Los futuros malabares del equilibrio de poderes

Los futuros malabares del equilibrio de poderes

¿No será mejor salvar la eliminación de la reelección y apalazar la revisión de la Constitución?

Los futuros malabares del equilibrio de poderes
6 de mayo de 2015, 10:52 pm

Mientras semana tras semana el árbol navideño del equilibrio de poderes se va llenando de articulitos de todos los colores, nadie parece percatarse de que el trámite puede presentar vicios que lleven a la Corte a declarar inconstitucional el acto legislativo.

La Constitución de un Estado es su carta de navegación; su parte dogmática contiene los principios y valores fundantes a través de los cuales se interpretan sus normas, con lo que se busca que puedan recoger la dinámica evolutiva de la sociedad que rige y se hace de las mismas preceptos casi atemporales. La parte orgánica establece el diseño de la estructura del Estado, que normalmente es producto de una seria y concienzuda reflexión de parte de los constituyentes. Períodos de gobierno, formas de elección, sistema de pesos y contrapesos, colaboración armónica entre poderes y mecanismos de control son complejos entramados en los que cada disposición tiene relación con el todo.

En este sentido, reformar un solo artículo equivale a hacer una cirugía en un cuerpo vivo. Mover un órgano, intentar ampliar o limitar una función tendrá un efecto en los demás. Practicar una intervención que tenga por objeto cercenar o trasplantar un nuevo órgano requiere de un cuidado mayúsculo para garantizar que el todo, en este caso, el Estado colombiano, pueda seguir teniendo una vida digna y un futuro promisorio en el que la institucionalidad sea la piedra angular del Estado democrático social de derecho que dice ser Colombia.

No obstante lo anterior, el proceso que ha seguido la reforma del equilibrio de poderes contradice elementales reglas de una modificación como la que se viene perfilando. Todo empezó cuando surgió la idea de eliminar la figura de la reelección inmediata, que había sido introducida en el 2004 con el objeto de posibilitar que el entonces presidente Uribe postulara su nombre para un segundo período de gobierno.

Posteriormente, el presidente Santos, una vez reelecto, anunció que presentaría una iniciativa al Congreso para eliminar la figura y aprovecharía la ocasión para ampliar el período presidencial haciéndolo coincidir con el de gobernadores y alcaldes; también proponía crear un Senado con representación nacional y regional, y revisar las facultades nominadoras de las altas cortes.

Cuando el proyecto fue llevado al Congreso se acumuló con otras iniciativas que estaban siendo presentadas. Se referían a la elección de las cabezas de los órganos de control, a los magistrados de la Corte Constitucional, al Fiscal General de la Nación y al Consejo Superior de la Judicatura.

Así, a un proyecto de más bien pocos artículos, sin el menor estudio ni análisis, se han ido sumando otros que son producto de recientes escándalos o, peor aún, intentos de frenar la carrera de actores políticos de la vida nacional que tienen nombre y apellido.

A una reforma que quiso eliminar la reelección, que tan irresponsablemente se introdujo y que tan enormes perjuicios ha traído para la vida política de la nación, pues contribuyó a desestructurar la organización del Estado colombiano, le han agregado una dizque “reforma de la justicia” que contiene disposiciones que pretenden responder al reciente escándalo de una posible corrupción dentro de la Corte Constitucional.

Esa corte será la que reciba el proyecto para hacerle el control previo de constitucionalidad. ¡Un examen que difícilmente pasará el proyecto debido a los vicios de trámite que ya se vislumbran!

Aquellos funcionarios que dieron lugar, al menos en parte, a la reforma dirán que ella no se ajusta la Constitución. ¿Tendrá esto alguna presentación?

Sin embargo, los magistrados deberán declararse impedidos para fallar y serán entonces unos conjueces los que tengan que anunciar que, después de todo, la reforma no pasa.
¿No será mejor señores congresistas, salvar la eliminación de la reelección y dejar para otro momento la revisión integral de la Constitución? ¡Sería el acto más gallardo, ecuánime, responsable y serio que podrían hacer por sus representados!

Claudia Dangond
@cdangond