Los otros papas que han visitado Colombia

Los otros papas que han visitado Colombia

Juan Pablo II y Pablo VI estremecieron al país en 1986 y 1968, respectivamente.

Los otros papas que han visitado Colombia
2 de abril de 2015, 05:55 am

El primero de julio de 1986, a las 3:20 de la tarde, el papa y hoy santo de la Iglesia, Juan Pablo II, aterrizó en el aeropuerto El Dorado, de Bogotá. Saludó desde el avión, bajó las escalerillas y besó el suelo; fue recibido con honores y minutos más tarde estaba montado en el papamóvil rumbo a la Catedral Primada, en medio de una multitud que lo aclamaba.

“Uno percibía que estaba al lado de un santo: se sentían su bondad y su generosidad”, recuerda el ex presidente Belisario Betancur, quien lo acompañó durante los siete días de su visita a Colombia, en medio de un impresionante operativo logístico y de seguridad.

Juan Pablo II estuvo en Colombia en Julio de 1986.  Uno de los lugares que visitó fue el monumento por las víctimas del terremoto de Armero.

Fueron 10 ciudades las que el papa polaco recorrió en los que fueron conocidos como los ‘siete días blancos’, en misas y celebraciones multitudinarias.

En Chiquinquirá y en Tumaco, por ejemplo, lo consideran jocosamente como el ‘mejor alcalde’ que han tenido debido a las obras de infraestructura que allí se desarrollaron para recibirlo. En Chiquinquirá, por ejemplo, se invirtieron 2.000 millones de pesos en la construcción de calles, parques y redes de servicios públicos.

“El Papa vino en un momento en el que el país estaba flagelado por los horrores de la guerra y del narcotráfico. Durante siete días sembró la esperanza y la paz entre el pueblo colombiano, que lo recibió con fervor”, recuerda Betancur.

El padre Camilo Bernal, exdirector del Sena y uno de los delegados para la organización de aquella visita papal, comenta que la presencia de Juan Pablo II sirvió para menguar los ánimos en un momento muy doloroso para el país, ante episodios recientes como la toma del Palacio de Justicia y la tragedia de Armero (Tolima).

“El Papa vino a renovar el poder de la oración, con la huella que había dejado en todo el mundo y con su palabra poderosa”, comenta Bernal al recordar que uno de los momentos más emotivos de este acontecimiento se registró cuando Juan Pablo II se arrodilló ante la cruz gigante levantada en Armero y oró por las víctimas de la catástrofe.

Durante sus homilías, el llamado papa viajero, entonces de 66 años, les pidió a los guerrilleros que dejaran las armas y condenó al narcotráfico, afirmando que éste era una nueva forma de esclavitud. Exigió un trato más digno para los campesinos y trabajadores, y oró para que cesara la ola de violencia desatada por el negocio de la droga.

Entre las anécdotas del acontecimiento se recuerda que cenó con dos niños de la calle en Bogotá; en Tumaco se salió del protocolo y visitó a varias familias pobres de esta población y se dejó rodear por una comparsa que danzaba currulao. Y en Medellín dijo sentirse seguro y orgulloso del carriel, el poncho y el sombrero que le regalaron

Juan Pablo II fue el segundo papa que visitó Colombia. El primero fue Pablo VI, quien estuvo en Bogotá durante tres días, en 1968.

Pablo VI: un barrio en Bogotá inmortalizó su visita

La llegada de Giovanni Battista Montini, Pablo VI, el jueves 22 de agosto de 1968 a Colombia marcó la historia por tratarse de la primera visita de un papa a Latinoamérica.

El pontífice aterrizó pasadas las 10 de la mañana en El Dorado y, tras descender del avión y antes de saludar al presidente de entonces, Carlos Lleras Restrepo, besó el suelo.

Esa demostración de humildad fue el primer gesto que paralizó al país durante tres días en los que el pontífice casó a 24 parejas, visitó a familias pobres en el sur de la capital, se reunió con campesinos y celebró una misa multitudinaria en el Templete Eucarístico del hoy Parque Simón Bolívar.

Pablo VI estuvo en Bogotá para inaugurar la II Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe. EFE

El país se preparó durante meses para la llegada del pontífice. Obras como el barrio que lleva su nombre, en Bogotá, y la ampliación y construcción de vías adornaron a la capital y aún perduran.

Monseñor Fabián Marulanda explica que la llegada de Pablo VI a Colombia se dio tras la publicación de la encíclica Humanae Vitae, que produjo muchas críticas en Europa porque, al hablar de familia, se rechazaba todo método de planificación que no fuera natural. Esto coincide en cierta medida con el Sínodo de la Familia, que concluye este domingo, donde este tema se mantiene en agenda.

“Es un hecho que las parejas siguen métodos fuera de los naturales, una realidad que debe enfrentar la Iglesia, porque no se puede condenar a tantas parejas”, insiste.

Agregó que la visita produjo documentos muy fuertes en Europa. “Un periodista francés escribió un libro que titulaba más o menos así: ‘Una Iglesia en estado de pecado’. Él estuvo en Colombia cubriendo la llegada del papa y hablaba de una institución demasiado inmóvil y cerrada al cambio. Decía que se había guardado a los pordioseros para que no fueran tan visibles las manifestaciones de pobreza en el país”, añade Marulanda.

Esas multitudinarias manifestaciones no son lo único que se recuerda. Sus discursos –dice monseñor– dejaron palabras casi proféticas.

“A la clase dirigente le decía que muchas de las expresiones de rebeldía pudieron ser prevenidas con reformas oportunas y eficaces. En ese tono, en muchas ocasiones, dijo cosas muy sabias”, recuerda.

En eso coincide el periodista Javier Darío Restrepo, quien para la época cubrió eventos de esa visita para EL TIEMPO.

“El papa habló de la necesidad de que se interviniera en esas revoluciones de la desesperación. Con esto se refería a la situación de injusticia que había particularmente con los campesinos”, dice.

En su intervención reiteró la necesidad de justicia con los campesinos, porque de lo contrario la sociedad se vería ante una situación de mayor violencia a la que se vivía entonces.

El sábado 24 de agosto, aún con un ambiente cristiano rebosante, el pontífice se despidió del país con unas palabras que, al igual que su imagen besando el suelo a su llegada, no se desvanecen: “No te decimos adiós, Colombia, porque te llevamos más que nunca en el corazón”.

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