Pardo es la mejor opción

Pardo es la mejor opción

Siempre se ha oído que Pardo es honrado y nunca que se haya aprovechado de los recursos del Estado.

Pardo es la mejor opción
25 de octubre de 2015, 01:49 am

El 80 por ciento de los bogotanos quiere un cambio de fondo en la ciudad, pero ¿cuál es el cambio que se necesita? Evidentemente, uno que imponga las transformaciones requeridas, sin exacerbar contradicciones ni polarizar. Y Pardo es el que da mayores garantías de realizarlo.

Gobernar a Bogotá demanda, en primer lugar, sensatez para identificar los problemas centrales por enfrentar y no dispersar las energías, y Pardo la tiene. Una prueba de eso es que hará el metro conforme a los estudios vigentes y no devolverá la película para construirlo por encima de la superficie, creando una cicatriz urbana que desvalorice los predios por donde pasa. Tampoco se embarcará en la quimera de levantar una ciudad de rascacielos y malecones al borde del río, que demandará gigantescas inversiones públicas y privadas en un área inundable.

El candidato está concentrado en la combinación de dos tareas. En primer lugar, resolver los graves problemas urbanos que fueron descuidados por los últimos gobiernos: seguridad, movilidad, espacio público, basuras... Y al lado de eso, consolidar los programas sociales, que son indispensables no solo para construir equidad, sino para hacer de Bogotá una ciudad más integrada y segura. Esos programas no se los inventó la izquierda, pero les dio un impulso que hay que mantener, y Pardo lo hará.

La construcción de equidad no puede consistir solamente en hacer obras de infraestructura donde viven los pobres. Es un propósito más amplio, que tiene que ver, entre otras cosas, con la morigeración de los impactos sociales de las medidas modernizadoras. Por ejemplo: la recuperación del espacio público es innegociable, pero hay fórmulas para ejecutarla sin violentar a los vendedores. Y hay que reorganizar las empresas distritales, pero sin declararles la guerra a los trabajadores; al contrario, dignificando sus condiciones. Pardo lo tiene claro, porque es un líder equilibrado. Por serlo es capaz de balancear, sin inmovilizarse, necesidades contrapuestas. Por ejemplo: hará el metro sin descuidar TransMilenio; no impulsará la expansión desenfrenada de Bogotá sobre la Sabana, pero no caerá tampoco en el fundamentalismo densificador; construirá la ALO, pero maximizando la protección de los valores ambientales; mantendrá sanas las finanzas públicas.

Gente reprobable hay en todos los partidos. Por eso es muy importante revisar el perfil ético de los candidatos, según su trayectoria en el servicio público, así como el de su círculo inmediato, el de sus familiares, amigos y socios cercanos. Y calibrar su capacidad para blindarse contra las malas influencias.

En los 30 años transcurridos desde que comenzó su carrera pública, siempre se ha oído decir que Pardo es honrado y nunca que se haya aprovechado de los recursos del Estado. Tampoco causa preocupaciones su entorno personal.

Fue un administrador eficiente que no hizo clientelismo ni repartió contratos cuando se desempeñó como director del Plan Nacional de Rehabilitación, consejero presidencial de Seguridad, ministro de Defensa o de Trabajo y senador. De los candidatos, es el que ha asumido compromisos más claros contra la corrupción. Son compromisos concretos sobre la selección de las cabezas de los órganos de control, los secretarios del despacho y demás altos funcionarios –que bien podrían extenderse a la de los mandos medios–, y sobre medidas para blindar la contratación.

Hay que temerle a cierto eficientismo, que por ejecutar rápido favorece a los contratistas privados y perjudica al Distrito. Bogotá ha sido víctima no de los empresarios privados en general, sino de unas redes de megacontratistas de la infraestructura, el transporte y los servicios domiciliarios a las que hay que poner en su sitio. También en ese plano, Pardo es la mejor opción para la ciudad.

CARLOS VICENTE DE ROUX