La Corte en llamas

La Corte en llamas

¿Cómo sacamos a la justicia de la peor crisis de su historia? Aquí, algunas iniciativas.

La Corte en llamas
23 de marzo de 2015, 02:01 am

Que la situación actual no tiene parangón con alguna en el pasado es casi el único asunto sobre el que existe un consenso. La cuestión es: ¿cómo sacamos a la justicia de la peor crisis de su historia? Aquí, algunas iniciativas sueltas para la reflexión.

La vía de la reforma: tres elementos inquietan frente a este planteamiento. El primero, una reforma de este calado no debe precipitarse ni orientarse por la inmediatez de esta crisis. La reforma necesita tiempo, debates sustanciales y mucha transparencia, y eso exige tiempo. Segundo. ¿De qué sirve una reforma si la cultura es la misma? Podremos formular el sistema más extraordinario de la tierra, pero no será invencible. Lo que debe cambiar es la endogamia que se tomó la Rama Judicial y que impide su oxigenación. Y tercero, aludiendo a una de las propuestas más discutidas, un tribunal de aforados supone, desde su misma definición, muy complejas cuestiones jurisdiccionales y un elevadísimo riesgo de politización, siendo el más importante el de convertirse en un superpoder sin control. Valdría la pena pensar en un mecanismo propio de autorregulación, regido por el más estricto principio de transparencia, y que opere desde el momento mismo de la elección.

La puerta giratoria: dentro de esa transformación de la cultura de la Rama Judicial, el cambio más importante debe ser la cancelación de la puerta giratoria. No tiene presentación que tengamos a los magistrados saltando de una corte a otra, o a un organismo de control. La situación fue parcialmente reparada el año pasado luego de la anulación de la elección del magistrado Ricaurte, pero está lejos de haber sido subsanada de fondo.

La endogamia facilita que cualquier aspiración tenga que acompañarse de poderosos padrinos dentro de las mismas cortes, padrinos que con alguna frecuencia se convierten en los “dueños” del voto del sucesor. Las pugnas electorales entre padrinos son las que han terminado dividiendo a estas mismas cortes y desatando guerras de feudos que bloquean las decisiones. En el peor de los casos, algunos de los elegidos a los organismos de control han quedado fuertemente endeudados con el Congreso. La elección en el Senado obedece a la correcta premisa de que esta le pertenece al pueblo, que se expresa a través de sus representantes, pero aquí se convirtió en un factor de politización de una justicia que desfila por los pasillos del Congreso haciendo lobby como cualquier otro sector de interés. Todo lo anterior explica por qué, en un país de tantos extraordinarios juristas, algunos de los elegidos están allí por sus asombrosos alcances como cabildantes y no por su conocimiento del derecho, lo que ha resultado nefasto para la calidad y la profundidad de la jurisprudencia.

La respuesta institucional: ante las denuncias que hacía el magistrado Pretelt la semana pasada, no solo contra sus compañeros, sino contra toda la rama, la respuesta de los magistrados de la Corte Constitucional debe ser institucional, no personal, y ese mensaje, cualquiera que sea su contenido, debe ser claro en un asunto: nadie debe usar la toga para plantear peleas de gallos y lanzar puñaladas al estilo de “es que usted no sabe quién soy yo”. La institución está por encima de cualquier consideración y esta crisis, planteada en un momento de transición tan crítico para las aspiraciones de la paz, debe preservarse tanto en su dignidad como en su independencia.

Esta crisis apenas comienza; de no conjurarse adecuadamente, sentará gravísimas dudas sobre la legitimidad de cualquiera que sea la fórmula elegida en materia de justicia transicional. Let’s see how far down the rabbit hole goes.

Natalia Springer
@nataliaspringer