'La Sierra Nevada de Santa Marta se está quedando sin agua'

'La Sierra Nevada de Santa Marta se está quedando sin agua'

Según el director de la Fundación Pro Sierra Nevada, tomará 20 años recuperar el sistema hídrico.

'La Sierra Nevada de Santa Marta se está quedando sin agua'
18 de abril de 2015, 01:42 am

La Sierra Nevada de Santa Marta es una ‘fábrica de agua’. En este macizo montañoso nacen 36 ríos que producen más de 10.000 millones de metros cúbicos de agua por año, de donde se abastecen los acueductos de 21 municipios de los departamentos de Magdalena, La Guajira y Cesar. Además, es el hábitat de cientos de especies, entre ellas 37 aves, dos mamíferos y 10 anfibios que son endémicos, es decir, no se encuentran en otro lugar.

Por estas razonas, en 1979 fue declarada por la Unesco Reserva de la Biosfera, del Hombre y de la Humanidad y en el 2013 un estudio publicado en la revista Science concluyó que es el ecosistema más irremplazable en el mundo. (Lea también: Planean recuperación hídrica de Sierra Nevada y Serranía del Perijá)

No obstante, la Fundación Pro Sierra Nevada de Santa Marta, entidad no gubernamental sin ánimo de lucro creada en 1968, viene advirtiendo desde hace varios años sobre su deterioro ambiental, sobre todo en las zonas donde hay mayor presión por los asentamientos humanos, debido a prácticas inapropiadas, como la deforestación, las quemas y la expansión de las fronteras agrícola y ganadera, que inciden en la función de retención hídrica que el territorio ejerce gracias a la cobertura natural. Su pérdida deja a este expuesto a fenómenos erosivos que alteran los flujos y el balance general de las cuencas.

Lucas Echeverri Robledo, director ejecutivo de la Fundación, asegura que hay que empezar a trabajar conjuntamente en la conservación de la Sierra Nevada en una estrategia que conjugue lo social, económico, ambiental, político y cultural, antes de que el agua se acabe, amenazando la estabilidad humana y la actividad agroindustrial. Es radical en sus posturas sobre no seguir expandiendo la agricultura, porque los cultivos no son rentables ni ambiental ni económicamente y en que debe haber una política de cero carreteras en el macizo montañoso, porque eso implica talar bosques.

El país está viviendo períodos de sequía muy prolongados. ¿Cómo afecta esto las fuentes de agua de la Sierra Nevada de Santa Marta?

En la Sierra Nevada nacen 36 ríos principales y varios secundarios, que son muy cortos y muy vulnerables. El cambio climático vino para quedarse y ha subido la temperatura notoriamente. Uno de sus efectos es que los glaciares de la Sierra Nevada se han derretido; ya quedan muy pocos permanentemente y de ellos nace el agua. Luego viene el páramo, que es un productor de agua natural de los andes tropicales; es una esponja generadora de agua. Aunque queda dentro del Parque Sierra Nevada de Santa Marta, tiene una presión demográfica muy grande porque hay cabras, chivos y ganadería, y se está dañando el páramo. Si no hay hielo y el páramo está disminuido, estamos produciendo menos agua. Todo eso va unido al calentamiento global. Si además los hombres le hacemos una presión talando bosques, vemos que cada vez hay menos agua de escorrentía en los ríos.

El cambio climático viene con un cambio en el régimen de las aguas, ya no solamente las lluvias no son de la misma cantidad que antes, sino que duran menos. El agua escurre rápido haciendo daños y erosión, y la tierra no alcanza a retenerla toda. El ejemplo claro lo tenemos desde hace dos años.

¿En qué lugares se sienten con mayor fuerza los efectos de la falta de agua?

En toda la región. La Guajira depende de los ríos Tapias y Ranchería. El Tapias ha disminuido su caudal porque las cabeceras están muy deforestadas y en el Ranchería ya no hay que deforestar. Ese es un proceso que lleva muchos años, pero como vuelve y llueve la gente no le para bolas. El río Manzanares en Santa Marta es un hueco sin agua. Toda la cabecera del río Cesar está acabada; no tiene un árbol en pie desde la cabecera hasta que llega a Valledupar. Toda la vocación agrícola del sur de La Guajira y el norte del Cesar se está viendo amenazada y ahí si no podemos hacer nada.

Tal vez los acueductos de todos los pueblos los podrán solucionar aún en la sequía más bárbara por algún tiempo, pero la parte rural no. Riohacha y el sur de La Guajira tienen un área agrícola muy grande, el Cesar es ciento por ciento agrícola y depende casi todo el norte de la cuenca del río Cesar, y la parte del Magdalena es agrícola por excelencia. La Zona Bananera tiene cientos de miles de hectáreas de palma y depende de las aguas que vienen de la Sierra Nevada. La agroindustria está sufriendo. Las cantidades de hectáreas de banano que se han acabado en La Guajira y el Magdalena son incontables. La producción semestral en San Juan del Cesar está acabada; a los campesinos les tienen que prohibir cultivar porque no hay agua sino para tomar. Es un círculo vicioso, no cultivemos porque no hay agua para tomar, pero si no tenemos qué comer no vamos a tener con qué vivir.

La Fundación Pro Sierra viene advirtiendo desde 1998 sobre la disminución del agua en la Sierra Nevada. ¿Qué se ha hecho en estos diecisiete años?

Desde 1998 hasta acá lastimosamente no se ha hecho nada. El mejor negocio para la región es conservar la Sierra Nevada de Santa Marta; si a ti no te interesa el medioambiente, salvémosla por negocio. La agroindustria, de lo que vive la región, saca el agua de allá. ¿Qué hay que hacer? Toca hacer un consenso y los consensos son muy difíciles porque la gente tira siempre para su lado. La Sierra Nevada es una sola y está en tres departamentos, tres resguardos indígenas, tres corporaciones autónomas, Parques Nacionales y 21 municipios y cada uno jala para su lado. El río Guataparí nace en una cuenca que está totalmente talada y no se puede hacer nada porque está en un resguardo indígena y se va a morir de sed Valledupar porque la Nación le dio la autonomía a los resguardos, pero esas autonomías vienen con responsabilidad. La responsabilidad del agua es de todos y no importa si está en parques nacionales, resguardo o región campesina. Si no cuidamos el agua como un todo, no podemos hacer nada.

¿Cuál ha sido entonces la contribución de la Fundación?

La Fundación desde 1998, con plata de cooperación internacional, realizó un estudio muy grande y profundo que se llamó Estrategia Ecorregional de Conservación de la Sierra Nevada de Santa Marta y costó más de un millón de dólares. Es un estudio muy completo de todas las estrellas hídricas sobre qué había que hacer, cuáles son los pasos a seguir y se ha venido actualizando. Eso se convirtió en una propuesta, que es la ‘Alianza ecorregional de conservación de la Sierra Nevada’. Lo que hizo fue coger a las autoridades y decirles que lo hiciéramos juntos, las tres corporaciones autónomas, las tres gobernaciones y varias alcaldías. Se lo presentamos en 2014 a la Presidencia de la República, pero no ha pasado nada.

¿Qué acciones se definieron en esa alianza?

Conservación de los bosques, parar la tala de árboles y empezar a recuperarlos de dos formas: pasiva y activa. Se limita la llegada de la gente para que el bosque empiece a crecer solo y se siembran corredores de conservación.
Lo primero que hay que hacer es recuperar el agua para las cabeceras municipales a mediano plazo. Trabajar en las estrellas hidrográficas como la estrella de San Lorenzo, donde nacen los ríos Manzanares, Gaira, Piedras, Guachaca, Mendihuaca, Córdoba y Toribio, que abastecen a Santa Marta y Ciénaga; donde nacen los ríos Cesar, Tapias y Ranchería, un área que está muy afectada y necesita un trabajo muy grande para la viabilidad de Riohacha y la zona agrícola del sur de La Guajira y el norte del Cesar, y donde nacen los ríos Guatapurí y Ariguaní, que es el agua de Valledupar. Hay que darle un valor al agua, debería haber una tasa de agua que se vaya a un fondo para el mantenimiento y recuperación de las fuentes hidrográficas.

¿En cuánto tiempo se podrán recuperar las cuencas hídricas de la Sierra Nevada?

Esto va a demorar 20 años en recuperarse como mínimo si se empieza desde ya. Es un trabajo muy lento y de largo plazo. La Fundación se creó en 1986 y desde entonces ha trabajado en la cuenca del río Guachaca–Buritaca. Cuando empezamos, era un sitio muy degradado por los cultivos de marihuana y la tala indiscriminada. Se recuperó totalmente en 25 años.

¿Qué va a pasar si no se toman medidas desde ahora?

Nos vamos a volver un desierto. Hay estudios que dicen que, si seguimos cómo vamos, en 2050 el desierto de La Guajira va a llegar a Valledupar.

PAOLA BENJUMEA BRITO
Santa Marta
Corresponsal de EL TIEMPO