Acelerar negociación, imperativo ante nuevo escenario de guerra

Acelerar negociación, imperativo ante nuevo escenario de guerra

Contrario a lo que esperaban las Farc, sus acciones armadas aumentaron la presión sobre el proceso.

Acelerar negociación, imperativo ante nuevo escenario de guerra
20 de junio de 2015, 11:51 pm

La norma de que lo que pasa en el campo de batalla en Colombia no puede afectar las negociaciones de paz en La Habana, y que incluso en momentos de alta tensión ha sido respetada por el Gobierno y las Farc, comienza a verse rebasada por la presión de la opinión pública en Colombia.

A estas alturas de la negociación –dos años y medio después–, parece imposible para las partes abstraerse del impacto que provoca en la sociedad una escalada guerrillera como la que ha vivido el país en las dos últimas semanas.

La muerte de un joven en Nariño en una emboscada contra policías, los tiros de gracia contra un coronel y un patrullero en el mismo hecho, el daño ecológico por el derrame de crudo en Putumayo, Nariño y Norte de Santander, y los afectos sobre varias poblaciones que quedaron sin agua y sin luz por los ataques de las Farc han perturbado de tal manera a los colombianos, que acabaron por generarles un nuevo contexto político a los diálogos de paz.

Al colombiano de a pie, que nunca ha entendido la lógica de negociar en medio de la guerra, ahora se suma la exigencia de amplios sectores políticos, de diversas corrientes ideológicas, para que las Farc paren el daño y para que se acelere la negociación en La Habana.

De hecho, la Alianza Verde, partido que ha respaldado sin reservas el proceso de paz, habló esta semana de incluir en las elecciones regionales del 25 de octubre una papeleta que le ponga plazo concreto al proceso de paz: el 9 de abril del 2016.

En medio de esta coyuntura, y fiel a la lógica de la negociación, el presidente Juan Manuel Santos se ha ratificado en que hará la guerra en Colombia como si no hubiera proceso de paz y dialogará en La Habana como si no hubiera combates aquí.

En la estrategia de negociación del Gobierno, esto significa que mantendrá la ofensiva militar mientras no firme con las Farc el fin del conflicto.

En otras palabras, que esta guerrilla no lo va a arrastrar al cese bilateral del fuego que ha pedido desde el comienzo y en el que ha insistido en medio de su propia escalada militar, si este no es definitivo.

“No se equivoquen”, “el único camino posible es acelerar las conversaciones y llegar pronto a unos acuerdos”, les respondió Santos a las Farc.

Tanto la arremetida guerrillera como la respuesta del Gobierno eran hechos previsibles desde el 22 de mayo, cuando las Farc anunciaron la suspensión de la tregua unilateral por la muerte en un bombardeo de 26 de sus integrantes, entre ellos uno que hizo parte de la negociación del acuerdo sobre fin de cultivos ilícitos.

Era además esperable que las Farc concentraran sus ataques en la infraestructura, pues desde su punto de vista los golpes a la economía podían ejercer una presión mayor sobre el Gobierno y obligarlo a desescalar la ofensiva militar contra el grupo guerrillero.

Pero lo que ha ocurrido es que los efectos de los atentados sobre los civiles han acrecentado la ola de presión para que se acelere la negociación de La Habana. Algo a lo que, al menos públicamente, se han resistido las Farc.

Es decir, cada vez es más gente la que les exige mayor celeridad en el proceso, cuando seguramente le apuntaron a que sus ataques llevarían a más colombianos a pedir con ellas el cese bilateral del fuego.

La diferencia

El problema con este punto es que las Farc no han sido claras en responder si en este momento del proceso de paz le apuestan al cese del fuego bilateral y definitivo, y no a uno indefinido.

Un cese bilateral indefinido ha sido su planteamiento desde el inicio de las negociaciones, pero el riesgo de este es que se puede terminar en cualquier momento, como ya ocurrió con la tregua unilateral que declararon en diciembre pasado.

Para el Gobierno, el cese bilateral del fuego debe ser definitivo, pues es el que abriría la puerta al fin del conflicto con las Farc y a la dejación de las armas.

Y esto, como es obvio, no va a ocurrir antes de que se defina totalmente el punto de víctimas.

Ya se avanzó en este tema con la recién acordada Comisión de la Verdad, pero queda por resolver el tipo de reparación que tendrán las víctimas de la guerra y la fórmula judicial que se aplicará a los jefes de las Farc involucrados en delitos graves. Ahí está la discusión.

Pero más allá de la diferencia entre las partes sobre el tipo de cese bilateral del fuego, la mesa de diálogos debe hacer frente hoy, con realismo, a la presión política, ciudadana y de la opinión pública para apurar la negociación.

Iván Cepeda, senador del Polo, lo dice claramente: “Se debe acelerar el proceso. Si no se actúa de manera rápida, se puede perder esta oportunidad de paz”.

El hecho es que de no darse mayor celeridad a los acuerdos de paz, el apoyo a los diálogos –que ha caído desde la ruptura del cese unilateral del fuego– puede resquebrajarse aún más y conducir a un escenario que complique su continuidad.

Si bien el presidente Santos dijo hace unos días en Oslo y después en Colombia que seguirá buscando la paz porque fue el mandato que recibió de sus electores, esa determinación política puede verse obstaculizada si el país se vuelca contra los diálogos.

Esa es la realidad con la que tienen que lidiar las Farc, y por eso es imperativo que atiendan las señales de la sociedad colombiana y de dirigentes políticos que se la han jugado a fondo por el proceso de paz.

Gaviria pide facultades especiales para Santos

El expresidente César Gaviria se declaró partidario de que al presidente Juan Manuel Santos se le den facultades especiales para implementar los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc en La Habana.

El exmandatario liberal aseguró que esa facultad para el Presidente es necesaria para que los diálogos con las Farc se puedan llevar a buen término y que la posibilidad de la paz no se pierda.

En muchos frentes necesita facultades. En materia de Justicia Transicional, porque los no combatientes no están incluidos, porque los temas de máximos responsables son complicados en las Fuerzas Armadas”, manifestó.

Gaviria precisó, además, que con estas facultades extraordinarias necesarias para el Jefe de Estado, incluso, podría acoger la propuesta del senador Álvaro Uribe de implementar zonas de concentración para las Farc.

El dirigente liberal también dijo que se necesita avanzar en los temas de representación política, y en una norma legal para crear la Comisión de la Verdad.

Marisol Gómez Giraldo
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: MarisolGmezG