El embajador danés, un hombre poco convencional

El embajador danés, un hombre poco convencional

Así es Lars Steen Nielsen, quien está al frente de la delegación del país europeo en Colombia.

El embajador danés, un hombre poco convencional
28 de agosto de 2015, 04:01 am

La lejana Dinamarca abrió hace un año sede diplomática en Colombia, después de más de treinta años de haberla cerrado con doble llave.

Este país pujante, de tan solo cinco millones y medio de habitantes, es más conocido, entre nosotros, de lo que podría pensarse.

De Dinamarca se conoce en el mundo entero a su monarca, la atípica reina Margarita, con varios títulos profesionales; al temperamental cineasta Lars von Trier, creador de la corriente conocida como Dogma; y al osado chef René Redzepi, dueño del afamado restaurante Noma.

Entre nosotros otros daneses, también, son reconocidos. El escritor Carsten Jensen estuvo en Bogotá invitado a la Feria del Libro del 2012, y dio varias entrevistas y charlas en las que se reunieron algunos de los orgullosos lectores de su exitosa novela Nosotros, los ahogados. La escritora Janne Teller, que estuvo en Cartagena en el Hay Festival del 2012, se encontró con muchas personas que habían leído su premiado y polémico libro Nada; el grupo teatral Odin, que ha hecho varias presentaciones, y talleres en el teatro Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, cuenta con entusiastas seguidores.

Así que Lars Steen Nielsen se ha encontrado con más admiradores de sus coterráneos de los que creía. Su carrera diplomática la empezó en Brasil, siguió en España y, luego, en Santiago de Chile, su anterior residencia antes de aterrizar en Colombia, con periodos laborales en su Ministerio de Relaciones Exteriores.

Abogado de profesión, se confiesa un poco “todero” porque en el ejercicio de su carrera ha tenido que trabajar temas comerciales, políticos, consulares y de intercambio, y en este encargo mucho más porque la embajada es pequeña.
El embajador Steen Nielsen, al contrario de sus colegas, es poco convencional y muy risueño. Anda muy contento con el año cumplido tras la reinauguración de la sede diplomática y con el nacimiento de su hijo.

¿Cómo le ha ido en este primer año?

Muy bien. Empezamos cuatro personas y ahora somos catorce. En este corto año nos hemos dado cuenta de que son muchos los negocios que podemos establecer y nuestro personal debe crecer de acuerdo con ese ritmo.

¿El mayor interés ha sido, entonces, hasta ahora el comercial?

El interés de la embajada no es solo comercial, sino político, y de ahí los funcionarios de mi país que nos han visitado. Primero, el ministro de Comercio y Cooperación, el año pasado, recién llegados. Luego, nos visitaron siete integrantes del Comité de Asuntos Políticos de nuestro parlamento, dos de ellos hacen parte del gabinete ministerial del nuevo gobierno que tenemos en Dinamarca.

¿Cómo ve la llegada de ese gobierno de derecha?

En Dinamarca no existe la polarización que se vive en otros países. En general, los gobiernos en mi país no son exclusivamente ni de izquierda ni de derecha sino que presentan matices, por lo que a su denominación de origen se le añade siempre la palabra ‘centro’. O sea que son de centroizquierda o centroderecha. El nuevo gobierno, además de ser de centroderecha, es de minorías. Desde hace muchos años no teníamos uno así. Cuentan con 34 votos en el Congreso y las mayorías las hacen 90 votos, o sea que tendrán que hacer alianzas, lograr acuerdos para sacar adelante sus ideas, lo que hace más difícil gobernar.

¿Afecta esta correlación de fuerzas a su labor?

No. En materia internacional, de relaciones exteriores, siempre ha habido una directiva seguida por todos los partidos políticos: una línea única, independiente de las tendencias políticas. Por lo tanto, podemos afirmar que poseemos una política de Estado estable en las relaciones exteriores.

O sea que su misión no ha variado. ¿Cuál es ese mandato?

El de un énfasis en lo comercial para fomentar la entrada de empresas danesas en el país. Y viceversa: posicionar los negocios de Colombia, sus exportaciones, en Dinamarca. Pero no se puede olvidar el aspecto político que se vive aquí y que es ahora mismo el más interesante de toda América Latina. La negociación de paz y la etapa del posconflicto constituyen, sin duda alguna, un periodo de crecimiento para Colombia que es seguido con gran interés por Dinamarca y por toda la Comunidad Europea. Añadimos, a nuestra misión también aspectos consulares porque debemos atender a nuestros ciudadanos, un poco más de un centenar, aunque son cálculos aproximados porque los daneses no tienen que registrarse en sus embajadas. Como suele pasar desde que se ha abierto la embajada aumentan los nacionales, radicados aquí, que requieren de nuestros servicios, y viceversa, se estimulan convenios estudiantiles y comerciales con viajes a Dinamarca de muchos más colombianos, lo que nos obliga a hacer labores consulares.

¿Podría mencionar una situación concreta?

Desde que abrimos la embajada constituimos un club de negocios y ya tenemos quince empresas danesas registradas en Colombia. Al contrario de lo que sucede con otros países, en Dinamarca tenemos muchas empresas que quieren abrir su sede acá, porque Colombia se posiciona como un muy buen mercado y porque los índices de seguridad muestran mejoría.

En estos días una gran naviera danesa ha hecho alianza con una empresa cartagenera para la explotación de uno de los puertos. Se habla de un capital de no menos de 200 millones de dólares. Por todo esto es que mi labor es muy grata: estamos abriendo mercados de lado y lado. Y, por su puesto, incrementando el interés de los colombianos por Dinamarca.

Pero, siguen ustedes sin un consulado propiamente dicho. ¿Por qué?

Lo que pasa es que en América Latina, los países nórdicos nos hemos unido para atender lo específicamente consular entre nosotros, lo que abarata la gestión al disminuir el equipamiento. En Colombia, los asuntos consulares daneses los manejan los suecos; en Lima, los finlandeses; en Buenos Aires, nosotros y en Santiago, los noruegos.

¿Cuál es el producto colombiano que más compra su país?

Dinamarca le compra a Colombia mucho carbón, para mí es el de mejor calidad del mundo. También flores y frutas, muchas de las mismas no llegan de manera directa sino por compras hechas a la Unión Europea o a algunos de nuestros vecinos. Un porcentaje muy alto de las flores que se venden en Dinamarca tienen sello de origen Colombia. La balanza comercial de Colombia con Dinamarca siempre ha tenido superávit.

¿Qué es lo que más les compra Colombia a ustedes?

Productos del sector farmacéutico y de juguetería. Lego es una de nuestras empresas más exitosas en el mundo entero. Tenemos empresas medianas y pequeñas que nos han expresado su deseo de establecer relaciones comerciales con Colombia y en ello estamos.

¿En qué nos parecemos más los colombianos con los daneses?

Copenhague es la capital del mundo en donde llegan más trabajadores en bicicleta, y no precisamente porque sean muy pobres, sino por su deseo de no contaminar, porque es un medio de transporte muy cómodo y para hacer ejercicio, por lo que las ciclorrutas crecen todos los días, lo que nos acerca con esta ciudad capital por sus ciclovías y por el estímulo al uso de la bicicleta que los alcaldes han anunciado como alternativa a los problemas de movilidad.

¿Qué sabía de Colombia antes de llegar?

La verdad es que sí sabía mucho, porque cuando terminaba mi trabajo en Santiago de Chile comencé a buscar otro país del área, para la nueva misión, y estudié con cuidado los vecinos y me incliné por este país. Significaba un reto interesante. Pero debo añadir que siempre tuve las mejores referencias de los habitantes de este país. No extrañé, entonces, que nos hayan dado una bienvenida tan cálida.

¿Qué es lo que más le gusta de Colombia?

Colombia es como un pequeño continente porque no es solamente andino ni tampoco caribeño o selvático, sino que es una mezcla de regiones, de climas, de alturas. Una diversidad geográfica que la hace también muy rica en costumbres, música y alimentación. Mucha variedad. Y además que no todo sucede en la capital y una ciudad más, sino que aquí hay diez o más ciudades muy activas en el comercio, la política y en la cultura.

¿Qué conoce del país?

He viajado un poco. No tanto como quisiera. Pero conozco Santa Marta, Medellín, Cartagena. Por ser una embajada tan chica debo concentrarme en lo que sucede en Bogotá, pero a medida que crezcamos podré descentralizar mi trabajo y conocer tantos sitios que deseo.

¿Cómo le fue de país invitado en el pasado Festival de Cine Europeo, toda una institución en Bogotá, Medellín, Pereira y otras ciudades?

La experiencia fue muy interesante y para mí muy positiva, porque se trataba de mostrar cine distinto al de Estados Unidos que es el que nutre en mayor medida la cartelera del país. En Dinamarca se está haciendo un cine de gran profundidad, tratando temáticas familiares sensibles en las que poco incursionan los directores norteamericanos.

¿Qué no le gusta de esta ciudad?

Me aburre el tráfico. Camino mucho y no utilizo el automóvil demasiado. No me gusta la manera como se maneja aquí, en donde no hay respeto ni por el peatón ni por los ciclistas. Aquí el peatón debe saltar, muchas veces estando el semáforo en verde, para que no lo vayan a atropellar. No hay respeto por el más débil en la calle: las personas que van a pie o en su bicicleta.

Myriam Bautista
Especial para EL TIEMPO