Un cambio de chip / opinión

Un cambio de chip / opinión

Según estudio, los estudiantes más educados tienen mejor actitud frente a las tecnologías.

7 de abril de 2015, 02:06 am

Un reciente estudio sobre la apropiación de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en tres universidades de Bogotá encontró que entre más educados son los estudiantes, mejor actitud tienen hacia las TIC.

Sin embargo, a pesar de que los alumnos tenían condiciones óptimas de acceso y formación, no hubo relación fuerte con la percepción de impacto productivo.

Los autores concluyen que esto puede deberse a una apropiación superficial de las TIC, a una educación de pobre calidad y a una economía que no está centrada en estas herramientas.

Este estudio intenta responder a una pregunta: ¿por qué hay tanta gente con buena educación y acceso óptimo a las TIC que prefiere seguir usándolas con fines lúdicos y no productivos?

Una de las explicaciones es el mindset o forma de pensamiento, que conocemos coloquialmente como el chip.

El discurso de desarrollo e innovación tecnológica no procede de nuestra cultura; de hecho, aun el 60 por ciento de la población mundial no está digitalizada. Los países en desarrollo todavía se concentran en producir bienes y servicios de bajo valor agregado, lo cual no es siempre compatible con lo que han llamado la economía de la innovación.

Eso puede reflejarse en nuestra lógica de uso de las TIC, incluso en los casos en los que no hay limitantes de acceso o económicas, y ahonda las diferencias entre los tipos de personas conectadas y no conectadas (brecha digital).

Nada logramos regalando iPads en colegios y universidades o entregándoselas a los médicos como parte de programas de mejoramiento, si no entendemos el proceso de apropiación e identificación cultural necesario para cambiar ese chip, que por ahora valora más la diversión.

Sin padres o profesores con una buena actitud hacia las TIC, sin competencias digitales apropiadas para saber cómo pueden estas ayudar, sin una conectividad que permita hacer parte de las redes de conocimiento y sin una personalidad para comprender el provecho que se puede obtener de ellas y mejorar la productividad, solo podemos esperar a que se ahonde dicha brecha.

Si no cambiamos el chip seguiremos siendo invitados marginales de esa economía de la innovación.

CARLO VINICIO CABALLERO
Ph. D., profesor asociado de Medicina, U. del Norte