Nueve días imaginando la Bogotá del 2025

Nueve días imaginando la Bogotá del 2025

Varios líderes participaron en la construcción de escenarios posibles para la capital en diez años.

Nueve días imaginando la Bogotá del 2025
23 de diciembre de 2014, 12:42 am

Con base en comentarios bien y mal intencionados, en los últimos años –por no decir décadas– se ha venido construyendo un estereotipo de ciudad que en muchos casos no corresponde a lo que representa la Bogotá de hoy. Y, por cuenta de unos y otros, se han desdibujado valores que subyacen en la capital y se ha masificado la concepción de que su devenir es, cuanto menos, incierto.

Esto no quiere decir que Bogotá no adolezca de males que ya parecen endémicos. Se pueden palpar a diario con los múltiples obstáculos que ofrece la movilidad, el permanente debate en torno a la convivencia en el espacio público, las barreras físicas e imaginarias –pero al fin y al cabo barreras– que segregan a la población; el deterioro ambiental o la incertidumbre por el futuro de sus finanzas y su vocación productiva.

No resulta extraño entonces, que la segunda pregunta que suela hacerse la gente después de lamentarse por el estado actual de cosas sea: ¿y ahora qué?, ¿para dónde vamos? Interrogantes que reflejan el grado de pesimismo que hoy embarga a los bogotanos y que confirman los sondeos de opinión: el nivel de decepción por lo que sucede en la ciudad se halla en uno de sus topes históricos, como no se había visto en los últimos 20 años.

Cuando se mira el perfil de la ciudad, lo anterior pareciera ser un contrasentido. Bogotá es hoy por hoy la que concentra la mayor oferta laboral del país (37 por ciento); alberga casi el 20 por ciento de la población nacional; su tamaño la convierte en un atractivo para la prestación de bienes y servicios; el crecimiento económico ha sido de 4,7 por ciento en promedio en la última década; ocupa el cuarto lugar en la clasificación de ciudades globales como la más atractiva para el turismo y la inversión, por encima de Río de Janeiro, Santiago o Lima, y es una de las tres ciudades con mayor futuro de América Latina, después de São Paulo y Río de Janeiro.

Bogotá genera casi el 30 por ciento del PIB nacional y contribuye con el 28 por ciento del crecimiento del país. En su suelo tienen asiento el 29 por ciento de las empresas instaladas en Colombia, le siguen Antioquia (11 por ciento) y Valle del Cauca (10). Pero subsisten problemas como el ingreso por persona, que es de 11.054 dólares al año cuando el promedio en América Latina es de 12.331 dólares; el 47 por ciento de las empresas pequeñas son informales –lo que afecta el ingreso fiscal de la ciudad– y la excesiva carga tributaria hace más difícil la diversificación de negocios.

La clave de la diversidad

Bogotá es caótica, no hay duda; indiferente, quizás; indomable, es posible. Pero radica en ella una fuerza que la hace vibrar más allá de sus fronteras y de su condición misma de ser la capital de la República: la diversidad de su gente.

Se trata de un valor pocas veces apreciado, a pesar de que esa misma diversidad es la que la ha hecho posible; ha sido el aporte de todos (llámense costeños, paisas, santandereanos, boyacenses o caleños) y la divergencia de ideas la que le ha dado a Bogotá ese resplandor que, para muchos, hoy tiende a opacarse.

Las razones por las que se percibe ese ambiente de derrotismo en la capital o de indiferencia por lo que sucede en ella, puede tener muchos orígenes: desde fenómenos históricos o coyunturales, hasta factores de índole político y cultural. Sin embargo, ninguno debería ser razón suficiente para no proyectar una ciudad que se merezca un destino mejor.

Y una buena manera de responder a ese enjambre de inquietudes acerca del momento que vive la ciudad y su futuro inmediato, es plantearse los posibles escenarios que le esperarían según las decisiones que se tomen hoy, no solo desde el Gobierno, sino desde la misma sociedad.

Este fue el principio que inspiró a la Cámara de Comercio de Bogotá y a la Alcaldía Mayor hace ya casi dos años cuando decidieron hacerse un interrogante simple pero contundente: ¿cómo ponernos de acuerdo?

Porque en el fondo eso es lo que deja traslucir el estado actual de cosas en la capital: la incapacidad para llegar a unos acuerdos mínimos que permita encontrar consensos y salidas a los múltiples desafíos que impone la urbe.

Con la asesoría del Centro de Liderazgo y Gestión y el acompañamiento del experto Adam Kahane, el primer paso que se dio fue convocar a un nutrido grupo de personas y seleccionar 35, con distintas visiones de la realidad local; más que representantes de un sector u otro, representativas de la ciudad y, en lo posible, polarizantes. Solo así, a juicio de los convocantes, era posible hallar coincidencias en medio de la divergencia.

La diversidad de opiniones fue clave para construir los escenarios posibles de la Bogotá del 2025.

Durante tres sesiones y nueve días de trabajo, esas 35 personas, que incluía empresarios, líderes académicos, exalcaldes, trabajadoras sociales, jóvenes vinculados a la cultura, representantes de gremios, funcionarios, banqueros, medios de comunicación, entre otros, se dieron cita para intentar construir, entre todos, esos escenarios posibles que le esperan a la Bogotá del año 2025.

Al comienzo el escepticismo fue atronador. La prevención, la desconfianza y las indirectas se apoderaron del debate. “En esta ciudad se rompió la confianza”, dijo uno de los asistentes; “tengo a la ciudad por cárcel”, se lamentó otro de los convocados; uno más añadió que en Bogotá “lo que reina es el ‘meimportaunculismo’ ”, mientras algunos, en cambio, se dejaron llevar por el optimismo desbordado: “con buena voluntad se arregla todo”.

Allí estaban los empresarios y gremios que mantienen arduas diferencias con el Gobierno; los medios que le generan tanta urticaria a la Administración; los académicos, que sugieren que “la mejor solución para Bogotá es irse”; los jóvenes, que se sienten excluidos, las víctimas que reclaman más espacio, los innovadores que pelean por el reconocimiento que se merecen, la representante de los recicladores pidiendo “reciclarnos primero como sociedad...”.

Los debates fueron intensos. Difíciles. Muy pocas veces tenía lugar ese cara a cara entre unos y otros hablando de una ciudad según su propio punto de vista, pero sin preguntarse cuál era el punto de vista del otro. Cada quien defendía su posición como un dogma rígido. Hubo momentos de efervescencia, pero también de crisis. “Si no somos realistas y planteamos que por el camino que vamos podemos llegar a un ‘Caracazo’ no estamos haciendo nada”, expresó otro de los asistentes.

Todo esto fue emergiendo durante los encuentros. Era como una catarsis que ya en el tercer taller devino en un diálogo sincero, íntimo, que al final dio los frutos esperados: “hablar de lo que es posible, relevante… no de lo que queremos”, expresó Adam Kahane, uno de los más reconocidos maestros en ejercicios de planeación transformadora por escenarios, el mismo que, junto a su equipo, sentó las bases en Sudáfrica para el entendimiento después del apartheid y dieron forma al proyecto Destino Colombia.

Paso a los escenarios

El paso siguiente fue el más decisivo, pero la mezcla de grupos, la diversidad de opiniones, el estímulo de ideas tenía que llegar a algún un lado. Ya se había alcanzado la meta de ponerse de acuerdo en unos mínimos sin renunciar a los principios, lo que en últimas dio paso para que emergieran los escenarios de lo que le puede suceder a la Bogotá del 2025, dependiendo de las decisiones que se adopten en el corto y mediano plazo. ¿Qué pasa si las cosas siguen por el mismo camino?, ¿qué habría que hacer para que Bogotá tenga un nuevo destino?, ¿qué tan perturbador será el proceso? Ese es el paso que sigue y que será revelado por el equipo de Escenarios a comienzos del próximo año.

Durante nueve días, en tres sesiones distintas, grupos aparentemente irreconciliables pudieron hablar frente a frente sobre la ciudad.Ingrese pie de foto

Allí, la ciudadanía podrá hacerse una idea de los caminos que le esperan a la capital y en cuál de ellos quiere verse involucrado. Es como plantearse el desafío de imaginar la ciudad que nos espera a todos, pero especialmente a las generaciones por venir. Será, sin duda, un documento apasionante, lleno de desafíos, invaluable para el estudio y el análisis, y clave para quienes aspiran dirigir las riendas de la capital.

No se pretende nada más, pero tampoco se quiere nada menos que un debate sano y abierto sobre algo que viene reclamando la ciudad desde hace tiempo: responder a la pregunta de para dónde vamos y cuál es el sueño común que puede congregarnos.

Y la única forma de hacerlo será con el concurso de todos los que hacen parte del engranaje de la ciudad y apelando a la máxima de André Gide, citada por Kahane durante los talleres: “No se puede pretender descubrir nuevas tierras, si no se está dispuesto a perder de vista la costa”.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO