La Procuraduría tiene frenada la aplicación del fallo sobre adopción

La Procuraduría tiene frenada la aplicación del fallo sobre adopción

Pareja que motivó la decisión de la Corte Constitucional todavía no tiene certeza sobre el caso.

La Procuraduría tiene frenada la aplicación del fallo sobre adopción
2 de agosto de 2015, 01:51 am

A 11 meses y cuatro días del histórico fallo de la Corte Constitucional que autorizó la adopción gay en caso de que uno de los miembros de la pareja homosexual solicitante sea madre o padre biológico del niño al que se quiere amparar, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) no ha podido definir el caso de Verónica Botero y Ana Elisa Leiderman, que motivó la sentencia del alto tribunal.

Un recurso interpuesto por la Procuraduría motivó la intervención de un juez de familia, que será el que decida sobre la solicitud de la pareja de Medellín, informó Eduardo Franco, subdirector de adopciones del ICBF.

La incertidumbre por la seguridad jurídica de su familia sigue habitando el hogar de estas mujeres, quienes una semana después del fallo de la Corte volvieron a radicar sus papeles en el ICBF, que años atrás había rechazado su solicitud en el mismo sentido. (Lea: 'Parejas del mismo sexo deben adoptar sin limitaciones': Minjusticia)

El Instituto le reconoció a este diario que, luego de la sentencia de la Corte, inició las acciones pertinentes a la solicitud, que normalmente demora 125 días (cerca de 17 semanas); sin embargo, hubo una intervención de la Procuraduría, que exigió que este caso lo resuelva directamente un juez de familia.

“Tenemos entendido que el caso continúa en manos del juez, según reporta la regional de Antioquia, y por el momento no podemos actuar”, precisó Franco.

Para Botero y Leiderman, más allá de los intríngulis jurídicos, lo primordial es tener la seguridad de que si Ana –madre biológica de los dos niños que están criando juntas– llega a faltar, Verónica pueda tener la patria potestad de los pequeños.

Por esto han dado la pelea durante seis años, cuando, después de regresar al país, la pareja quiso registrar a Raquel –nacida en Medellín–, pero solo les permitieron que llevara los apellidos de Leiderman.

Buscando una alternativa, acudieron a la figura de la adopción consentida, que contempla que el cónyuge adopte al hijo del otro.

Vida de madres

Durante este tiempo de batallas jurídicas, nació Ari y han sido una familia normal, con rutinas diarias y afán de educar a sus pequeños.

Para vivir bien, uno necesita saber que va a llegar bien a casa, confiar en que las personas que están con uno no lo van a dejar”, dice Ana. (Además: La otra demanda sobre adopción gay sin límites que lucha en la Corte)

No tienen claro qué va a pasar y aunque dicen que no es un pensamiento constante, sí les causa intranquilidad, porque la familia de Ana vive en Estados Unidos y si ella falta no podrían hacerse cargo de los niños de forma inmediata.

Para Ana, lo más frustrante es que Verónica, que ha estado involucrada desde siempre en el proceso de crianza y que ama a los dos pequeños, no pueda tener los mismos derechos sobre los niños, simplemente por ser del mismo sexo que su pareja.

PAOLA MORALES ESCOBAR
Corresponsal de EL TIEMPO
@paoletras
MEDELLÍN