Ni el chikunguña ni la vacuna de VPH me hicieron renunciar: De la Hoz

Ni el chikunguña ni la vacuna de VPH me hicieron renunciar: De la Hoz

Reparar el daño causado por caída de vacunación contra VPH, tomara tiempo: Fernando de la Hoz.

Ni el chikunguña ni la vacuna de VPH me hicieron renunciar: De la Hoz
26 de febrero de 2015, 08:26 pm

 Los últimos meses frente a la dirección del Instituto Nacional de Salud (INS) fueron complicados para Fernando de la Hoz: la polémica por la propagación del chikunguña y el caso de las niñas del Carmen de Bolívar, cuyos papás atribuyen una serie de síntomas como desmayos y debilidad a la vacuna contra el VPH, lo pusieron en la agenda mediática casi a diario.

No obstante, el funcionario asegura que su salida de la entidad, en días pasados, obedece únicamente a razones académicas y que el ministro, Alejandro Gaviria, nunca le pidió la renuncia ni cuestionó su trabajo.

De hecho, Mancel Martínez, director encargado del Instituto, asegura que los proyectos e iniciativas emprendidos por De la Hoz, se mantendrán.

¿Por qué se fue del Instituto?

Soy profesor titular de la Universidad Nacional, del departamento de salud pública; para desempeñar este cargo había pedido una comisión por dos años, que se vence a finales de febrero. Había aceptado el cargo por invitación de Alejandro Gaviria, pero se van cumpliendo ciclos y en esta fase yo debo regresar a la academia a seguir con mis actividades.

¿Le pidieron la renuncia?

No. Presenté mi renuncia de manera voluntaria, cuando llegué al Instituto había procesos un poco complejos que estaban por empezar, pero todos esos procesos son desgastantes.

¿Lo saca el evento del chikunguña y el Carmen de Bolívar?

No. El Ministro no me pidió la renuncia.

¿Pero estos escándalos lo saturaron de alguna manera?

Claro, obviamente el ritmo de la administración pública es muy diferente al de la academia. Uno puede llevarse la cama a la oficina y no termina de ver todos los problemas que se presentan diariamente en el sector público. No obstante, no fue una sensación de frustración la que me llevó a presentar la renuncia, sino ser consecuente con mi carrera.

¿Sintió presiones de los sindicatos?

El Instituto tiene tres sindicatos y respeto mucho su función. Creo que en algunas negociaciones hubo ciertas discrepancias que generaron molestias. Infortunadamente, unas decisiones sobre un inmueble terminaron causando malestar. Cada cosa que yo hacía ellos la tomaban como una persecución personal, y eso impidió una relación cordial.

¿Cree que el Gobierno se rajó en el manejo de chikunguña, como han dicho algunos?

El Gobierno viene preparándose para el chikunguña; desde hace más de un año está fortaleciendo el laboratorio central, sacando guías de manejo, pero la operación local deja mucho que desear. Por ejemplo, a pesar de que el Ministerio giró recursos adicionales el año pasado para hacer frente a esto, varios gobiernos locales de la Costa Caribe todavía no los han incorporado a su presupuesto y, por lo tanto, no los han ejecutado.

¿O sea que el Gobierno central ha hecho lo que ha podido?

Prácticamente ningún sistema de salud ha demostrado ser eficaz en la lucha contra el dengue. Brasil sigue teniendo millones de casos al año. La efectividad para controlarlo es precaria, por decir lo menos. Es cierto que las secuelas son quizá más prolongadas de lo que se ve en África y Asia, pero parecidas a las de Europa con algún tipo de secuela, nosotros tenemos condiciones demográficas diferentes a muchos países.

¿Qué falta en el manejo del chikunguña?

El chikunguña era una epidemia inevitable, aunque un senador decía que era anunciada. Sí era advertida, pero imposible de detener. Creo que todavía se puede ajustar mucho más la atención a las personas. Claramente en la fase subaguda algunos van a necesitar apoyo y tratamiento diferente al que en este momento se presta en muchas regiones, y en eso el país debe avanzar. Es curioso cómo en Barranquilla, que tiene todo para tener una gran epidemia de chikunguña, ha habido control.

¿Qué balance hace de la situación de El Carmen de Bolívar?

Es un caso lamentable. Como Instituto concluimos que es una enfermedad psicogénica masiva asociada a la vacunación contra el VPH, pero quedó la percepción exagerada del riesgo de haber recibido una vacuna contaminada o dañada. Además, El Carmen de Bolívar, que tiene una infraestructura hospitalaria supremamente precaria, también ha contribuido a la perpetuación de este fenómeno.

¿Es un caso sin antecedentes?

En Australia hubo un caso parecido con 26 niñas, pero la atención médica, quizás oportuna, con el apoyo que se necesitaba, probablemente logró contener la diseminación de esto.

¿Qué pasó en la reciente visita de esas niñas a Bogotá?

La comunidad en general sigue negando que nuestro estudio sea válido, sigue insistiendo en que la vacuna sí afecta a las niñas. A las madres y las niñas que vinieron volvimos a presentarles el trabajo, lo discutimos y ellos insisten: 'A nosotros nadie nos saca de la cabeza que las niñas están afectadas por la vacuna'. La inmunización las afectó, pero no química, farmacológica u orgánicamente. Nadie ha dicho que esas niñas simulan o manipulan, de hecho la enfermedad psicógena es real.

¿Qué pudo motivar la reacción de estas niñas?

Las madres y padres entran a internet y empiezan a escuchar información sobre la vacuna, sin una guía adecuada y en sitios sin respaldo científico. Como Instituto no tenemos evidencia de elementos externos a la percepción de los padres, pero se ha hablado del papel de algunos abogados que buscan pescar en río revuelto para presentar demandas contra el Estado; sin embargo, no tuvimos pruebas de que eso se esté haciendo.

¿La caída de la vacunación por VPH impacta la salud pública?

Infortunadamente ha habido un impacto importante en las cifras de vacunación con VPH, han caído incluso en sitios como Bogotá, donde no hay evidencia de efectos adversos importantes. Reparar el daño toma tiempo, de hecho, lo que está pasando con el sarampión en el mundo tiene secuelas de una publicación de hace 10 años en contra de esa vacuna.

SALUD