Bogotá la celebra

Bogotá la celebra

Wilborada abrió puertas hace poco. No es tarde para darle la bienvenida a esta Bogotá que celebra.

Bogotá la celebra
27 de enero de 2015, 01:45 am

Escribo esta nota en una casa que por momentos quisiera que fuera la mía. Tiene un pequeño balcón, una chimenea, el techo alto, la huella del tiempo y un altillo en el que dan ganas de volver a ser niño, de volver a ser joven. Tantas ganas que uno se pregunta por qué no ahora: y decide quedarse allí un buen rato. Tiene todo esto y tiene madera en abundancia –y la madera suele dar una sensación de abrigo– y tiene, sobre todo, muchos libros. Miles de libros.

Escribo esta nota en una casa que quisiera que fuera la mía. Y, aunque no conozco a sus dueños, siento que por momentos es un poco mía. Quizás porque me he ido apropiando de algunos de sus espacios: del sofá que mira a la chimenea, en el que me han contado historias increíbles de la guerra civil española. Del rincón en el que he espiado a ese hombre llamado Andy Warhol, que cambió la forma de entender el arte. Del balcón al que me he asomado para pensar si es cierta esa frase de Cicerón que leí precisamente en una de las paredes de la casa: “Si tienes un jardín y una biblioteca, lo tienes todo”.

También me he apropiado de un pasadizo metálico que lleva al anaquel de los libros de clasificación improbable –no son poesía, no son filosofía, no son testimonios, pero son un poco de cada cosa– y de una pequeña mesa en la que se me han ido las horas comentando con mi mujer los más recientes descubrimientos que hemos hecho en esta casa repleta de libros o escribiendo notas como esta mientras tomo un buen café.

Esta casa que siento un poco mía es de conservación y está ubicada en ese barrio de gratas sorpresas arquitectónicas que se llama Quinta Camacho. Se llama Wilborada 1047 y es una librería.

Sí, una de las librerías más hermosas y mejor clasificadas de Bogotá. O tal vez deba decir que es una de las más hermosas que he visto y que he disfrutado en este mundo en el que las busco por instinto, aunque las estadísticas jueguen en mi contra, porque cada vez son más las que se cierran y menos las que se abren.

Sobre todo de estas, como Wilborada 1047, en las que aún existen los libreros. Libreros que han leído, que gozan con los libros, que saben, que aconsejan sin prepotencia, que investigan lo que no saben, y que saben en dónde investigar... ¡libreros!

Wilborada abrió sus puertas hace pocos meses. No es tarde para darle la bienvenida a esta Bogotá que la celebra.

Fernando Quiroz
@quirozfquiroz