Crítica Mente/Extremismo y religión

Crítica Mente/Extremismo y religión

Columna del crítico de cine Mauricio Reina sobre el filme Timbuktu.

29 de abril de 2015, 08:50 pm

Cuando llegó la hora de elegir la mejor película extranjera, en la pasada entrega de los premios Óscar, las apuestas de la mayoría de los observadores colombianos se concentraron en dos filmes: Ida, por su belleza, y Relatos salvajes, por su procedencia latinoamericana. A esas alturas pocos habían visto Timbuktu, una de las favoritas de los críticos internacionales, y que solo ahora tenemos la oportunidad de ver en nuestras salas.

La película muestra la vida cotidiana en Tombuctú, en Mali, después de que los yihadistas se tomaron la región en 2012. Claro que hablar de cotidianidad es inapropiado: con la abrupta llegada de los extremistas, tan ajenos a la cultura local que hasta tienen que usar intérpretes, se impuso un régimen autoritario que conllevó la prohibición de muchas actividades corrientes.

A través de la historia de una familia dedicada al pastoreo, el director Abderramhane Sissako hace una elocuente exploración del extremismo y el sinsentido de la guerra religiosa.

Además de ser una de las películas más hermosas que han pasado por nuestras salas en muchos meses, Timbuktu tiene un rasgo que la convierte en una estupenda obra cinematográfica. Se trata de su decisión de evitar el maniqueísmo. Aunque para cualquier observador está claro que los yihadistas son unos abusadores de primer orden, la película los muestra desde su lado más humano, como individuos incapaces de respetar los mismos principios que imponen por la fuerza a los demás.

Esa visión no solo sustrae la historia de la dicotomía simplista de los buenos y los malos, sino que orienta al espectador hacia la mayor responsable de esta catástrofe: la religión.

MAURICIO REINA
Crítico de cine