presidente de la Andi resalta en el prólogo la necesidad de pensar las empresas en términos de sus encadenamientos globales. Los diferentes componentes de una cadena productiva pueden ser fácilmente trasladados a otros lugares. Por eso, el país tiene que tomar una decisión estratégica sobre qué eslabones de qué cadenas quiere conformar.

El documento contiene recomendaciones con las que pocos podrán estar en desacuerdo. La Andi sugiere apalancar los mecanismos de compras públicas para estimular los encadenamientos productivos y, al tiempo, buscar la inserción en las cadenas de la región y aprovechar la cercanía con EE. UU. para utilizar empresas ancla en ese país para insertarse en cadenas de valor globales. Recomienda ajustar los instrumentos de financiamiento a los ciclos productivos de las empresas, desarrollar una industria de capital de riesgo y fortalecer el sistema de garantías mobiliarias. Resalta la necesidad de promover una infraestructura y corredores logísticos especializados, así como laboratorios acreditados por organismos internacionales y fortalecer el capital humano para la exportación.

Independientemente de lo que se piense sobre estas propuestas concretas, que personalmente respaldo, el documento de la Andi es una enorme contribución que debe servir para generar un debate sobre uno de los temas de mayor relevancia para el país: el papel de la industria en nuestro desarrollo futuro. Por encima de acuerdos o desacuerdos con propuestas específicas, es urgente aceptar que la política de transformación productiva no es un dinosaurio del siglo pasado.

JOSÉ ANTONIO OCAMPO