Octocorales, el coral blando que sería el 'camaleón' del fondo del mar

Octocorales, el coral blando que sería el 'camaleón' del fondo del mar

Biólogos aseguran que, para sobrevivir, estos animales están teniendo cambios en su evolución.

Octocorales, el coral blando que sería el 'camaleón' del fondo del mar
28 de octubre de 2015, 01:48 am

Los octocorales, un tipo de coral blando que reposa en las coberturas del fondo del mar y que abunda en las aguas del Caribe, del Mediterráneo y del océano Atlántico, están revelando una inesperada respuesta evolutiva para hacerles frente a factores estresantes del ambiente como la sedimentación y la turbidez del agua.

Un reciente estudio publicado por la revista científica Plos One, liderado por los académicos Johanna Velásquez y Juan Sánchez, de la Universidad de los Andes, señala que los octocorales tienen apariencias distintas según el ambiente en que se encuentren: mientras en los arrecifes oceánicos (como los de San Andrés y Providencia) –donde predominan las aguas tranquilas, la buena iluminación y la ausencia de aporte de ríos– las comunidades de este coral tienen pólipos (tentáculos) más pequeños y sus ramas tienden a ser más delgadas, en los arrecifes continentales (donde interactúan con las bocas de los ríos, manglares y cordilleras), en cambio, sus pólipos y ramas son más grandes y gruesas.

Lo anterior significa que a pesar de que existen profundidades y ambientes ecológicos similares en ambos tipos de arrecife, las comunidades de octocorales son distintas e, incluso, una misma especie de estos luce diferente según el lugar al cual pertenezca.

En los arrecifes oceánicos, por ejemplo, tienen mayor diversidad de especies y su apariencia morfológica es muy distinta. En contraste, las comunidades de octocorales que constituyen los arrecifes continentales (con exposición a la sedimentación, debido a la alta escorrentía de los ríos Magdalena, Sinú y Atrato) tienen una alta diversidad filogenética (es decir, especies poco emparentadas en su historia evolutiva), pero son muy parecidas morfológicamente.

Según el biólogo marino Juan Sánchez, si especies poco emparentadas tienden a parecerse es por las fuerzas ecológicas que las afectan, como los sedimentos. Los investigadores insisten en que pese a la reconocida diferencia geológica entre los diferentes tipos de arrecifes, no se esperaba ninguna implicación de tipo evolutivo sobre los corales, que ya comienza a verse.

“Al estudiarlos nos llamó la atención que estos son más adaptables de lo que pensamos a condiciones adversas como la sedimentación, que atenúan la penetración de la luz”, afirma Sánchez. Incluso, el investigador ha documentado el progresivo crecimiento de corales duros en áreas arrecifales (Undaria y Agaricia), de poca luz y altísima sedimentación.

Con el paso de los años, estos cambios de apariencia se vuelven definitivos, lo cual se traduce en un salto evolutivo atado a la supervivencia.

“En sitios como San Andrés, donde el agua es clara y limpia, las algas simbióticas ayudan a los octocorales a atrapar el alimento. En los sitios de alta sedimentación y movimiento del agua, como la costa de Cartagena, sus pólipos les ayudan a aprovechar mejor la oferta de alimento disponible en el agua”, señala Sánchez.

Para este estudio, y por primera vez, los investigadores construyeron la filogenia molecular completa (secuencias de ADN) de 49 especies de octocorales presentes en el mar Caribe colombiano (Santa Marta, Cartagena y San Andrés y Providencia). De esta forma, fue posible determinar quiénes estaban emparentados y relacionar dicho parentesco con la apariencia morfológica y sus preferencias ecológicas.

Pero ¿cuál es la importancia de los octocorales para el ecosistema? Pues bien, este tipo de coral blando, tridimensional (se erige como árbol aprovechando la columna de agua) y con cerca de 3.000 especies distintas filtra el agua, genera hábitat para peces (lo usan como refugio, entre otros, el caballito de mar y el pez trompeta), da sombra y disipa luz ultravioleta que afecta a los corales duros. Además, contribuye a la formación de arrecifes –sus bases son altamente calcificadas–, captura energía del agua y la hace recircular, y genera arena cuando muere –su exoesqueloto blanco es arenoso–.

ANDREA LINARES *
Para EL TIEMPO
* Periodista de la Universidad de los Andes