Las nuevas armas contra el 'copy-paste'

Las nuevas armas contra el 'copy-paste'

Maestros e instituciones educativas usan programas y herramientas tecnológicas para detectar plagio.

Las nuevas armas contra el 'copy-paste'
23 de agosto de 2015, 03:55 am

La profesora de gramática Martha Zambrano * no podía salir de su asombro cuando se dio cuenta de que el 30 por ciento de sus estudiantes de primer semestre de una conocida universidad de Colombia habían incurrido en plagio. Fue en un ensayo acerca de una obra literaria, y explica que para ‘pillar’ a sus alumnos lo único que tuvo que hacer fue poner entre comillas una frase textual de uno de los ensayos en Google. “Doy clases en primer semestre desde hace 10 años y tengo claro cuáles son las capacidades de mis alumnos. Por eso sospecho de un lenguaje que es muy preciso y técnico”, apunta.

Sin embargo, lo que esta profesora no sabe es que ya existen sistemas especializados que fueron creados para detectar los casos de plagio. Uno de ellos es Turnitin, la plataforma virtual más famosa del mundo que se dedica a esta labor. Ya está presente en 126 países, incluida Colombia, donde la mayoría de instituciones de educación superior ya lo implementan. (Lea también: Más de 300 detenidos por copia masiva durante exámenes en la India)

Esta herramienta se encarga de comparar las frases de los textos analizados con los publicados en 45.000 millones de páginas web. Luego, muestra las partes coincidentes y las fuentes de las que han sido tomadas. Según explicó el bibliotecólogo Wilson Colmenares a la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional, después de que el programa hace la comparación, se saca un porcentaje de autenticidad del trabajo, que permite valorar si ha ocurrido un plagio o no.

Así mismo, el software cuenta con un sistema de calificación de trabajos que integra a profesores y estudiantes en la revisión de los textos, con el fin de fomentar la producción y publicación legítima de obras académicas. (Lea también: ¿Por qué vivimos tranquilos con tanto plagio en la Red? Análisis)

En la web también hay páginas que se dedican exclusivamente a esta labor. Ese es el caso de Copy Tracker, que se puede descargar como aplicación para hacer la búsqueda. Pero si el plagio se hizo de otro idioma, no hay que preocuparse: para hacer esta detección, en cualquier lengua, está Plagium.com.

The Plagiarism Checker y Doc Cop también son útiles en esta tarea. Además, permiten comparar dos textos similares, con el fin de identificar un parafraseado indebido.

De otra parte, las universidades del país también se blindan contra el plagio mediante la imposición de acciones para generar un precedente. Estas pueden ir desde una sanción hasta la expulsión del alma máter. La Universidad de La Salle, por ejemplo, tiene un reglamento de propiedad intelectual que regula la producción de conocimiento dentro y fuera de la institución. Otras universidades desarrollaron programas pedagógicos para concientizar a toda la comunidad académica sobre las consecuencias morales y legales del plagio. Ese es el caso de la Uniminuto, con su proyecto No Al Frapla, que, según Bienestar Universitario de la institución, ha reducido el problema en un 25 por ciento.

En las universidades de La Sabana y Sergio Arboleda combaten esta conducta enseñando, desde el inicio de las carreras, cómo citar documentos y qué consecuencias tiene esta falta en la vida profesional.

Lo cierto es que todas estas herramientas y programas responden a una realidad: el plagio es un tema recurrente dentro del sistema educativo. Para la profesora Zambrano, estos hechos dan cuenta, como lo asegura un reciente estudio de la Universidad de las Islas Baleares, de que el fenómeno del copy-paste hace parte del ADN de los jóvenes de hoy, sobre todo entre aquellos que dejan todo para última hora.

De acuerdo con la investigación, esta práctica se hace bajo una modalidad que se denomina ‘collage’, que es la creación de un trabajo con fragmentos de varios textos sin hacer referencia a la fuente original.

En el estudio, el 81,3 por ciento de los encuestados dijo haber entregado un escrito con fragmentos copiados de páginas web, por lo menos una vez en el año académico. Igualmente, el 72,5 por ciento admitió haber copiado fragmentos de fuentes impresas sin dar el crédito debido.

Ante esta situación, Rubén Comas Forgas, coautor del informe, recomendó que los docentes supervisen el proceso en el que los estudiantes elaboran un trabajo académico. Pero ¿qué lleva a los estudiantes incurrir en esta falta?

Para Diana Cuy, trabajadora social y docente de investigación del Colegio Mayor de Cundinamarca, este fenómeno tiene varias explicaciones: los alumnos no citan fuentes bibliográficas porque no saben hacerlo y por pereza. “Ellos solo piensan en cumplir con su tarea, al costo que sea, por una nota o evitar un regaño”, señala. Y agrega que también incurren en esa práctica por presión social e inseguridad: “hay chicos que no creen en sus capacidades y les cuesta tener un sentido crítico frente a cualquier tema”.

Para los alumnos, la causa radica en la falta de tiempo. María Briceño *, estudiante de Derecho, asegura haber tenido que incurrir en esta falta debido a las múltiples responsabilidades que tiene. “Es imposible hacer todos los trabajos al tiempo y con buena calidad. Además, hay profesores a los que solo les interesa que tú hagas la entrega. De hecho, estoy segura de que no leen lo que nosotros hacemos”.

Una falta costosa

Las consecuencias de incurrir en el plagio no se quedan en el ámbito académico, también puede generar problemas de tipo legal, pues en Colombia esta falta es considerada un delito. Incluso, mediante el artículo 271 del Código Penal se establece que “la violación a los derechos patrimoniales de autor y derechos conexos incurrirá en prisión de cuatro a ocho años y en una multa de 2,6 a 1.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes”. Cuando la persona que cometió este delito afecta el prestigio de la empresa donde trabaja, el caso podría entrar en un proceso penal si la compañía decide denunciarla por daños y perjuicios.

Por todo esto, entre estudiantes y profesores, hay unanimidad en torno al hecho de que el plagio no tiene justificación y no debe subestimarse. El hecho de que hoy la tecnología se haya enfocado en crear ‘armas’ para combatirlo y restringir ciertas puertas que el acceso a la información abre es un indicador. Investigaciones como la citada, el análisis de expertos y desarrollos de software sugieren que es momento de prestarle más atención.

* Nombres cambiados por petición de las fuentes.

TATIANA LIZARAZO
Redactora de EL TIEMPO