Otto Morales Benítez: el intelectual feliz

Otto Morales Benítez: el intelectual feliz

Familiares y amigos recuerdan al político e historiador caldense, fallecido el pasado sábado.

Otto Morales Benítez: el intelectual feliz
25 de mayo de 2015, 04:28 am

Hasta hace pocos años no era extraño ver bajando por la avenida circunvalar con calle 85, en el norte de Bogotá, con más de 90 años, a un gran hombre erguido de abrigo oscuro, sombrero y paraguas en la mano, caminando con paso firme y rápido rumbo a la carrera séptima para hacer alguna diligencia o dirigirse a su oficina de abogados, en el centro de la capital. Ese era uno de los rituales preferidos del intelectual y político Otto Morales Benítez, fallecido el sábado pasado, a los 94 años.

En más de una ocasión, los amigos que lo reconocían detenían su vehículo y se ofrecían a llevarlo, pero él casi siempre les respondía, con la cortesía que lo caracterizaba, que prefería caminar, luego de soltar su inconfundible carcajada.

“Desde hace unos años no lo dejábamos ya salir solo a la calle. Siempre lo acompañaba Rocío, su asistente de los últimos 19 años”, anota su hija Adela Morales, al recordar a ese padre especial que en los últimos días se fue apagando suavemente para dormirse por siempre en la madrugada del sábado, con una “muerte apacible, dulce y serena, con la certeza del deber cumplido”, como lo comentó  en este diario el expresidente Belisario Betancur, compañero de pupitre de Morales, en los años en que estudiaron Derecho en la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín.

Esa fuerza andariega y alegre, que caracterizó a Morales desde muy joven cuando recorría las montañas de su natal Riosucio (Caldas), donde nació el 7 de agosto de 1920, fue sin duda uno de los secretos de la vitalidad que le permitió a Morales ser testigo y protagonista atento de la historia de este país durante casi un siglo.

De la mano de esa pasión por el ejercicio físico estuvo el intelectual que llevó a Morales a convertirse en uno de los pensadores más respetados y consultados del país. Desde presidentes de la República, pasando por académicos, hasta jóvenes alumnos solían llamar a la puerta de su casa, que con los años terminó inundada de libros hasta en los baños y pasillos, al igual que su oficina.

“Otto no solo era un hombre que tenía la historia política de Colombia en la cabeza, sino que fue partícipe activo de ella. Pero a diferencia de algunos políticos, él era un humanista, un gran ser humano, un amigo, un gran conversador, un hombre con una gran carcajada que no solo contagiaba, sino que le enseñaba a uno cómo había que vivir la vida”, comenta la periodista Patricia Lara, quien cultivó una estrecha amistad con Morales, desde los años en que el expresidente Carlos Lleras Restrepo y ella fundaron la revista Nueva Frontera.

“Él me ayudaba con colaboraciones, porque el doctor Lleras escribía casi toda la revista, pero cuando teníamos páginas en blanco, yo llamaba a Pedro Gómez Valderrama y a Otto para que nos ayudaran”, anota Lara.

Con su amigo, el expresidente Carlos Lleras R.

Con su amigo, el expresidente Carlos Lleras R. Foto: Archivo/ EL TIEMPO

Un diálogo padre e hijo

Su hijo Olympo Morales recuerda que, además de haberse gozado el amor y el consejo oportuno del padre, junto con su hermana Adela, su formación como abogado e historiador le permitió disfrutar de un diálogo intelectual con ‘don Otto’ –como lo llamaba cariñosamente–, que se enriqueció, incluso, en las diferencias.

“Yo fui muy cercano, desde el punto de vista intelectual con mi padre, por mil razones. Primero porque compartíamos la pasión política, pero también por la docencia universitaria, donde coincidíamos en las cátedras y en los congresos académicos. Y yo le decía: ‘Tú hablas en el aula máxima y yo hablo en el aula mínima, pero no se te olvide que es en el salón de los rechazados donde nacen las grandes obras’ ”, anota su hijo.

“Si bien teníamos identidad ideológica plena, pues obviamente interpretaciones de la historia a veces diferían”, anota Olympo Morales al recordar las diferencias que tuvieron sobre el expresidente Carlos Lleras, por ejemplo, en alguna ocasión.

Fue para una clase que Olympo tenía en la Universidad Externado de Colombia, en la se le apareció su padre con algún contertulio amigo. En esa oportunidad, al finalizar una charla ante los alumnos, mi padre dijo: “Y es Carlos Lleras quien define el Partido Liberal como un conjunto de matices de izquierda”.

“Pero resulta que el día anterior, ante el mismo auditorio, yo había echado mi cátedra, pero había terminado diciendo: ‘Y es Darío Echandía quien define el Partido Liberal como un conjunto de matices de izquierda’ ”, recuerda el hijo de Morales Benítez.

“Toda la vida tuvimos esa controversia. Yo sostengo que fue Echandía, porque eso no fue del temperamento de Lleras. Lo que hizo Lleras fue incorporar la definición de Echandía a los estatutos”, aclara Olympo Morales, al reflejar el tenor del delicioso diálogo intelectual que sostuvo a lo largo de la vida con su padre.

Ese talante liberal que profesó Morales Benítez por su partido lo llevó, a lo largo de su vida, a servirle al país desde diferentes cargos públicos. Fue ministro de Trabajo y Agricultura, durante la administración de Alberto Lleras, y también se desempeñó como diputado, senador y representante a la Cámara.

“La única dolencia que tuvo mi papá, que fue una úlcera, se la ganó en ese ministerio, con las huelgas de Segovia, entre otras muchas; le decían ‘Mincarcajada’, pero iba, era firme y arreglaba las huelgas”, cuenta su hijo, al acordarse de una anécdota personal que le ocurrió en esa época, a principios de los años sesenta, cuando él mismo organizó una huelga contra su padre, en el colegio.

“ ‘Don Otto’ llegó al Gimnasio Moderno, donde yo estudiaba, a ver a su hijo disfrazado de algo. Y yo me disfracé de huelguista y organicé un piquete para no dejar entrar el Cadillac del ministro al colegio”, anota con humor su hijo, quien además contó, en esa ocasión, con la colaboración cómplice de su mamá, Livia Benítez, que le ayudó a redactar las pancartas que decían: “¡Abajo el ministro!”.

Pero quizás, una de las mayores dignidades políticas que tuvo a lo largo de su carrera Morales Benítez fue el honor de que su nombre hubiera sido mencionado muchas veces para la primera magistratura del país.

Al respecto, su amigo, el expresidente Betancur, recordó ayer, de manera cariñosa: “Y como compatriota, le quedé debiendo mi voto entusiástico para la presidencia de Colombia, que habría ejercido con transparencia, consistencia y sapiencia, como que fue maestro de maestros, el gobernante sin gobernar, todo lleno de risa, de conocimiento, de familiaridad, de amistad y de pedagogía”.

Alberto Lleras lo nombró ministro en su mandato.

Alberto Lleras lo nombró ministro en su mandato. Foto: Archivo/ EL TIEMPO

Otto Morales Benítez fue del talante de aquellos hombres de antaño que solo quiso servirle al país, como lo comenta el exministro Abdón Espinosa Valderrama: “Fue un gran liberal y un gran demócrata, generoso, sin mezquindades de ninguna naturaleza”.

Así da cuenta de ello otra anécdota que recuerda su hijo Olympo, cuando una vez se atrevió a proponerle a su padre tramitar su pensión de retiro. A lo que Morales Benítez le contestó de manera contundente: ‘Yo hice servicio público, pero no para lucrarme de lo público. Yo tengo con qué vivir y no me vuelva a hablar de eso’.

Obrero de la paz

Pero si el país y los libros fueron protagonistas en la vida de Morales Benítez, no menos lo fue su familia, como lo anota su hija Adela, al contar por qué, de manera curiosa, ella y su hermano llevan los mismos apellidos de su padre.

“Resulta que mi papá estaba casado con Livia Benítez de Morales, que era su prima hermana. Mamá murió el 20 de noviembre de 2002 y fue un dolor muy grande para mi papá, pues duraron muchos años de novios y luego de casados”, anota su hija al resaltar el papel fundamental que jugó su mamá en la vida del historiador y escritor.

“Mi mamá, además de ser la madre de sus hijos y sus compañera, era una mujer muy culta que también le corregía los libros y le servía de mano derecha a mí papá. Era parte de su equipo de trabajo intelectual y también en su tarea política”, anota Adela.

Al mostrar la agudeza de su esposa Livia, Otto Morales le contó, en una entrevista en este diario, a la periodista María Isabel Rueda, cuando celebró sus 90 años, aquella vez en que terminó presidiendo la Comisión de paz, durante el gobierno de Belisario Betancur, de la que surgió la famosa frase histórica de los ‘enemigos agazapados’ de la paz.

“Carlos Lleras presidía la Comisión de paz, pero se enfermó y se tuvo que ir para Boston. Cuando al otro día mi señora leyó en EL TIEMPO que la posición había quedado vacante, me dijo: ‘¡Levantaste puesto!’. Y yo le pregunté: ‘¿Por qué dices eso, mija?’. A lo cual ella respondió: ‘Porque como en ese no pagan, fijo que ahí te nombran a vos’. ¡ja, ja, ja, ja!”, le contó en aquella oportunidad Morales a Rueda.

En este punto, su hijo agrega que, aunque su padre siempre se caracterizó por la prudencia, por lo que pudieron conversar en los últimos años, ‘don Otto’ veía con buenos ojos las gestiones que se vienen adelantando en torno a la paz. “Lo que sí sé es que él sentía que el equipo negociador actual era de un gran profesionalismo y de una gran solvencia. Él era solidario con el proceso”.

De su faceta familiar, su hija Adela también destaca la del abuelo generoso y consentidor con sus cuatro nietos, Pedro Alejandro y María Adelaida Löök Morales, y Daniela y Luisa Morales Cabral, y su bisnieta Sofía Santesson.

“Ellos sabían la fuente de sabiduría que tenían con el abuelo. Y él les indicaba en qué libros consultar la tarea, pero no se las hacía, pues esa era la política en la familia”, anota Adela, al destacar también el gusto de su padre por la música clásica, los bambucos y los boleros, cuyas letras se sabía de memoria; mientras que en la parte gastronómica, su debilidad se inclinaba por los platos dulces.

Otto Morales recibe el aplauso de los grandes académicos del país.

Otto Morales recibe el aplauso de los grandes académicos del país. Foto: Archivo/ EL TIEMPO

Fueron muchos los títulos académicos que alcanzó Morales Benítez a lo largo de su fructífera vida. Desde los internacionales, como el de Profesor honoris causa de la Universidad Mayor de San Marcos, en Lima, y el de socio honorario de la Asociación mexicana de protección de la naturaleza, hasta el de miembro de número de las academias Colombiana de la Lengua y Colombiana de Historia, así como de la Academia de Jurisprudencia.

Precisamente, al definir el pensamiento de su padre, que deja en una prolífica producción editorial que se acerca a los 160 libros, Olympo Morales explica que podría agruparse en tres apartados principales: “el humanismo social, los conflictos y la construcción de identidades, que es lo que llaman posconflicto, que él estudió tanto a través del mestizaje”.

El hijo del historiador y político anunció que su padre alcanzó a dejar listo un libro sobre el expresidente Eduardo Santos, que publicará Intermedio Editores próximamente.

Y aunque ahora quede para las generaciones futuras el rico legado intelectual de Morales Benítez, sus familiares y amigos echarán de menos su contagiosa carcajada, como lo expresó su amigo Belisario Betancur: “¡Ese maestro de maestros fue Otto Morales Benítez! Su ancha y contagiosa carcajada nos hará falta, ¡mucha falta! ¡Gracias, maestro y amigo, por haber existido!”.

La velación de Morales Benítez se realizará el próximo miércoles a partir de las 12 del día en la Funeraria Gaviria, en el norte de Bogotá. Al día siguiente, tendrá lugar la misa, a las 12:30 de día, en la capilla del Gimnasio Moderno.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento