Víctimas del Urabá le reclaman tierras al magistrado Pretelt

Víctimas del Urabá le reclaman tierras al magistrado Pretelt

Magistrado y su esposa son dueños de La Corona, un predio de 243 hectáreas.

Víctimas del Urabá le reclaman tierras al magistrado Pretelt
13 de marzo de 2015, 02:35 pm

Con armas en mano, Evelio Díaz alias el Burro, un reconocido paramilitar del Urabá antioqueño, llegó hasta la finca de Reynaldo Villalba, ubicado en lo que es hoy un predio de 243 hectáreas que le pertenece al presidente de la Corte Constitucional, Jorge Pretelt y a su esposa Martha Ligia Patrón, delegada de familia de la Procuraduría General de la República.

–O me vende la finca o se la compramos a la viuda–. Fue lo que el 'Burro’ le dijo a Villalba.

“Fueron dos veces hasta la finquita y solo me decían que me daban 14 millones de pesos por las 71 hectáreas”, recordó.

La transacción, mediada por constantes intimidaciones, se hizo en Montería, donde de una vez le tocó quedarse a Villalba, a su esposa y a los 11 hijos.

“Primero me dio la mitad de la plata y unos meses después la otra mitad. Imagínese por la que hemos pasado, por las verdes y las maduras”, dice.

Por eso no entiende que un “señor tan importante”, como lo es el presidente de la Corte Constitucional –hoy cuestionado por supuestos de actos de corrupción en la más alta institución de Colombia–, pueda ser el dueño de un terreno que, según Villalba, se lo arrebataron los paramilitares.

“Yo no sé si ese señor (el 'Burro') se la regalaría o se la vendería a él o a su esposa, porque hay una parte del terreno que está a nombre de esa señora Martha Ligia. La verdad es que a mí me amenazaron para vender mis tierras, eso es lo que no entiendo: ¿cómo pudieron comprar algo que está manchado de guerra?”, se pregunta.

Lo cierto es que en unas escrituras firmadas el 14 de junio de 2007, y que reposan en la Notaría Segunda de Montería, está el nombre del presidente de la Corte Constitucional y de su esposa.

Entre 1995 y el 2000, las 243 hectáreas, que hoy llaman 'La Corona' y la cual está ubicada entre San Pedro de Urabá, Turbo y Arboletes, eran realmente cinco fincas de humildes campesinos a quienes los despojaron de sus predios.

Uno de ellos es el fallecido Manuel Gregorio Hernández. En el 2002, grupos paramilitares llegaron hasta su finca, Alto Bonito y, al igual que Villalba, lo amenazaron para que vendiera el predio de 45,5 hectáreas en 5'000.000 de pesos.

En el 2008, él inició el proceso en Justicia y Paz para tratar de recuperar lo que le pertenecía, pero el hombre murió hace dos años y hoy son sus hijos quienes reclaman.

Gerardo Vega, director de la fundación Forjando Futuros, se pregunta si Pretelt o su esposa no estaban enterados de que el Urabá antioqueño era una zona en la que el desplazamiento y el despojo de tierras eran una constante.

“Pueden decir que ellos compraron de buena fe, pero la Ley 1448 establece que deben devolver la tierra, pues no están exentos de culpa por el 'desconocimiento' ”, dijo.

Unidad de Restitución investiga el caso

El director de la Unidad Nacional de Restitución de Tierras, Ricardo Sabogal, confirmó que sí tienen un proceso de reclamación sobre el predio 'La Corona', propiedad de Pretelt y de su esposa, pero que apenas están investigando si este, precisamente, le fue despojado a sus dueños originales.

"Hay muchas reclamaciones en esta zona que desgraciadamente fue muy afectada por la violencia. Hay más o menos unas 100 en ese sector que se conoce como la '35'. Tan pronto tengamos un resultado de la investigación (del predio de Pretelt) nos pronunciaremos. Aún es prematuro llegar afirmar si hubo buena o mala fe (del magistrado)", explicó Sabogal.

Lo que si tienen es una reclamación en la hacienda la Corona que agrupa varios predios y que suman un total de 120 hectareas: "No es toda la hacienda pero allí sí hay dos predios que muerden el gran globo de ese terreno", dijo. 

Sin embargo, para Vega no hay duda alguna que esos terrirtorios fueron despojados por los grupos paramilitares.

“Desde 1994 eso fue un terreno de la casa de los Castaño, luego se lo fueron repartiendo los paramilitares”, aseguró.

A Villalba, por su parte, no le interesa recordar esos días de amenazas que lo hicieron irse de su tierra, ahora lo único que le importa y lo que le pide a Pretelt “es que se ponga la mano en el corazón y le devuelva lo que le robaron los violentos”.

YEISON GUALDRÓN
Medellín