El ascenso de Alemania Nazi

El ascenso de Alemania Nazi

¿Cómo el régimen nazi pudo preparar a Alemania para emprender una guerra de tal magnitud?

notitle
02 de agosto 2015 , 09:34 p.m.

Alemania fue derrotada en La Primera Guerra Mundial (1918). Los vencedores, con Francia a la cabeza, le impusieron reparaciones con el Tratado de Versalles, tres veces el valor de todos los activos alemanes (Ellen Brown).

Sobre las condiciones leoninas de este tratado, John Keynes alertó a Europa y al mundo entero en Propuestas para la Reconstrucción de Europa (1919): ¡“Que el cielo nos salve a todos! Si nosotros aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de Europa Central (Alemania), la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará”.

Efectivamente, las predicciones de Keynes, con el surgimiento del régimen nazi de Adolf Hitler sobre las cenizas de la crisis del 30, se cumplirían, con la subsiguiente guerra que desató sobre sus enemigos, como un demonio apocalíptico, a partir de setiembre primero de 1939.

Todo esto es conocido, pero se sabe poco sobre cómo el régimen nazi pudo preparar a Alemania para emprender una guerra de tal magnitud. Las condiciones alemanas eran limitadas, debido a las prohibiciones impuestas al endeudamiento del Gobierno.

Sin embargo, ello fue posible debido a las políticas económicas que Hjalmar Schacht, nombrado por Hitler Presidente del Banco Central (Reichsbank), primero, y Ministro de Economía, después, implementó para poder financiar el déficit del gasto público, al oscurito primero, y luego, con los gobiernos aliados, mirando hacia otro lado.

Cuando Hitler asumió el poder en 1933, la situación de los alemanes era desesperada y la economía estaba en una fuerte recesión: El desempleo había pasado de 1,5 millones en 1929 a 6 millones en 1933, y la producción industrial de 1932 era la mitad de 1931 (Mike Whitney).

Para combatir el desempleo y la recesión se emprendió un programa de inversión en obras públicas, entre ellas la famosa Autobahn, una extensa red de autopistas, y primera en su género en el mundo (EB). En menos de dos años, Hitler, o mejor Schacht, había creado 5 millones de empleos, entre 1933 y 1935, y la economía creció a tasas de 8-10 % después de 1933 hasta 1938. La inflación se mantuvo baja, con control de precios y salarios (Phil Pilkington). Aunque son políticas que algunos reclaman keynesianas, solo en 1936 se publicaría la Teoría General, todo era producto de la intuición del genio de Schacht.

Entre los productos financieros, sin las limitaciones del patrón oro, abandonado en 1931 por Alemania, utilizados por Schacht están los Mefo-Bills, bonos emitidos por los contratistas de armamentos a nombre de una compañía de responsabilidad limitada, Metallurgische Forschungsgesellschaft (Mefo), una empresa de fachada, que eran descontados por los bancos privados, que a su vez los descontaban en el Reichsbank, creando dinero, sin necesidad de recurrir a la banca, nacional o internacional por préstamos. Igualmente, se utilizaron los Certificados Laborales del Tesoro, para pagar a los trabajadores en obras públicas (EB).

El orgullo alemán fue restaurado. La prosperidad que le siguió hizo de Hitler un gobernante exitoso, popularidad que utilizó para sembrar muerte y destrucción, que nunca podrá ser olvidada.

Por su parte, Michael Kalecki señala que durante “la gran depresión de la década de 1930, las grandes empresas se opusieron constantemente a los experimentos para aumentar el empleo mediante el gasto público en todos los países, con excepción de la Alemania nazi” (Aspectos políticos del pleno empleo, 1943).

Igual situación se repite en la Europa actual, con políticas de austeridad, desempleo y pobreza, para aplacar el apetito desbordado de ganancias financieras, mientras la derecha hace avances políticos importantes reclamando la soberanía nacional, en manos de la Troika. Sin embargo, la izquierda se ha quedado sin propuestas, como en Grecia, encadenada al euro, sin que la unión fiscal y política avance, y una Alemania que impone lo que quiere.

Grecia no puede emitir para sufragar el déficit público ni tampoco devaluar la moneda, como si fuera un gobierno local, desprovisto de soberanía: “La libertad definitiva del mercado de dinero existe en cada estado nacional soberano, en donde exista una institución que funcione como un banco central, y cuya moneda no es convertible en oro u otro metal (…) Por lo tanto, el gobierno federal de los EE. UU. tiene libertad del mercado de dinero para resolver sus necesidades financieras” (Beardsley Ruml, Presidente de la Reserva Federal de NY, 1941-1946). Eso ha hecho la Fed con las operaciones de flexibilidad cuantitativa (QE), después de la crisis de 2008, pero para salvar las finanzas, no la inversión y el trabajo.

En este sentido, la ortodoxia económica que se sigue en el resto del mundo, al igual que en Colombia (Banrepública), es todavía anterior a Schacht, bajando la bandera de la soberanía monetaria y fiscal ante los intereses financieros internacionales. El resto de soberanías se comprometen con los TLC y los tratados de inversión.

PD: Me equivoqué en Alemania ingrata y desalmada: Le di el título de presidente a Herbert Hoover, siendo expresidente, quien sí pidió, como lo afirmé, la suspensión del Plan Morgenthau (Hoover's Report n.° 3, March 18, 1947).

Guillermo Maya