¿Cuál es la cuota colombiana para evitar el cambio climático?

¿Cuál es la cuota colombiana para evitar el cambio climático?

El país se comprometerá a reducir sus emisiones en 20 % para el 2030.

¿Cuál es la cuota colombiana para evitar el cambio climático?
25 de julio de 2015, 01:34 am

En la carrera global por salvar al planeta de un aumento acelerado de su temperatura, Colombia ya dio a conocer su apuesta para los próximos 15 años: se trata de la reducción de un 20 por ciento de las emisiones de gases contaminantes que se emitan al 2030.

Esta propuesta, que se radicará ante Naciones Unidas en las próximas semanas y será la carta de presentación del país en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en París, en diciembre de este año, hará parte de la decisión global que busca evitar que la Tierra aumente su temperatura en más de 2 grados centígrados de aquí al 2050.

¿Cómo será la contaminación por gases en los próximos 15 años? ¿Cómo cambiará el clima del país si siguen nuestras industrias tal y como operan hoy? Y, especialmente, ¿qué puede hacer Colombia sin sacrificar el crecimiento económico de la última década? Tales son algunas de las preguntas que quedaron luego de que el presidente Juan Manuel Santos dio a conocer este indicador esta semana.

Expertos consultados por este diario coinciden en un punto: esa meta trasciende la esfera ambiental y propone un punto de giro sobre cómo se está dando el desarrollo sostenible del país y cuál será el nuevo modus operandi de la industria y el comercio.

“Es una decisión que tendrá efecto en las próximas dos décadas y que determinará la vulnerabilidad del país, especialmente en sus costas, la altillanura y la Amazonia”, explica Gonzalo Duque, profesor de la Universidad Nacional e investigador del cambio climático en el país.

El informe, que presentará Colombia, hace parte de la renovación del Protocolo de Kioto, firmado en 1997 y que comprometió a cerca de 30 países industrializados, por ser los más contaminantes, a reducir sus emisiones. Sin embargo, con los avances científicos de las últimas décadas y los informes del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, ya es conocido que se siguen teniendo años más calurosos (de hecho, este mes ha sido el de temperatura más elevada en los últimos 70 años, según la Nasa) y que la participación de los países en desarrollo es cada vez más importante. Es decir, ya los países grandes no son los únicos responsables.

Por eso desde el 2013, luego de la reunión anual de Naciones Unidas por el Cambio Climático en Varsovia, se determinó que cada país, con su propia autonomía, debía determinar lo que podía contribuir, y a eso se le denominó los INDC (Contribuciones Previstas y Determinadas a Nivel Nacional).

Hasta el momento 48 países, de los 195 de la convención, han presentado sus INDC, y en América Latina solo México lo ha hecho. Colombia, Perú y Chile las han empezado a dar a conocer. Según estas propuestas, por ahora nuestro país es el del indicador menos ambicioso de toda la lista, y también frente al 22 por ciento del país manito y el 25 y 30 por ciento que están contemplando las otras naciones latinoamericanas.

¿Por qué 20 %?

Hoy, el país es responsable del 0,46 por ciento de las emisiones en el mundo, cifra que ha aumentado casi un punto en seis años, y la deforestación es el principal causante de este impacto. Actividades como la agricultura, la ganadería y otros usos del suelo son los responsables del 39 por ciento de la problemática. Además, estudios climáticos, como el que realizó hace un par de meses el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, demuestran que somos vulnerables a las fluctuaciones de la temperatura.

En ese contexto, ¿qué tanto le puede aportar Colombia, con sus condiciones de país en crecimiento y con un conflicto armado de más de cinco décadas, al clima del mundo?, fue la pregunta inicial de un grupo de 12 expertos de la Universidad de los Andes y de otra decena de funcionarios de la Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono (ECDBC).

Desde el 2012, ya se había empezado a trabajar en los pactos sectoriales con ocho ministerios para que comenzaran a ejecutar acciones más sostenibles que redujeran las emisiones de seis tipos de gases que causan el efecto invernadero: dióxido de carbono, metano, óxido de nitrógeno y los químicos refrigerantes.

Pero desde enero de este año se empezaron a hacer modelaciones sobre cómo serían las emisiones del país en 15 años si la industria, el comercio y otros sectores continuaran operando como hoy lo hacen, algo conocido en inglés como business as usual. Esto dio una cifra de 330 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente.

De esta cifra es que se pretende reducir el 20 %, es decir, disminuye a 264 millones. “El país va a seguir aumentando sus emisiones, pero lo que se quiere es que no sea un crecimiento tan intenso y desmedido”, anotó José Manuel Sandoval, coordinador de la ECDBC.

Los investigadores lograron construir tres escenarios para decidir cuál era el mejor para el país: uno de reducciones del 12,5 por ciento, que era el más “sencillo” en términos de inversión; el de 20 por ciento, que implicaba un esfuerzo medio, y el de 25 por ciento, que requería mayores cambios en la economía.

En una explicación más simple, la dificultad de cada caso sería así: por ejemplo, en un sistema de transporte público, en el primer escenario, con la misma gasolina con la que hoy se transporta a 100 pasajeros en un bus, ahora se tendría que llevar a 112,5 personas, y la inversión técnica sería mínima; en el segundo, se movilizaría a 120 y eso implicaría adicionar un vagón eficiente para gastar igual cantidad de combustible; y en el tercero, la compañía tendría que transportar a 125 pasajeros y debería modificar por completo sus buses para crear un diseño innovador que les permita meter ese número de ciudadanos.

Pasaría igual en tema de las basuras que se producen a diario. En la primera propuesta se harían algunas acciones de compostaje y reciclaje, en la segunda se comenzaría a aprovechar el metano que producen los residuos para energía y en la tercera prospectiva se eliminarían por completo los rellenos sanitarios, como hoy sucede en algunas ciudades europeas, donde todo se reutiliza y aprovecha.

¿Por qué no escoger el escenario más beneficioso para el medioambiente? La respuesta, según una de las líderes de la investigación, la profesora Ángela Cadena, de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de los Andes, es que escoger la reducción de un 25 por ciento implicaba casi doblar las inversiones que tenían que hacer las empresas y solo obtener un 5 por ciento más de beneficio.

"Encontramos que el escenario del 20 por ciento es el óptimo, porque invertías menos y ahorrabas más energía, emisiones y dinero", señaló la investigadora.

Además, se evaluaron otros factores como la posible baja del boom minero-energético en los próximos diez años, las necesidades que tiene el país con relación al posconflicto y otras políticas públicas apremiantes.

Según Alba Milena Ruiz, otra experta del ECDBC, también se tuvo en cuenta que en el escenario menos ambicioso ninguna de las medidas sobrepasa los 30 dólares por tonelada emitida; en el segundo, algunas están cercanas a este valor, y en el tercero, ya ciertas acciones sobrepasan los 100 dólares que tendría que invertir un empresario para ser más amigable con el ambiente.

Sin embargo, estos valores son relativos. Ricardo Delgado, estudiante de doctorado de los Andes, quien también ha analizado el modelo, explica que el 60 por ciento de las 85 medidas que plantea el Gobierno a cada sector productivo para reducir su impacto son gratuitas, es decir, dependen del ahorro y de lo eficiente que quiera ser cada industria.

¿Se puede cumplir?

Aunque todavía no ha habido pronunciamientos oficiales de gremios de economía como la Asociación Nacional de Empresarios e Industriales (Andi), la Federación Colombiana de Ganaderos o la Asociación Colombiana de Petróleos (ACP), ya se han rumorado inconformidades de los gremios con esta nueva meta por las inversiones que tendrían que hacer en sus sectores.

La realidad es que llevar tal plan a acciones concretas no es una tarea sencilla. Para la investigadora Cadena, hoy la noticia no se recibe tan bien por la misma situación económica del país y por la inercia que en general golpea a la región. Incluso señala que hay cierto “confort” de los industriales y empresarios para cambiar sus formas de producción.

Sin embargo, insiste en afirmar que en general todas estas acciones en el futuro serían positivas para la economía y que también conllevarían beneficios sociales y ambientales para los ecosistemas y ciudades.

También hay dudas sobre cómo financiar las acciones de mitigación. “Se tiene que organizar una política de financiamiento climático, que podría estar inserta en una ley de cambio climático posible de tramitarse en el país”, propuso José Manuel Sandoval, de la ECDBC.

Además de reducir las emisiones, el país también presentará en París cinco estrategias para adaptarse al nuevo panorama climático. Entre ellas, que se tenga información clara sobre si en este camino que comienza a andarse se cumplen las acciones y, en efecto, estas sí tienen impacto en el clima en las próximas tres décadas. De esto dependería el futuro.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Redactora de Medioambiente