Brasil, un gigante donde se 'cultiva' la sostenibilidad

Brasil, un gigante donde se 'cultiva' la sostenibilidad

En este país, gobierno y empresarios han asumido el reto de impulsar los negocios responsables.

Brasil, un gigante donde se 'cultiva' la sostenibilidad
17 de marzo de 2015, 12:00 pm

A orillas de la imponente sierra de Mantiquera, que en lenguaje tupí-guaraní significa ‘Montaña que llora’, o ‘Sierra donde nacen las aguas’, en medio de una vegetación exuberante, de verdes intensos que contrastan con los suelos rojizos propios de esta región, Jefferson Adorno asegura que cultiva la sostenibilidad.

Su finca, ‘El Retiro San Antonio’, localizada a 190 kilómetros de Sao Pãulo, en el municipio de Santo Antonio do Jardim, en Brasil, es un ejemplo de cómo la agricultura, y en este caso el cultivo de café, puede ser una actividad respetuosa del medio ambiente y de la sociedad.

No fue gratis, entonces, que la ‘fazenda’ de Jefferson fuera seleccionada para mostrar su experiencia durante el Brazilian Sustainable Solutions, un evento que la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Apex-Brasil) realizó a finales de 2014 en São Paulo con el fin de promover ruedas de negocios entre 12 empresas que han incorporado prácticas de sostenibilidad e innovación en su modelo de negocio y compradores internacionales que exigen y valoran esos atributos.

“No es café orgánico, es café sostenible”, aclara Jefferson. Más que palabras, se trata de hechos: de las 128 hectáreas con las que cuenta su finca, tan solo 33 (un 25 % del total) están destinadas a cultivos en los que se ven matas de café que crecen a la sombra de árboles nativos. “Es un sistema agroforestal –explica este hombre que abandonó la ingeniería eléctrica para dedicarse al campo–. Esto quiere decir que el café se siembra debajo de árboles, lo que protege la biodiversidad, permite la conservación de nutrientes en el suelo, y conserva el hábitat y el refugio de la vida silvestre”.

El resto del terreno pertenece a áreas de conservación de bosques, restauración de suelos y preservación de las fuentes de agua que atraviesan ese sector. Y es que cuando sus padres adquirieron la finca en 1994, no era más que un terreno erosionado y degradado. “Hoy ya se han plantado más de 5.800 árboles”, añade Jefferson.

Pero el atributo de este café no es solo ambiental. En la finca, hay once trabajadores que viven allí con sus familias y que se benefician del programa ‘Vivienda sustentable, familia saludable’. Se trata de una apuesta de Jefferson y de sus padres para fomentar hábitos de consumo responsable entre sus empleados.

 En el Retiro San Antonio, parte de la producción de café sostenible tiene que ver con su siembra bajo árboles nativos. Cortesía Jefferson Adorno.

En cada vivienda se incentivan ideas para reducir el gasto de energía, se fomenta la creación de huertas y la crianza de gallinas para mejorar los hábitos alimenticios, se estimula la asistencia de niños y jóvenes a la escuela, se reciclan todos los residuos, desde los orgánicos –con los que se elaboran abonos– pasando por el aceite de cocina y las pilas usadas. Todos van a contenedores, que luego son enviados a las empresas que se encargan de su reciclaje.

A su vez, la finca recibe estudiantes interesados en el turismo agroecológico y en la educación ambiental, quienes, a través de visitas guiadas, aprenden los conceptos del desarrollo sostenible.

La suma de todas estas acciones le ha merecido obtener certificaciones internacionales como Rainforest Alliance, que exige el cumplimiento de prácticas sociales y ambientales; UTZ, que pide buenas prácticas agrícolas, y la certificación de la Asociación Brasileña de Cafés Especiales.

Por la competitividad

Pero volvamos al Brazilian Sustainable Solutions. En ese evento el ‘café sostenible’ de Jefferson no fue el único producto destacado. Otro de los ejemplos de cómo hacer bien las cosas fue el de Coopnatural, una cooperativa de pequeños productores de Paraiba, estado norte de Brasil, que desde el 2003 elabora productos textiles a partir de algodón de colores.

Se trata de un proyecto de agricultura familiar, que reúne a 400 campesinos y artesanos dedicados al cultivo de algodón sin pesticidas ni agroquímicos y a su teñido de manera artesanal con tintes naturales. Hoy, cuentan con 23 talleres de producción, que benefician la mano de obra local y en los que se elaboran prendas de vestir con tejidos y diseños tradicionales.

Otro fue el caso de CBPak, una pequeña empresa que logró crear envases desechables, como vasos y bandejas plásticas, a partir de la fécula de la yuca, lo que permite no solo reemplazar el icopor sino hacer que, una vez desechados, se degraden en menos de ocho días.

Productores de algodón asociados a Coopnatural en el estado de Paraiba. Cortesía Coopnatural

Son muestras de pequeñas y medianas empresas que a lo largo del 2014 se beneficiaron del programa ‘Innovación y Sostenibilidad en las Cadenas Globales de Valor’, una alianza entre Apex-Brasil y el Centro de Estudios en Sostenibilidad de la Fundación Getulio Vargas que les ofreció capacitaciones y asesorías para que se convirtieran en los modelos de negocio responsable que hoy se muestran ante el mundo.

“En Brasil, cada vez tenemos más empresarios involucrados en el tema de la sostenibilidad, que ven esta característica como un factor diferencial frente a su competencia. Nuestra obligación como gobierno es promover esas iniciativas, darles incentivos y ayudarles a abrir caminos en mercados internacionales”, sostiene Adriana Rodríguez, gerente de sostenibilidad de Apex.

Agricultura sí, pero responsable

A 40 kilómetros del centro de Brasilia, en Planaltina (DF), se encuentra la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Empraba), un centro de investigación ecorregional vinculado al Ministerio de Agricultura, que cuenta con un área experimental de 2.000 hectáreas de las cuales 700 son reservas ecológicas.

La sede de la entidad está localizada justo en el centro de un ecosistema conocido como ‘Bioma Cerrado’, que ocupa más de dos millones de km2 (el 24 % del territorio nacional) y que alberga a unas 12 mil especies de plantas nativas y 320 mil de especies de animales.

Desde su creación en 1975, Empraba se propuso hacer viable la producción agrícola en esa región, pero con estándares sostenibles. Una de las apuestas más innovadoras fue la creación de un modelo de producción que integre la agricultura, la siembra de bosques y la ganadería en un mismo espacio para recuperar áreas degradadas. Se trata de programas dirigidos a campesinos para que aumenten su productividad y sus ingresos, sin abrir nuevas áreas de cultivo. La clave ha estado en la introducción de pastos para el ganado, mejorados genéticamente, que son menos agresivos, ayudan a capturar CO2 y a preservar la calidad del suelo. En términos de agricultura, además de conservar los saberes tradicionales de los campesinos, resaltan buenas prácticas, como el uso de bacterias para el control biológico de plagas en lugar de usar químicos, el desarrollo de tecnologías de irrigación que hacen un uso eficiente del agua, y el reciclaje de residuos. Finalmente, la siembra de árboles preserva la biodiversidad de la región y aporta a mitigar el déficit de madera que presenta el país por la sobreexplotación de bosques y selvas. Hoy, la región es una de las mayores fronteras agrícolas del mundo y referencia internacional en términos de productividad.

Lizeth Salamanca Galvis
Redactora HUELLA SOCIAL