Así fue la transformación del Park Way en Bogotá

Así fue la transformación del Park Way en Bogotá

La avenida creada hace 75 años hoy es comercial. Casas remodeladas son sedes culturales o negocios.

Así fue la transformación del Park Way en Bogotá
23 de abril de 2015, 03:06 am

La avenida Park Way (carrera 24 entre calles 34 y 45) se construyó a finales de la década de 1940 como una zona residencial. Hoy, este uso ha mudado a una dinámica comercial, institucional y de oferta cultural, lo que genera una disminución en la cantidad de residentes, que le abre paso a la población flotante.

Esta situación es revelada a partir de los residentes y de un estudio de la Universidad Católica de Colombia (UCC).
Park Way, que proviene del inglés, se puede traducir como avenida con bulevares, lo que es evidente en la carrera 24, donde un paseo colmado de árboles distancia a los peatones de los vehículos, que circulan por las calzadas, a lado y lado.

“Estos nuevos usos (comercio, empresas) repercuten en la forma de utilizar las estructuras arquitectónicas que en muchos de los casos redunda en modificaciones en su interior; asimismo, en las fachadas se observan remodelaciones, adiciones, cambios en los acabados, en los antejardines e incluso sustituciones completas de edificaciones”, señala la arquitecta Marta Isabel Triviño, de la UCC, en su estudio ‘Transformaciones urbanas en el Park Way’.

La explicación a esta tendencia, según ilustra Triviño, tiene que ver con que las cualidades espaciales, ambientales y estéticas que provee el sector, y su ubicación estratégica, lo convirtieron en una zona apetecida por comerciantes, empresas y organizaciones para establecer sus sedes, pues con esa localización logran el reconocimiento ciudadano.

Lo que recomienda el documento es “que (se debe) comprender el porqué de esos cambios y direccionar adecuadamente las acciones tendientes a conservar su arquitectura, preservando su significado y pertinencia en las dinámicas actuales, para que no caigan en disfuncionalidad y obsolescencia”.

“Esto sí ha cambiado, pero no me parecen malos los teatros que hay ni las empresas”, dijo Pilar Patiño, quien todas las mañanas pasea a Mowgli, su perro criollo, por el bulevar.

Temor por la seguridad

“Lo que sí he notado es una baja en la seguridad, en diferentes horas del día. Mucha gente pasa pidiendo limosna”, advierte Pilar, que hace diez años es vecina.

En ese mismo sentido, Edgardo Fernández comenta que desde las 7 de la noche prefiere no caminar por el sector. “La tranquilidad disminuyó más o menos a partir del año 2006 hasta hoy”, precisa este habitante, que hace cuatro décadas llegó a vivir en la zona.

Los pobladores atribuyen esa sensación de inseguridad a la cercanía con el río Obispo, del cual se vienen habitantes de la calle que mantienen sus cambuches cerca del cauce.

En contraste con esta posición, la Policía Metropolitana de Bogotá sostiene que el Park Way es un territorio “con condiciones normales de seguridad. No está caracterizada por la incidencia de situaciones graves”. Además, la institución indicó que la presencia de un CAI, en pleno corazón del bulevar, es clave en el control del orden público.

Buenas ganancias

‘Way’ significa ‘vía’. ‘Park’ significa ‘parque’. Entonces, cuando usted va por el Park Way, puede encontrar sedes bancarias, teatros, un almacén de cadena en versión mini, restaurantes, agencias de turismo, veterinarias, viviendas intercaladas y ninguna tienda de barrio. Sobre la calzada, buses y particulares.

En cambio, sobre el 'park' usted verá una anciana que avanza apoyada en el caminador, muchos perros que arrastran a sus amos, una pareja que sentada en cualquier banca comparte el helado y los besos, un niño que corre tras una paloma y una muchacha que espera, mientras Juanita, su perra schnauzer, hace popó.

Es un complemento social. Tan contrastante como una carreta adobada de aguacates, en frente del minialmacén. “¡Calidad, calidad, calidad de aguacate! Lleve el aguacate”, dice Oliverio Salazar, quien en compañía de Dagoberto Pineda, el jefe, vende el manjar para el almuerzo desde 1983. “Allí en la esquina pagamos una bodega para las dos carretas y las canastas con productos. ¿Que cuánto vale el arriendo? Pagamos 450.000 pesos. ¿Por año? Nooo, cada mes, por aquí es estrato cinco”, revela Dagoberto.

A lo largo de la avenida, en el rebusque ambulante, hay puestos de fruta, una venta de revistas, al menos cuatro chazas de dulces, una mesa con flores y tres vendedoras de tinto. Bajo los árboles, un cómodo señor entrado en años usa una banca pública para acomodar su negocio de cigarrillos y lustre de zapatos.

“Con Mockus y Peñalosa todo era una corredera. La policía se nos llevaba la carreta. Pero desde que llegó Petro, la cosa está más tranquila”, confiere Oliverio, después de anotar que el trabajo en la calle conlleva sus dificultades. A propósito, e igual que los demás vendedores, Dagoberto afirma: “El sector es tranquilo y nunca nadie ha venido a pedirnos plata por estar acá vendiendo”.

Lo que retrata el bulevar

El monumento al almirante José Prudencio Padilla, héroe naval de la gesta libertadora, le da un toque patrimonial a la calle 37. Es parte del bulevar, la única con monumentos, pero una de las tantas usadas por los vecinos para caminar y como punto de descanso, por su escalinata convertida en banca.

“Es evidente, hasta el momento, la conservación del elemento más representativo del lugar: el parque (lineal), que muestra intervenciones en diversos momentos, pero por la importancia que tiene para los habitantes conserva su esencia”, explica Triviño.

Sobre este punto, las perspectivas son diversas. Edgardo Fernández vive en la zona hace 40 años y señala que los estudiantes de las escuelas de arte “se la pasan tomando cerveza a lo largo del bulevar, sobre todo los viernes en la noche esto se llena de muchachos”.

Alicia Díaz, que pasa ronda con Juanita, la perrita que no ladra, opina: “Al parque le hacen buen mantenimiento. Y los muchachos no son un problema, lo que pasa es que de tanto que se mantienen por acá, el prado ya se está acabando. Mire que ya es pura tierra”. En efecto, el suelo es más negro que verde. Acaso resultado del gusto por caminar por ahí.

Más población flotante que antes

El Park Way fue diseñado por el arquitecto Kart Brunner, en la segunda mitad de la década de 1940, bajo el concepto de ‘ciudad jardín’ o ‘beautiful city’. El estudio ‘Transformaciones urbanas en el Park Way’ explica que quienes hoy habitan el eje de la avenida 24 son diferentes a sus pobladores originales, toda vez que una gran parte son pobladores flotantes, porque permanecen en la zona por tiempo limitado, en el que trabajan, adelantan trámites bancarios, llegan a espectáculos culturales o de entretenimiento, y hacen vida social en los inmuebles adaptados.

Felipe Motoa Franco
Redactor de EL TIEMPO
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