La justicia tocó fondo

La justicia tocó fondo

La esperanza es que después del escándalo que la atropelló, la Corte pueda salir fortalecida.

La justicia tocó fondo
21 de marzo de 2015, 12:46 am

La Corte Constitucional, hasta ayer la joya de la corona –hoy en el ojo del huracán por culpa de muy graves actuaciones de su presidente, Jorge Pretelt, y de algunos integrantes–, con la tardía revocatoria del alcalde Gustavo Petro les ha ocasionado a la ciudad y al país nuevos y costosos problemas. Varios observadores sostienen que esa decisión de última hora es una cortina de humo con la cual la Corte intenta desviar la atención del escándalo que arrolla. Sea lo que sea, lo cierto es que, al salir con la revocatoria del Alcalde en los estertores de su mandato, metió a Bogotá y a sus habitantes en una sin salida que empeora lo que ya iba de mal en peor. Pues Petro, tan afecto a movilizar masas, ya anunció que irá, casa por casa, a defenderse. Y en función de esa defensa se acabará de paralizar la ciudad y se perjudicará el desarrollo de las campañas electorales, que pintan ser complicadas, porque son muchos los candidatos y porque hay algunos muy agresivos.

Que la Corte Constitucional se pronuncie sobre la revocatoria de Petro dos años después de ser solicitada por 357.000 ciudadanos no mejora su imagen. A simple vista, parece absurdo que el país tenga que botar 40.000 millones de pesos para elegir alcalde por 6 meses, mientras el Gobierno se esfuerza en ahorrar, pues con la caída del petróleo dejará de recibir varios billones de pesos. Al mismo tiempo, el Consejo de Estado, al ratificarle a Petro las medidas cautelares, le garantiza permanecer en el puesto hasta el fin de su mandato. Así las cosas, ¿quién entiende qué está pasando? Al fin, ¿para dónde vamos?

Entre tanto, no obstante los muchos hechos indebidos descubiertos en su hoja de vida, el magistrado Pretelt anunció que no dejará su puesto. Además de ser denunciado por soborno, los acusan a él y a su esposa de adquirir de manera ilegal tierras de pobres campesinos. Y por grabaciones en manos de las autoridades se ha descubierto que el inmenso poder que tiene lo usa de manera indebida en beneficio de sus amistades y de sus allegados. No obstante la interminable serie de acusaciones, Pretelt, con cuero duro y enorme cinismo, se aferra a un puesto. Pero ahí no quieren verlo sus ocho compañeros de la Corte Constitucional. Un puesto al que debe renunciar, como se lo han pedido el ministro de Justicia, Yesid Reyes; el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo; la mayoría del Senado y buena parte de la opinión pública. Sin embargo, Pretelt no se rinde. Anunció que permanecerá ocho años en la Corte Constitucional, posición que le agradeció públicamente al expresidente Álvaro Uribe. Y se empeña en defender su sitial, pase lo que pase. Lesionar la imagen de la Corte lo tiene sin cuidado. Ya les advirtió a sus colegas que si él tiene que irse, pues no se irá solo.

Sin saber en qué terminará uno de los peores escándalos ocurridos en el Poder Judicial, lo que ha pasado hasta ahora nos demuestra que la justicia tocó fondo y que es urgente una reforma integral del Poder Judicial. Lo propusieron todos los senadores que intervinieron en la sesión que le negó a Pretelt la licencia no remunerada, lo piden a diario distinguidos juristas e inocentes ciudadanos del montón escandalizados.

Lo que no puede pasar es que Pretelt se salga con la suya. Aunque lo tenga previsto, es imposible que sea capaz de arrastrar en su caída a la Corte Constitucional. Ante tan amenazante actitud, la Corte tendrá razones para defenderse y tendrá serias intenciones de fortalecerse, pues el país la necesita “para la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución”. La esperanza es que después del escándalo que la atropelló y después de las internas y profundas reflexiones que tendrá que hacer sobre todo lo que está sucediendo, la Corte Constitucional pueda salir fortalecida. Confiando en lo que dice el refrán: no hay mal que por bien no venga.

Lucy Nieto de Samper
lucynietods@gmail.com