El duro paso de la fama al infierno de las calles

El duro paso de la fama al infierno de las calles

Edgar Espinosa fue músico profesional de salsa. Ahora, en la indigencia, recuerda viejos ritmos.

El duro paso de la fama al infierno de las calles
7 de junio de 2015, 01:04 am

“Mis manos están cansa’ de hacer lo que no saben, mis manos están cansa’ de hacer lo que no quieren, mis manos están cansa’ de hacer lo que no deben… Me tocó reciclar y me tocó barrer… No es que sea una vergüenza, fue lo que me tocó hacer”… Edgar Espinosa canta con nostalgia la canción que compuso un día mientras reunía vidrios y cartón para conseguir dinero y poder comer, una preocupación impensable en los años maravillosos que vivió al hacer parte de la Orquesta Internacional Los Niches. Lujos, viajes, conciertos, drogas, fama. Hoy vive en la calle, solo, junto a la música, ese ‘vicio’ que por nada del mundo piensa dejar, y con el cariño de los que saben que es un maestro de la salsa en Colombia.

Su amor profundo por la música es cuestión de genética. Su padre era trompetista, el mejor del mundo, según Edgar. Grabó la mayoría de la música de ‘Fruko y sus tesos’. Su mamá es saxofonista y hoy, incluso con 80 años, sigue tocando en una iglesia cristiana junto a una hermana y unos sobrinos de Edgar. Su hermano es trompetista. Es Fabio “Pita” Espinosa, el mismo que nombran al final de la canción “Del puente para allá”. Edgar, por su parte, toca casi todos los instrumentos: piano, trompeta, trombón, pero su favorito es el saxo tenor.

Cali es su ciudad natal. Desde pequeño fue siempre toda una estrella: ganaba los concursos del colegio y nunca pasaba inadvertido: su espontaneidad en el escenario viene desde aquellos años. Joe Arroyo y Fruko y sus tesos eran sus ídolos. Quiso ser como ellos hasta que lo logró. A los 13 años ya era todo un músico profesional, tocaba los timbales en la orquesta de los Hermanos Martelo.

Edgar no es muy bueno recordando fechas, pero cree saber cómo sucedieron las cosas. Aún recuerda la insistencia con la que Nicolás Cristancho, “Macabi”, pianista del grupo Niche, le dijo que fuera a ensayar con Jairo Varela así no hiciera parte de la nómina del grupo. Fue así como empezó el sueño Niche, del cual se retiró más o menos 5 veces. “Jairo era un monstruo como músico, pero una m… como persona. Y yo siempre me rebelé con eso: o me trataba bien o me iba. Me iba y me volvía a llamar. Hasta que un día me cansé y le dije: podré no estar en una orquesta de nombre, pero no me voy a morir de hambre. Y a los 8 días estaba en el grupo ‘Clase’.

A Edgar se le iluminan los ojos cuando habla de la Orquesta Internacional Los Niches, que nació producto del retiro de la mayoría de los músicos que conformaban el Grupo Niche. Aunque no niega la felicidad que le generaba estar en el grupo Clase (le decían hasta “musiloquísimo” por ser tan inquieto en la tarima), con Los Niches conoció dos de sus ciudades favoritas: Ámsterdam y Rotterdam, y cumplió su sueño de fumar tabaco en una góndola en Venecia.

“Estaba Moncho Santana, el que pegó más éxitos como “Cali pachanguero”. Musicalmente, Los Niches sonaban igual o mejor que Niche”, cuenta Edgar.

La causa de esa separación, según Edgar, fue de Varela. Cuando él montó la discoteca llamada “La chica de rojo” en Cali, su prioridad era invertirle a ese negocio sin importar el tipo de relaciones que eso implicara. “Por meterle plata a la discoteca, dejó botados a los músicos en Nueva York y ellos se emberracaron, se retiraron e hicieron Los Niches”, dice Edgar.

La droga estuvo presente desde sus años en el grupo Niche. “Todos tenemos una justificación para lo que hacemos. Yo decía que fumaba marihuana para tocar mejor”. Hoy reconoce que no hay nada como estar en sus cinco sentidos y que ya ni el bazuco le genera algún tipo de placer. “Esto que me está pasando fue desde que me robaron todos los instrumentos del estudio. Hace 6 años yo podía pagarme un apartamento de 500 mil pesos y vivía como un rey”.

En busca de una nueva oportunidad

Si los amantes del grupo Niche se detienen por un segundo a desempolvar el acetato de “Querer es poder”, el segundo trabajo discográfico lanzado en 1981, descubrirán el nombre de Edgar Espinosa. Su voz en los coros y su talento en la percusión acompañaron éxitos como “Buenaventura y Caney”, el himno del principal puerto de la Costa Pacífica, “Homenaje de corazón” y “Enamorado de ti”, entre otros éxitos. Incluso, los fanáticos de la Orquesta Internacional Los Niches reconocerán su voz al escuchar “Como duele”, canción perteneciente al álbum llamado “Originalmente” de 1991.

Edgar reapareció en la escena artística gracias a un video de Youtube en el que un habitante de la calle cantaba e interpretaba en piano “Mujer divina” de Joe Cuba en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. “Estaba mal vestido y ellos creyeron que me iba a robar el piano. Yo me puse a llorar y les dije: 'Hermano, hace tres años que no toco un piano. Déjeme tocar' ”.

Su talento es indiscutible y su amor por la música lo es aún más. Para él, no basta con saber mucho de música, la esencia está en la capacidad de expresar algo a través de ella, de llevarla en la sangre, de ahí su obsesión con un sonido perfecto. Edgar, aunque luce como un hombre fuerte, sonriente y hasta un poco serio, confiesa, con los ojos aguados, que llora mucho. Extraña sus cosas, su casa, sus instrumentos, su vida de artista.

Según él, la Alcaldía le brinda comida y un hogar de paso, sin embargo, siente que lo que realmente necesita es una oportunidad. “Yo quiero salir, pero la gente no cree en mí. Quiero demostrar que no consumo droga”. Sin embargo, en medio de tanta oscuridad, una luz apareció en su camino: Son Callejero, una orquesta de salsa bogotana que surgió en 2008 gracias a la iniciativa “Acciones culturales en calle”, liderada por la Secretaría de Integración Social, cuyo propósito era descubrir la importancia de las artes en la inclusión social. En esta, otros músicos de talla internacional que cayeron en el mundo de las drogas se juntaron para lanzar temas como “Soy callejero”, “Veneno infernal” o “Feliz cumpleaños Bogotá”.

La orquesta Son Callejero esta compuesta por habitantes de calle con un gusto y conocimientos de música. Foto: Dairo Cabrera.

La historia de Edgar se repite en varios de los artistas que componen esta orquesta, a excepción de su director Dairo Cabrera y de algunos músicos amigos que prestan su talento para los 'shows' (hoy, un poco esporádicos) de Son Callejero. Cabrera logró juntar a cada uno de estos maestros que tantas alegrías le dieron a la salsa colombiana dentro de los que también se encuentra Roberto Echeverría, quien fue el director de la banda que armaron Richie Ray y Bobby Cruz en Barranquilla, y fue el arreglista que inmortalizó canciones como “Sobre las olas”.

Echeverría cuenta con orgullo que va bien en su proceso: aunque continúa siendo habitante de la calle ya no está en condición de indigencia y puede pagarse una pieza. Es consciente del poder de destrucción que tiene la droga y le pide a Dios que le da la fuerza de voluntad para no recaer más. “La vida de uno peligra mucho en la calle, uno tiene que andar prevenido a toda hora. Hay gente que es feliz matando a la gente. Son enfermos”. Es un mundo en el que ha estado inmerso desde los 11 años por culpa de las malas amistades. La música también ha sido su escape y, al igual que Edgar, Son Callejero se ha convertido en una dosis de vitalidad y energía. Para ellos, la magia está en la música, no en lo económico.

La orquesta ya se ha presentado varias veces en vivo. Foto: Dairo Cabrera.

Estos artistas que un día lo tuvieron todo, hoy están dando la batalla por un nuevo renacer. Reconocen que los únicos que pueden hacer algo por ellos son ellos mismos, pero también dicen necesitar la ayuda de Dios y nuevas oportunidades. La droga se llevó los lujos, la fama, las fiestas, pero no logró alejarlos de su mejor don: hacer música. Como diría el gran Joe Arroyo: “Si lloras por capricho o por melancolía, olvida ya la pena y vive del presente”.

KATHERINE BENÍTEZ PIÑEROS
Estudiante de la Universidad Javeriana