'Booktubers', los 'videoblogueros' de la literatura

'Booktubers', los 'videoblogueros' de la literatura

En Colombia hay cerca de 30 y las editoriales ya los ven como gancho para promocionar sus textos.

10 de mayo de 2015, 12:14 am

La Feria del Libro de Bogotá que acaba de terminar fue el termómetro para un fenómeno que viene ocurriendo en el mundo y ya tiene fuerza en el país: los booktubers.

Se trata de jóvenes entre los 15 y los 26 años amantes de la lectura, que comparten sus reseñas y críticas a través de videos que suben a YouTube, y son una suerte de videoblogueros literarios que las editoriales ya han comenzado a identificar como focos de promoción de sus libros.

Sin mediadores tradicionales o críticos que les digan qué leer, ellos graban sus opiniones y las comparten con otros de su edad y, de paso, crean una comunidad de lectores, algo que sorprende en un país donde siempre se habla de los bajos índices de lectura.

En la Filbo, donde se presentaron cuatro de los treinta booktubers que se calcula hay en Colombia, no solo llenaron el auditorio de otros jóvenes que los siguen, sino que causaron polémica entre quienes consideran que hay una baja calidad en la crítica que hacen.

“No nos consideramos críticos. Yo no estudié literatura, solo doy mi opinión personal”, dice Juliana Zapata, una de las más conocidas en el país, con 30.000 suscritos a su canal de YouTube.

“Yo no puedo hablar de gramática, ni de estilo. Me parece que es válido que haya expertos que hagan crítica con tecnicismos pero lo mío es enganchar a más jóvenes a que lean”, agrega la joven, ingeniera informática, que comenzó hace un año como booktuber porque “siempre me gustó leer y no tenía con quien hablar de libros”.

El experto en nuevas formas de consumo cultural y en el papel de lo digital en el comportamiento lector, Roberto Igarza, dice que el tema va más allá del estilo de libros que reseñen.

“(Los booktubers) reflejan o acompañan modos de lectura que no necesariamente representan lecturas de textos canónicos. En algunos casos sí mueven textos que han sido propósitos importantes del mercado editorial, pero, en muchos otros, se trata de lecturas no tan legitimadas, no textos áridos ni clásicos. Sin embargo, si lo que importa es la lectura, este fenómeno debe importarnos”, dice Igarza, doctor en comunicación y asesor del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc).

Casos exitosos

El fenómeno lleva unos tres años rondando en varios países. Una de los booktubers más conocidos es la británica de 26 años Sanne Vliegenthart o ‘booksandquills’, quien tiene 130.000 suscriptores en su canal.

Graduada en literatura y traducción, tiene sus propias reglas como booktuber: “Solo acepto un pequeño número de libros para reseñar (…) Disfruto leyendo clásicos, novelas distópicas/apocalíticas, novelas gráficas y de ciencia ficción, y literatura contemporánea”.

Pero en habla hispana, los jóvenes idolatran a la mexicana Fátima Orozco, cuyo canal Las Palabras de Fa tiene 188.426 seguidores y 9 millones 857.799 visualizaciones desde que comenzó a mediados de 2012. En el canal, la joven habla desde clásicos como El conde de Lucanor, una reseña que tuvo 163.270 visualizaciones, La sangre de los libros, de Santiago Posteguillo, hasta Cincuenta sombras de Grey.

Y en Colombia, además de Juliana Zapata, son conocidos William Francisco Daza (1.728 suscriptores y 21.289 visualizaciones); Jennifer o Jenn, del canal Nos gusta leer (2.555 suscriptores y 54.000 visualizaciones) y Wulfran Navarro, de Book Wulf, cuyo lema es “déjame contagiar esta espléndida enfermedad llamada lectura” y Diana Santamaría, autora del blog literario ‘Sabious words’, entre otros. La mayoría recomienda sagas anglosajonas y de nicho, como Los juegos del hambre, Crepúsculo, Divergente o Pie de bruja.

Francisco Daza, recién graduado de negocios internacionales, reconoce que los booktubers se enfocan especialmente en libros de fantasía, ciencia ficción o literatura juvenil pero asegura que primero quieren motivar a la lectura y van poco a poco. “A los jóvenes nos gusta más la opinión de un joven que la de un adulto, entonces primero queremos crear un público que ame la lectura”, dice.

En eso coincide con el experto Igarza. “Juegan un rol importante porque se convierten en referenciadores ante un público que no acepta referenciadores tradicionales ni suele acceder a críticas literarias eruditas, a las que pueden acceder otras personas”.

Daza hace también una crítica a la propuesta narrativa en el país. “Muchos booktubers tenemos un conflicto con los libros colombianos porque hablan de lo mismo, del narcotráfico, de las cosas oscuras del país. A eso nosotros lo llamamos realismo sucio”, dice. “Nos gustaría motivar a los escritores colombianos a que publiquen más libros para jóvenes”, agrega.

Negocio para las editoriales

Tal como lo están haciendo con los booktrailers, las editoriales están viendo en los booktubers una manera de promocionar sus libros. Así que cada mes les envían varias de sus novedades para que ellos hagan las reseñas. El diario El Universal, de México, lo ha llamado, de hecho, “el nuevo negocio de las editoriales”.

“La gente dice que las nuevas generaciones no leen, pero hemos encontrado estos jóvenes que hacen reseñas en video. Nosotros los identificamos, les prestamos ayuda y les enviamos los libros, son un eje fundamental de nuestra estrategia”, dice Diana Carolina Montero, Gerente de Mercadeo de Planeta.

La editorial Océano, que organizó un foro en la Feria del Libro, asegura que el trabajo con los booktubers es sencillo. “Como a ellas les encanta leer y recomendar libros, nosotros les enviamos algunas de nuestras novedades editoriales, para que ellas las lean y decidan si reseñarlas o no”.

Pero la pregunta es si les envían solo aquellos libros que representan un nicho que ya saben exitoso o si lograrán ampliar el espectro a otros libros. Algunos como Juliana Zapata dicen que no sienten presión de las editoriales y que reseñan con independencia aunque reconoce la abrumadora cantidad de novedades que le llegan. “Tampoco me comprometo a decir cuándo la voy a reseñar. A veces tengo una lista de espera de libros de 5 meses”, explica.

“En mi caso –dice Diana Santa María, autora de ‘Sabious Words’– trato de alternar: las editoriales me mandan libros, y aunque mi audiencia es muy juvenil, ellos saben que manejo libros más adultos. Soy más promotora de la lectura, que promotora de libros”.

Por eso Igarza señala precisamente el riesgo de que las editoriales vicien el ejercicio de estos jóvenes.

“Ese tipo de institucionalización de estos procesos puede acabar con el vínculo entre los referenciadores y el público y hacer que el ejercicio pierda credibilidad”.

Y Bernardo Jaramillo, subdirector del Cerlalc, dice que este es un instrumento legítimo y eficaz de mercadeo.

“Queremos que nuestros jóvenes lean. Tenemos que entender que en el camino de lo que leen, las formas en que leen y comparten lo leído, están rompiendo paradigmas y creando otros. Los resultados los veremos en el mediano plazo”

CATALINA OQUENDO B.
Cultura y Entretenimiento
@cataoquendo