Acuerdo entre potencias e Irán revive debate sobre la amenaza nuclear

Acuerdo entre potencias e Irán revive debate sobre la amenaza nuclear

Las preocupaciones israelíes se acentúan por el papel que están jugando las potencias occidentales.

Acuerdo entre potencias e Irán revive debate sobre la amenaza nuclear
11 de agosto de 2015, 03:22 am

 En 1976 Irak adquirió un reactor nuclear francés bajo el argumento de hacer investigaciones en energía nuclear a pesar de sus ingentes reservas de petróleo.

Los franceses explicaron las “buenas intenciones” de los iraquíes que apenas tres años antes habían apoyado a Egipto y a Siria en la guerra del Yom Kippur contra Israel, pero el país judío reaccionó en 1981 tras la llegada de Saddam Hussein, quien agudizó el baazismo antisraelí. El 7 de junio de ese año, en un ataque sorpresa, aviones israelíes bombardearon el reactor nuclear de Osirak a menos de 20 kilómetros de Bagdad, en lo que se conoce como la Operación Opera u Operación Babilonia.

Hoy Israel se siente amenazado por otro enemigo histórico, Irán. Una vez más las preocupaciones israelíes se acentúan por el papel que están jugando las potencias occidentales, o por lo menos eso es lo que asegura el primer ministro Israelí. Benjamín Netanyahu ha rechazado enérgicamente el acuerdo del P5+1 (los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: China, Francia, Rusia, EE.UU y el Reino Unido, ganadores de la Segunda Guerra Mundial, más Alemania) con Irán, por considerarlo una oportunidad para que el país chiita alcancé sus propósitos belicistas. Los defensores del acuerdo dicen que, por el contrario, se ha cerrado el camino para que Irán pueda tener armas nucleares, en concreto, advierten que se han puesto todas las condiciones para que no pueda enriquecer uranio a más del 90 %. (Las claves del acuerdo)

El debate está abierto y los apoyos y objeciones están en buena medida basados en la futurología, en lo que se piensa que podría pasar. Por ejemplo, en EE. UU el senador Chuk Schumer, demócrata de Nueva York (para que no digan que es el típico delirio republicano), ha advertido que Irán podrá obtener armas nucleares diez años después del acuerdo y que las inspecciones acordadas no podrán ser exigidas por EE. UU sino por el bloque negociador, lo que en la práctica significa que esas y otras pretensiones serán bloqueadas por China o Rusia.

Lo que sí está claro es que el acuerdo, basado en la buena fe de Irán y sus aliados del Consejo de Seguridad, se firmó con un régimen heredero del tristemente célebre Ruhollah Jomeini quien en el clímax de la Revolución Islámica pedía la aniquilación de Israel, una petición que recogió el anterior presidente Mahmud Ahmadinejad con su famosa sentencia: “Israel debe ser borrado del mapa. Todo el que reconozca al régimen sionista arderá en el fuego de la furia de la nación islámica”.

Hoy Jomeini se llama Jamenei y nada ha cambiado en el régimen de los ayatolás que aglutinan a las masas con el discurso de odio al Occidente ingenuo que ahora les tiende la mano.

Irán no iba a firmar un acuerdo que lo pusiera en desventaja frente a Israel, y Rusia y China no iban a entregarle en bandeja a sus rivales occidentales al principal aliado que tienen en Medio Oriente. Merkel, Cameron y Hollande han caído en el juego, que tan caro le ha salido a Europa antes, de apaciguar a los enemigos con negociaciones tan generosas como arriesgadas.

Obama, en la recta final de su gobierno, le da la espalda a sus aliados tradicionales para hacer cambios de última hora en la política exterior de EE. UU, tal como esperan desde hace siete años los neo hippies que con júbilo mesiánico abrazaron el “Yes, we can” como si se tratara de una nueva era de concordia global (eso incluye a los que en Oslo le regalaron el Nobel de la Paz).

¿Qué puede hacer Israel para defenderse si el acuerdo no garantiza el fin de la amenaza nuclear iraní? La posibilidad más extrema sería una nueva Operación Babilonia en la que Israel bombardee las instalaciones nucleares de Irán sin consultar a nadie, pero las condiciones no son las mismas para el éxito de una acción de ese tipo pues, por ejemplo, ya no se cuenta con el factor sorpresa que hubo en 1981. De hecho Ahman Vahidi, quien tenía el cargo equivalente al de Ministro de Defensa –y quien es uno de los 8 iraníes con orden de captura de Interpol por el atentado contra la AMIA judía en Buenos Aires en el que asesinaron a 85 inocentes–, advirtió en 2012 que cualquier ataque contra las instalaciones nucleares de Irán significaría la aniquilación inmediata del Estado hebreo.

Las opciones de Israel son pocas por la vía militar, considerando, además, que el poder de respuesta iraní no lo tenía Saddam Hussein en sus primero años de gobierno cuando el reactor Osirak fue destruido.

Israel debe hacer gala de su capacidad diplomática y su cercanía con importantes sectores en EE. UU. Primero deberá presionar la decisión del Senado norteamericano de mayoría opositora pero que necesita 60 votos de 100 para rechazar el acuerdo y evadir el veto presidencial.

También puede apoyar la campaña de un inquilino republicano para la Casa Blanca en 2016. Todo esto no a través de la acción directa del Estado de Israel –ya ha dicho Obama que la interferencia de Netanyahu en los asuntos de EE. UU no tiene precedentes–, sino en con el apoyo de los sectores norteamericanos –judíos o no– interesados en que el Estado hebreo recupere a su aliado más poderoso.

CRISTIAN ROJAS GONZÁLEZ
Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana