Eyaculación precoz

Eyaculación precoz

Las circunstancias en la discusión pública tienen ese determinante: nadie se aguanta las ganas.

Eyaculación precoz
13 de julio de 2015, 01:53 am

Las relaciones de pareja sufren efectos devastadores como consecuencia de la disfunción conocida como “eyaculación precoz”. Se trata de la incapacidad crónica de aguantarse las ganas hasta el momento que corresponde. Según los expertos, cerca de un tercio de los hombres sufren de ese mal. En aras del bienestar de las familias, gracias a Dios, hoy existen tratamientos y terapias exitosas que les permiten a las parejas dejar atrás esas dificultades. No nos corresponde meternos en terrenos de esa índole, pero dicho síndrome nos recuerda cómo funciona la política en Colombia.

Desafortunadamente, nadie se ha inventado una cura efectiva cuando es la democracia la que sufre de eyaculación precoz. La política colombiana es un ejemplo de ese mal. Las circunstancias que están rodeando el devenir actual de la discusión pública y el actuar institucional, en el fondo, tienen ese determinante: nadie se está aguantando las ganas.

Las ganas de figurar, de posicionarse, de protagonizar han creado fisuras dentro del Gobierno. Es legítimo que varios de los ministros del gabinete y el señor Vicepresidente tengan ganas de poder. El problema no es ese. Es que empezaron antes de tiempo. En lo que se equivocan es en creer que ya les llegó el momento cuando el Gobierno está todavía, en la práctica, en el comienzo de su mandato.

El país va a quedar muy insatisfecho con estos personajes si por su precocidad descarrilan la agenda de cambio social y la búsqueda de la paz, que, como lo muestran las encuestas, tienen una inmensa acogida. La mejor forma de llegar a la cúspide es aguantarse y dedicarse a complacer a Colombia. Estos amigos dentro del Gobierno no podrán liberarse –por más que quieran– del juicio que emita el pueblo sobre el desempeño gubernamental.

No es solo un problema del Gobierno, también lo es de los partidos. Todos los líderes provenientes de la orilla política tienen inmensas, y prematuras, ganas de tomarse los partidos para tener una plataforma organizacional, estatutaria y presupuestal para acomodar sus ambiciones. Por ejemplo, la reciente ofensiva contra el Partido Liberal realmente lo que esconde son pasiones inconfesables y aspiraciones ocultas. Se trata de abanderar una supuesta depuración para desarticular y dividir al liberalismo para el 2018. Ya hay quienes están trabajando en volver al liberalismo el portaviones donde aterrice Vargas Lleras. Esa idea no es que sea mala. Es que es apresurada.

El problema de la eyaculación precoz en política es aún más grave cuando afecta la cabeza de las instituciones que tienen serias responsabilidades en el cumplimiento de las obligaciones que les impone la Constitución en defensa de la sociedad –con ponderación, ecuanimidad y mesura–. Por ejemplo, son inocultables las ganas excesivas del señor Procurador, las cuales, evidentemente, le cuesta un gran trabajo contener, de hacer política en tono presidencialista desde el privilegiado púlpito institucional que le otorgó el Congreso. En vez de entrar a culminar su labor con éxito, que, a pesar de sus desviaciones dogmáticas y religiosas, tiene elementos bien rescatables, ha preferido no aguantarse las ganas y entrar en la baraja de la derecha.

El oscuro objeto del deseo de la política colombiana es la paz. Todos le tienen ganas, por una razón o por la otra. Pero si los actores de la política colombiana, frente a la posibilidad de contribuir a consumar un acuerdo, prefieren desempeñarse como eyaculadores precoces, esa bella dama se irá espantada para no regresar. Y Colombia no les perdonará otra frustración más.

Díctum. Con el manejo que le dio China a la caída de sus bolsas, confirma que sigue siendo un capitalismo de papel.

Gabriel Silva Luján