La homeopatía y las brujas

La homeopatía y las brujas

La homeopatía no hace milagros, pero armoniza el ser. Entonces, bravo por su reglamentación.

La homeopatía y las brujas
29 de julio de 2015, 12:13 am

Tuve dos abuelos médicos, tengo un hermano y muchos amigos médicos, así que la medicina occidental o alopática me ha acompañado toda la vida. Puedo decir que aún creo en ella, en los progresos de la ciencia, de la farmacología y en la relación médico-paciente (y no en la perversa relación médico-pantalla del computador, que se ha vuelto tan común).

Sí, la manera como un paciente construye su historia de enfermedad y su posible sanación es probablemente uno de los elementos más importantes de la medicina. La razón es así una de las herramientas, entre muchas otras, que nos permiten dar sentido a nuestras vidas. Pero no la única. Además, no olvidemos que también a nombre de la razón hemos cometido muchas barbaridades.

Traigo a colación todo esto a raíz del artículo del hoy candidato a la Federación de Cafeteros, Luis Guillermo Vélez, quien escribió la columna ‘Ya reglamentamos la homeopatía. Faltan los hechizos y las escobas voladoras’ (Silla Vacía, junio del 2015). Me temo que la razón no explica todo. Y mucho menos en la medicina. Y, al contrario que al doctor Vélez, me parece muy razonable el decreto 1229 del Ministerio de Salud, que reglamenta la distribución y venta de medicamentos homeopáticos en nuestro país. Y si, como lo dice el artículo, el principal componente de la homeopatía es agua diluida en agua, entonces tranquilo, doctor Vélez, la homeopatía no arruinará nuestro sistema de salud.

En fin, quisiera contar mi experiencia. Yo, una mujer cartesiana, y por consiguiente razonable, que también conversa con las brujas, pues, siendo mujer y feminista, recomienda a menudo a las mujeres que dejen hablar a la pequeña bruja interior que todas tenemos adentro y que ha sido tan reprimida por hombres como usted, doctor Vélez. Y no se imagina lo que hemos logrado; pero volvamos a mi experiencia. Colon irritable y digestión difícil: dos síntomas complejos que la medicina occidental ha tenido muchas dificultades en curar. Y tuve la suerte de encontrarme, hace muchos años, a un médico de la Universidad Nacional, Fernando González, quien estuvo varios años en China y se especializó en acupuntura, moxibustión y anestesia acupuntural. Un médico que dialoga con la medicina alopática, pero que tiene un extraño, cálido y razonable poder de convicción con relación a estas otras medicinas, a la acupuntura y la homeopatía. La primera, de origen chino, vieja de unos 5.000 años, ya no tiene nada que probar y sí mucho para enseñar a nuestra medicina hipocrática, que tiene solo unos 2.500 años; la otra, la homeopatía, solo con unos 200 años de tradición, se basa en el principio de una curación por ley de semejanza, es decir que utiliza sustancias que en sujetos sanos y en mayores dosis producen síntomas semejantes a los que padece el enfermo.
Consiste en administrar al paciente dosis mínimas y dinamizadas del remedio semejante.

Como paciente, y les puedo asegurar que desde que la nux vomica y el natrum sulph me acompañan, así como algunas sesiones de diálogo-acupuntura al mes, he dejado de consultar tanto a los gastroenterólogos y de tragar miles de fármacos. Por supuesto, sin fundamentalismos, sin cegueras en relación con nuestra vieja y buena medicina occidental, y sin olvidar ese diálogo tan sanador de la medicina con sus pacientes. Y para terminar quiero enfatizar: ni la acupuntura ni la homeopatía hacen milagros. Armonizan el ser e incluso contribuyen a que los tratamientos de la medicina alopática hagan lo suyo de manera más efectiva. Entonces, bravo por el decreto 1229, por las brujas y sus escobas voladoras.


Florence Thomas

Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad