Editorial: No es suficiente, doctor Pretelt

Editorial: No es suficiente, doctor Pretelt

Por simple decoro, Jorge Pretelt debe entender que su permanencia como magistrado es insostenible.

13 de marzo de 2015, 01:12 am

Este jueves, tras dos semanas en las que no han dejado de crecer los cuestionamientos sobre su conducta y, a la par, la sombra sobre una de las instituciones más respetadas por los colombianos, la Corte Constitucional, Jorge Pretelt Chaljub decidió separarse por dos meses de su magistratura.

Lo hizo no sin antes advertir que no renunciará a su cargo, pese a la magnitud del escándalo, y planteando dudas sobre sus colegas de la Corte. Como todo ciudadano, el magistrado Pretelt tiene derecho a utilizar los argumentos de defensa, que en su caso han pasado por tratar de poner en entredicho a quienes han tenido el valor de exponer los graves hechos por los que él es hoy señalado. La dignidad que ostenta, sin embargo, le exige mirar más allá de las consideraciones de conveniencia personal y los cálculos políticos y anteponer a ellos los intereses del país y los del alto tribunal.

Y es que el que se vive es uno de los momentos más críticos de la justicia colombiana, que en los últimos años, pese al esfuerzo de los fiscales, jueces y magistrados de bien, que son la inmensa mayoría, ha visto cómo su imagen se deteriora. El doctor Pretelt no ha dado explicaciones satisfactorias sobre la denuncia del abogado que asegura que le pidió plata para favorecer los intereses de la empresa que representaba, supuestamente en nombre del ponente del caso. No se trata, como bien lo señaló el magistrado Mauricio González en su denuncia en la Comisión de Acusación, de un simple rumor, sino de una versión ratificada una y otra vez por un abogado: Víctor Pacheco Restrepo, quien además es amigo personal de Pretelt y se reunió con él en varias ocasiones en su despacho y a quien ha tenido como invitado en su casa.

Es cierto que la tutela terminó fallada, por unanimidad, en contra de la firma que representaba el abogado. También, que el mismo González, quien, según la denuncia, era el supuesto destinatario de la plata, ha dicho que Pretelt nunca le habló del caso. Pero son muchos los vacíos en la defensa del magistrado, que aún no explica por qué, como lo ha admitido públicamente, habló de un proceso que tenía que fallar con el abogado de la parte demandante, así como sus llamativas coincidencias con el exmagistrado Rodrigo Escobar Gil, también abogado de la firma que interpuso la tutela.

Son varios ya los sectores, empezando por algunos de sus colegas de la Corte, que le han pedido al doctor Pretelt que tenga un acto de grandeza y renuncie. El Gobierno, a través de los ministros de Justicia y del Interior, se ha sumado a esas voces. La Comisión de Acusación no es una instancia que garantice una investigación seria y rápida, como la que exigen las circunstancias. La justicia y la Corte Constitucional no pueden someterse al desgaste de un proceso que no solo puede ser extenso, sino que no genera credibilidad, más en un momento clave, en el que el Estado negocia la paz y se requiere más que nunca un aparato judicial con una legitimidad a toda prueba.

Por la majestad de la justicia que representa, por la historia de la Corte, que por su situación enfrenta hoy la peor crisis desde su creación, y también por simple decoro, Jorge Pretelt debe entender que su permanencia como magistrado es insostenible y que no tiene la confianza ni de sus colegas ni la del país. Por eso debe renunciar.


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