Drogas y caos, ¿quién pone orden en el colegio Marco Fidel Suárez?

Drogas y caos, ¿quién pone orden en el colegio Marco Fidel Suárez?

Murió joven por intoxicación y hay denuncias de venta de drogas. Distrito no había recibido alertas.

Drogas y caos, ¿quién pone orden en el colegio Marco Fidel Suárez?
13 de agosto de 2015, 01:35 am

Cuando la madre de Santiago Isaac llegó al colegio vio a su hijo tendido en una mesa y, a su lado, a alguien intentando darle agua. No se movía, no respiraba, no respondía a ningún estímulo.

Un profesor desesperado tomó la decisión de llevar al joven al hospital. Allá arribó sin signos vitales. Hacerle una reanimación fue la medida extrema para lograr lo que, según los médicos, sería un milagro. Nunca ocurrió.
Santiago Isaac Sánchez Betancur tenía solo 14 años. Sus padres y hermano son de Antioquia y habían decidido vivir en Bogotá hace veinte años. “Yo trabajo en finca raíz y con carros y la mamá es ama de casa. Todo el tiempo pendiente de sus hijos”, dijo Santiago Sánchez, padre del joven.  (Lea: 'Él antes había fumado marihuana (...) la gente del colegio sabe')

Todos vivían en El Tunal en un conjunto cerrado. “Él era un niño tranquilo, juicioso. ¿Por qué nadie reacciona? Estamos mandando a nuestros hijos vivos al colegio y nos los entregan muertos”, dijo Sánchez, y aseguró que su hijo cumplía cuatro años estudiando en el colegio Marco Fidel Suárez, del barrio El Tunal. Cursaba sexto grado.

Los padres del adolescente sabían que el colegio tenía jóvenes con problemas. “A mí me daba pesar porque yo veía a niños muy mal vestidos, pobres, y a otros, sin medias, sin bañarse. Hijos de padres divorciados. Por eso lo íbamos a trasladar de colegio, porque él mismo nos contaba que allá vendían vicio y que en una ocasión le habían intentado robar el celular dentro del colegio”, contó Santiago.

También recordó la vez que su hijo llegó con dos amigos a la casa. “No me gustó la forma en la que hablaban, en la que miraban. Le prohibí que los volviera a invitar. Creo que esos dos estuvieron involucrados en lo que pasó porque un profesor me contó que el día del problema les habían cancelado la matrícula”.

La familia no entiende por qué, si toda la comunidad estudiantil sabía lo que pasaba, nadie intervino en el colegio. “La juventud está descompuesta. Los profesores sienten miedo de ser asesinados o chuzados por los estudiantes. Esa es la verdad, aunque suene dura”, dijo Santiago.

Estudiantes del colegio supieron de la desaparición de un extintor, del que habrían sacado el polvo que consumieron los intoxicados, el lunes 10 de agosto y que su contenido había sido vaciado en una botella de gaseosa. (Además: Joven muerto habría mezclado chirrinchi, marihuana y polvo de extintor)

Una de las estudiantes aseguró, al día siguiente, haber escondido el recipiente que contenía un extraño polvo azul. “Una amiga me dejó la maleta donde estaba la botella. Cuando la destapé, por curiosidad, esa tapa se disparó. A las 3:00, cuando vi a un estudiante salir en camilla, me asusté y le entregué la botella al profesor de biología”, relató la joven.
Los padres de Isaac no entienden por qué algunas estudiantes dicen que su hijo había fumado marihuana antes de inhalar el polvo del extintor y que era normal que en el colegio algunos jóvenes le agregaran bóxer a la mezcla venenosa. “Pasa siempre. Los dañados de los cursos hacen eso”, dijo otra alumna.

Lo cierto es que no es la primera vez que se presentan estos casos. Los vecinos del colegio dicen que en la jornada de la tarde siempre hay problemas. “El curso 6 IIII es el más pesado. Había muchos repitentes. A Isaac lo dañaron sus amigos. Aunque él no era muy estudioso, nunca había probado drogas. Este año, sus amigos lo presionaron para hacerlo”, dijeron compañeras de estudio.

Ruth González, una madre de familia, aseguró que el cuerpo docente se ha preocupado por los jóvenes, que citan a los padres a reuniones, pero que estos responden con agresividad a los llamados. Sin embargo, la familia de Isaac dice que nunca vieron algún llamado urgente del colegio frente a la situación. “En la última entrega de boletines me contó la profesora que los policías no venían porque los alumnos les rayaban las patrullas”, contó la mujer.

Este martes, la familia del joven estaba desconsolada, lidiando con los eternos trámites de Medicina Legal, recordando las últimas veces que habían visto a Isaac con vida, mientras que la Secretaría de Educación desplegaba su estrategia RIO para atender el caso y a las familias afectadas.

Los allegados de Isaac recordaban lo feliz que se ponía cada vez que viajaba a Medellín. “La mamá le decía que empacara ropa y bajaba era con sus tablas de 'skateboard' bajo el brazo”, dijo uno de sus tíos.

En Medellín, solía pasar Navidad y durar tardes enteras practicando su deporte favorito, saltando rampas, haciendo volteretas. Ese era el joven que conocía la familia, el que quedará en sus mentes para siempre.

¿Y entonces qué pasa en el Marco Fidel?

Óscar Sánchez, secretario de Educación

¿El colegio Marco Fidel Suárez estaba en sus reportes de vulnerabilidad por adicción?

Tenemos información muy detallada sobre cada colegio, sus entornos, la situación de las pandillas y consumo de drogas, entre otros. Este colegio no tiene los indicadores más críticos. No deberían estigmatizarlo.

¿Entonces qué pasa?

En Bogotá y en el país nos está costando trabajo controlar a las pandillas y al microtráfico: reclutan jóvenes para la distribución de estupefacientes. Esto desborda la capacidad de los colegios y de la Secretaría. Hemos invertido más de $ 130.000 millones en formación ciudadana y convivencia, en el aumento y capacitación de orientadores, y en la respuesta integral de orientación escolar (RIO), para emergencias.

Pudo haber errores en el colegio que ameritan sanción o investigación, pero quedarse en eso y no atacar la raíz del problema es no hacer nada.

¿Comparten la información sobre entornos y pandillas con la Policía para mitigar?

Lo hacemos, pero tenemos que trabajar más en la articulación de actividades entre las distintas entidades: ICBF, Policía, Secretaría de Salud, etc.

Triste antecedente

 

En mayo del año pasado circuló un video que, en su momento, conmocionó a las redes sociales. En las imágenes grabadas en celular por parte de un estudiante, se ve a un joven irrespetar y ultrajar a una profesora ante las carcajadas de otros compañeros. A la educadora, incluso, le gritan prostituta.

Ella trata de continuar la clase en un ambiente de caos, sin que dé mucho resultado. Hoy el caso vuelve a mencionarse porque, justamente, la escena es grabada en un aula del colegio Distrital Marco Fidel Suárez.

Piden que entidades se articulen

La proximidad a expendios de droga y la falta de autoridad de padres y colegios exponen a los jóvenes a adicciones, situación que tiene en alerta a expertos y autoridades. Ariel Ávila, experto de la Fundación Paz y Reconciliación, y quien hizo parte de la encuesta Clima escolar, señaló que “hay 28 colegios en situación crítica en cuanto a drogas, debido a su entorno, pues están cerca a ‘ollas’ (expendios de droga). Otros 22 están en observación”.

Según la encuesta, de 613 colegios –públicos y privados y de todos los estratos–, 612 tienen estudiantes que aseguran que se pueden conseguir estupefacientes cerca de la institución. “No es solo un problema del sistema educativo, sino que tiene que ver el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Policía. Hay que mejorar esa ruta de atención y garantizarles a los estudiantes el proceso de desintoxicación y la ayuda psicosocial”.

Para Rubén Darío Ramírez, director del Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (CEACSC), la política de seguridad 75 / 100 ha permitido acompañar los procesos de policía que los mismos alumnos y rectores han solicitado. “Ha servido en el control de los entornos para la captura de expendedores de droga y para la extinción de dominio de casas donde funcionan las ‘ollas’ cercanas a las instituciones”, agregó.

 

Según la coronel Olga Salazar, comandante de la Policía de Infancia y Adolescencia, 49 colegios han sido priorizados por la Secretaría de Educación, excluido el Marco Fidel Suárez, del que aseguran no han tenido reportes sobre consumo de drogas. Ávila indicó la jornada única que funciona en 100 de los 359 colegios del Distrito ha servido para ocupar el tiempo libre y mejorar la calidad de la educación, pero no para reducir el consumo.

Ricardo Cañón, personero distrital, criticó las debilidades en prevención. “Detectamos que el 49 % de estudiantes de colegios oficiales y el 17 % de los privados tienen adicciones. El problema de droga nos está ganando, por falta de sinceridad en reconocer el problema”.

* Escríbanos a carmal@eltiempo.com
BOGOTÁ