Chikunguña: más acción y menos resignación

Chikunguña: más acción y menos resignación

Es de baja mortalidad, pero este mal puede llegar a ser muy incapacitante. Qué hacer, cómo prevenir.

Chikunguña: más acción y menos resignación
31 de diciembre de 2014, 12:27 am

La fiebre causada por el virus del chikunguña representa un problema de salud pública para Colombia, desde que se detectaron oficialmente los primeros casos en septiembre.

Aunque se trata de una enfermedad de curso benigno, es decir de baja mortalidad, no puede desconocerse que es una patología que, en algunos casos, puede llegar a ser altamente incapacitante. Las autoridades del sector, y el sistema de salud en toda su extensión, deben enfrentarse a él teniendo en cuenta esa dimensión. (Lea aquí: Chikunguña, un problema que se creció en Colombia)

Es importante reconocer, para empezar, que por tratarse de una enfermedad nueva buena parte del conocimiento que se tiene de ella es teórico, razón por la cual tanto los pacientes como el personal médico y asistencial se enfrentan a síntomas que pueden confundir con los de otros males. (Lea aquí: El abecé del virus del chikunguña)

Dado que la literatura describe al chikunguña como un mal de evolución favorable y corta, se cae en el error de subestimar la severidad de sus efectos, la posibilidad de que se cronifique y las largas incapacidades que, en determinados casos, pueden producirse por las afectaciones articulares.

Distintos estudios indican que cuatro de cada diez afectados por esta dolencia pueden presentar problemas reumáticos permanentes, y que tres de cada diez llegan a desarrollar síntomas recurrentes, sobre todo si se trata de adultos mayores o afectados por otras dolencias de base.

Lo esperable es que quienes están expuestos a este riesgo sean remitidos a instituciones de mayor complejidad, para que cuenten con el debido seguimiento y tratamiento.

Pero esta clase de manejo no se está dando en muchos casos. La mayoría de las nuevas infecciones se están presentando en zonas donde los centros asistenciales (si los hay) son de una enorme fragilidad y a menudo cuentan con personal escasamente entrenado (medicaturas rurales, enfermeras auxiliares, servicios de primer nivel).

Es claro que por tratarse de una afección viral -que en este caso es transmitida por la picadura del 'Aedes Aegypti', un mosquito que abunda en la mitad del territorio nacional- por ahora no hay tratamientos distintos al manejo de los síntomas, con hidratación, descanso y analgésicos.

Eso no quiere decir, sin embargo, que el personal médico se conforme con devolver a los enfermos con una receta para la casa y se desentienda de ellos. Si hay potenciales complicaciones, el sistema de salud debería estar en capacidad de hacerles seguimiento, por un tiempo prudencial.

No es de extrañar, por eso, que hoy los enfermos, agobiados por dolores musculares y articulares y la falta de respuesta del sistema cuando reconsultan, acaben recurriendo a la nociva práctica de automedicarse con fármacos como los esteroides, que destruyen las articulaciones. Y eso, que está ocurriendo, es desastroso para ellos y para el sistema de salud.

El otro problema es el mosquito. Es claro que no hay, hasta ahora, métodos efectivos para erradicarlo; pero eso no puede ser esgrimido, por las secretarías de Salud, como una disculpa. Sus funcionarios deben encabezar y acompañar la puesta en marcha de medidas para controlar los criaderos de larvas e informar efectivamente a la población; puestas en marcha estas medidas sí reducen la presencia del vector, más que una cuña de radio o un par de anuncios en televisión.

El chikunguña llegó para quedarse, y aunque esa es una realidad el peor camino es llamar al país a esperar pacientemente a que los casos suban a un millón; los costos para las personas, el sistema y la productividad del país pueden ser incontables.

Lo esperable es que las autoridades de salud, los médicos, las sociedades científicas y los ciudadanos asuman el papel que les corresponde, y pronto: millones de colombianos se han desplazado en vacaciones a sitios donde adquirirán el virus y regresarán a sus ciudades buscando una respuesta.

¿Cómo prevenir y qué hacer?

Si visita o está en tierra templada o caliente:

- Utilice repelentes de manera permanente.
- Vista ropa de mangas largas, preferiblemente de colores claros.
- Use toldillos o mosquiteros para dormir.
- Fumigue habitaciones con las debidas precauciones.
- Proteja ventanas, ductos u orificios de ventilación con anjeos.
- Tape todos los reservorios de agua limpia de todo acúmulo de agua lluvia o recipientes que la contengan.
- Jamás se automedique, particularmente con inyecciones o mezclas de medicamentos recetados por personal no médico

Si presenta los siguientes síntomas, consulte:

- Fiebre súbita alta entre los 3 a 12 días de haber visitado o permanecido zonas templadas o calientes.
- Dolor articular múltiple, de intensidad variable.
- Dolor muscular, de espalda y de cabeza.
- Náuseas, vómito y conjuntivitis.

Acuda a un hospital de alta complejidad si, además de lo anterior, presenta:

- Dificultad para respirar.
- Dolor de cabeza intenso.
- Pérdida de la sensibilidad o el movimiento en alguna parte del cuerpo.
- Confusión.
- Borrachera.
- Manifestaciones en la piel como descamaciones, ampollas o hemorragias.

Jefes, entiendan que:

Esta enfermedad puede ser muy incapacitante. Si tiene empleados enfermos, que no se recuperan, insista en que consulten con el médico

Por Carlos F. Fernández, asesor médico de EL TIEMPO