La vida de Juan Pablo Jaramillo, el 'youtuber' fenómeno

La vida de Juan Pablo Jaramillo, el 'youtuber' fenómeno

Este caleño tiene más de 5 millones de seguidores en redes sociales y su libro es un 'best seller'.

La vida de Juan Pablo Jaramillo, el 'youtuber' fenómeno
20 de mayo de 2015, 02:05 am

A las tres horas de estar sentado firmando un libro tras otro, Juan Pablo Jaramillo pidió una pausa. No lo hizo porque estuviera cansado de escribir su nombre en cada uno de los ejemplares que le ponían enfrente, tampoco porque se hubiera agotado de saludar a cada lector con una sonrisa o de posar para la selfi. En realidad, necesitaba ir al baño.

Fue para lo único que este joven de 21 años –pelo pintado de blanco, aretes del mismo color, 'jeans' subidos casi hasta las rodillas y cinco tatuajes a la vista– pidió suspender las nueve horas durante las cuales firmó ejemplares de 'La edad de la verdad' en la pasada Feria del Libro de Bogotá.

Afuera de la carpa destinada para el encuentro (tuvieron que hacerlo en una carpa porque en la primera sesión sus seguidores estuvieron a punto de tumbar el auditorio) se veían miles de adolescentes a punto de la histeria. Unos por la felicidad de salir con su libro firmado, otros de dolor, con lágrimas, por no haber alcanzado a entrar.

De acuerdo: muchos estarían más complacidos si en la lista de los libros más vendidos de la Feria hubiera estado, por ejemplo, Sumisión de Michel Houellebecq; o si para la charla de Philippe Claudel hubieran tenido que armar carpa. Pero ese lugar –el de los récords, el cuantitativo, para ser claros– se lo ganó un muchacho que antes de esta novedad editorial publicada por Planeta no había escrito libros, aunque ya era una figura muy conocida en las redes sociales.

Juan Pablo Jaramillo Estrada tiene más de cinco millones de seguidores en la red, si se suman sus páginas de Youtube, Facebook, Twitter e Instagram solamente. No es un fenómeno nuevo, pero sí en constante crecimiento. El salto más grande lo dio hace cinco meses cuando en su canal de Youtube publicó un video que tituló 'Mi orientación sexual era un secreto' y habló de su homosexualidad. A la fecha (porque es un número que sube cada minuto), este video lo han visto 4’975.175 veces. Jaramillo se volvió desde entonces el 'youtuber' número uno de Colombia. Un 'top social media influencer', como ellos mismos se definen en su gremio.

¿Qué hace Juan Pablo para estar en ese lugar? Hace videos. Una o dos veces a la semana, sube un video de unos diez minutos, en promedio, de duración. En ellos habla solo o invita a sus amigos, y se refiere a temas variados que van desde la ventaja de ser hermano menor hasta “cómo decirle a tu mejor amigo que no lo quieres de novio”. Habla de la vida cotidiana en el lenguaje de los chicos y con las herramientas preferidas de la nueva generación para comunicarse: un celular, una cámara, las redes sociales.

Unos triunfan en la red. Otros no. Jaramillo ha sido tan exitoso que tiene un séquito de seguidores que se autodenominan ‘Jaramishanos’, (en juego con su apellido y con el nombre de su canal en Youtube, Jaramishow). Y si se leen algunos de los mensajes que le envían, podría pensarse que se trata de una suerte de religión con su propio ídolo, por el que hacen cualquier cosa.

Hay muchachos que se han tatuado el nombre del 'youtuber' en su cuerpo o se han puesto exactamente los mismos tatuajes que saben que Juan Pablo tiene. Le imploran por un “hola”, le dicen que es “el sentido de mi vida”. Son mensajes que llegan desde Colombia o México, Ecuador, Perú o Argentina. Cada día, Jaramillo recibe la bobada de 50.000 mensajes en sus redes. No es broma: 50.000, y a veces son más.

Se entiende, entonces, por qué un libro suyo –en el que narra por escrito muchas de las cosas que dice en internet y cuenta su vida familiar y amorosa– se volvió tan viral en la Feria. Tanto como cualquiera de sus videos.

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Como muchos colombianos, Juan Pablo Jaramillo tiene en su pasado una marca de la violencia. Nació en Cali, en una familia conformada por Jesús María Jaramillo, su papá; Mabel Estrada, su mamá; y Carolina, su hermana mayor. Una familia acomodada en lo económico gracias a los negocios de Jesús María en la ganadería y la finca raíz. Mabel, bacterióloga graduada, se dedicó al hogar cuando vio que no era necesario llevar dinero a casa. Los hijos vivieron su infancia sin saber qué era no tener plata para vacaciones, ropa fina, salidas con amigos. Hasta que pasó lo inesperado: su papá fue a Pereira a un viaje de negocios y no volvió. Nunca más una llamada.

Que los hubiera abandonado era una idea que no concebían porque no había razones. Tanto ellos como las autoridades, después de años de investigación, dedujeron que se había tratado de un secuestro. “Concluimos eso: que lo habían raptado por dinero y lo mataron, tal vez porque la negociación les salió mal”, dice Juan Pablo, y desaparece su sonrisa permanente.

Claudia Rubio / EL TIEMPO

A partir de ese hecho, la vida de la familia cambió. Los tres solos, y sin saber cómo manejar los negocios (Juan Pablo tenía 13 años cuando su papá desapareció), tuvieron que buscar la forma de salir adelante. Muchos de los bienes acabaron en venta y los negocios quebrados por la inexperiencia o el consejo equivocado de gente cercana. Llegaron a no tener un peso. Pero lograron acoplarse y seguir.

Una tarde de vacaciones, con 14 años, Juan Pablo se encontró con su primo Esteban y se pusieron a pasear por internet. Encontraron los videos de un grupo filipino formado por dos hermanos que hacían mímica de canciones populares y eran vistos por miles de personas en el mundo. El dúo se llamaba Moymoy Palaboy. A Esteban se le ocurrió que él y Juan Pablo podían hacer lo mismo. Buscaron una grabadora y una cámara digital y se grabaron cantando. Le pidieron asesoría a un amigo que sabía cómo subir material a Youtube.

Así aparecieron los primeros videos de Jaramillo: junto a su primo y haciendo 'playback' de canciones conocidas, como la de telenovela 'Marimar'. Era un juego al principio. Juan Pablo se sorprendía cuando se daba cuenta de que esas tonterías eran vistas por 50, 200, 500 personas.

Las mímicas tuvieron que parar porque Youtube les hizo saber que con ello violaban el 'copyright' de los autores. Jaramillo, ya entusiasmado, decidió seguir en solitario y con otro estilo: el de los videoblogs. Comenzó con producciones sencillas en las que mostraba su habitación o salía haciendo muecas. La gente comenzó a comentárselos y a pedirle que hiciera más. Al mismo tiempo Juan Pablo estudiaba en el Colegio Mayor de los Andes. Allá se graduó de bachiller y luego entró a estudiar diseño gráfico en la Universidad Tadeo. Pero solo cursó dos semestres. Se matriculó en clases de actuación en Casa Ensamble, y tampoco llegó al final: ya tenía en mente dedicarse de tiempo completo al mundo de la web.

Antes, cuando niño, soñaba con ser astronauta o músico. Sus papás le compraron binóculos y saxofones. Y eso le gustaba, sí, pero sobre todo quería ser reconocido. Eligiera lo que eligiera, deseaba ser exitoso y famoso.

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Al ver que sus seguidores y el éxito de sus videos crecían, Juan Pablo se dio cuenta de que era posible vivir de eso. Antes, claro, debía profesionalizar un poco su trabajo. Se entrenó en programas de edición, consiguió una cámara profesional y ensayó una y otra vez. “Si te quieres estrellar, estréllate. Nadie aprende en cuerpo ajeno”, le respondió su mamá cuando él le dijo que iba a abandonar la universidad para ser youtuber.

Lo hizo. Empezó a subir videos con regularidad, algunos planeados con un guion previo y otros de improvisación, y a tener tal éxito que pasaron a ser vistos cientos de miles de veces en pocos días. Como consecuencia, la remuneración llegó, pues a partir de determinado número de reproducciones Youtube les ofrece ser 'partners' y repartir utilidades.

Por cada mil vistas de un video, el canal le da al 'youtuber' entre 1 y 2 dólares. Según Social Blade, una herramienta de análisis de rendimiento de las redes sociales, lo que recibe un 'youtuber' como Jaramillo puede oscilar entre los 25.000 a 400.000 dólares al año. Es una cifra que varía porque depende del éxito que tenga un video, de la posibilidad de recibir pauta, de la regularidad del autor para subirlos y de la conexión con sus seguidores.

Jaramillo parece tener clara esa fórmula de éxito. Publica con frecuencia (a veces dos a la semana), mejora cada vez su técnica y está pendiente de sus seguidores para que sigan siendo sus “Jaramishanos”. Su público, según datos de Youtube, está conformado por jóvenes entre los 14 y 24 años. El 60 por ciento son mujeres y el 40 por ciento, hombres. Ese porcentaje cambió solo un poco con la publicación de su video sobre su orientación sexual. Antes lo seguían 80 por ciento chicas y 20 por ciento varones.

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El lanzamiento de su libro reunió a miles de jóvenes en la pasada Feria del Libro de Bogotá. Jaramillo firmó ejemplares en dos sesiones organizadas en carpas para recibir más personas. Cortesía de Fredy González

Hoy Jaramillo vive de su trabajo en las redes y apoya económicamente a su familia. “Ocho años después de lo de mi papá, estamos empezando a estabilizarnos”, dice. Es un chico con carisma, no hay duda. Por eso, además de su triunfo en sus videos, ha sido reconocido por un premio MTV, ha sido presentador de televisión y en pocas semanas volverá a las pantallas en un programa de concurso. Varias marcas lo buscan para que sea su imagen, gracias a su impacto en el público joven. De hecho vive entre México y Colombia, porque en ese país tiene varios contratos. Este nuevo panorama lo ha llevado a necesitar un manager que se encarga de su agenda.

Y claro, hay que sumarle el golpe editorial en la feria del libro. "La literatura se mide en 'likes' " fue el título de una columna de la escritora Yolanda Reyes, en este diario. “Ante la ausencia de escuela, de oficio y de crítica, el mercado editorial ‘descubrió’ a estos jóvenes para vender sus cuartos de hora y desecharlos después, como mangos en cosecha”, escribió Reyes sobre el fenómeno de libros como el de Jaramillo.

Cierto. En muchos casos estos jóvenes se están volviendo la salvación de la contabilidad de las editoriales. Pero también es cierto que los adolescentes devoran sus libros. ¡Y los compran! Hay ejemplos de muchas sagas juveniles exitosas en estos últimos años. Por ejemplo la de Anna Todd, que también vino a la feria y también llenó pabellones.

Todd tiene 25 años y ya lleva cuatro libros escritos. Juan Pablo Jaramillo hizo un libro. Pero tiene claro que lo suyo es la imagen. Lo suyo, por lo que vive y de lo que vive, es su cara y sus palabras frente a la cámara. Él es Jaramishow.

MARÍA PAULINA ORTIZ
Redactora de EL TIEMPO