Una terna por la equidad

Una terna por la equidad

Hay que buscar equidad en la participación de las mujeres en el campo de administración de justicia.

Una terna por la equidad
8 de septiembre de 2015, 09:00 pm

“El siglo XXI será sin duda el siglo de las mujeres”. Ojalá esta frase profética de la filósofa Victoria Camps nos permita reflexionar sobre el papel de las mujeres en los ámbitos político, social, económico y jurídico. A pesar de algunos avances de la participación política de las mujeres en nuestro país, seguimos en un nivel vergonzoso en relación con muchos países del mundo e incluso de América Latina –Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Costa Rica ya han aprobado la paridad como mecanismo para solucionar la subrepresentación de las mujeres en la política–.

Y estoy hablando de paridad, no de la ya pobre ley de cuotas que ni siquiera somos capaces de cumplir. Desde las últimas elecciones legislativas –marzo del 2014–, las mujeres representan el 20 por ciento del total de congresistas. Ni siquiera lograron ubicarse en ese piso del 30 por ciento. Seguimos en el sótano de la política. Ni indaguemos por las alcaldías o las gobernaciones, para no dañarles el día.

Ahora bien, examinemos cómo están las mujeres en las altas cortes. En la Corte Constitucional tenemos siete hombres y dos mujeres; Corte Suprema de Justicia, hoy hay tres mujeres, quince hombres y cinco cargos vacantes; en el Consejo Superior de la Judicatura encontramos dos mujeres, nueve hombres y dos vacantes, y en el Consejo de Estado tenemos dieciocho hombres, diez mujeres y tres vacantes, siendo así la única corte que cumple a cabalidad las cuotas de representación mínima de mujeres.

El panorama es desolador y nos hace pensar en lo que Rodrigo Uprimny mencionó en una de sus últimas intervenciones relativas a este hecho. Propuso que la próxima terna para reemplazar al magistrado Mauricio González Cuervo, por vencimiento de su periodo constitucional, fuera solo de mujeres, idea que permitiría que el próximo magistrado de la Corte Constitucional sea obligatoriamente una mujer. Ojalá esta idea, que busca cerrar una brecha vergonzosa entre hombres y mujeres en una democracia participativa, sea acogida por el Presidente de la República.

Además la coyuntura del postacuerdo demanda un particular esfuerzo que haga efectivos los derechos de las mujeres en el marco del conflicto armado, y esto se logrará solo reforzando en las altas cortes la participación de mujeres. Y hay candidatas para integrar esta terna. De hecho, están inscritas 28 mujeres en una lista total de 75 postulados/as. Ahora bien, necesitamos mujeres comprometidas con una mirada de género, y evidentemente no es el caso de la mayoría. Conozco algunas y he tenido la oportunidad de encontrarme en varias ocasiones con Elda Patricia Correa Garcés con quien he podido compartir algunos eventos importantes de la Rama Judicial, entre otros relacionados con derechos de las mujeres.

Su hoja de vida me llamó la atención, y en particular algunos conceptos rendidos ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, siempre propugnando de manera decisiva la defensa de derechos fundamentales y derechos de las mujeres. Entre ellos, el que se concretó en la primera condena por feminicidio.

No se trata de excluir a nadie, sino buscar equidad en la participación de las mujeres con perspectiva de género en el campo de una administración de justicia que cumpla con principios éticos de un Estado social de derecho participativo e incluyente.

Florence Thomas
Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad