Sí, existe la tecnofobia / Análisis

Sí, existe la tecnofobia / Análisis

Experto explica las categorías en las que se clasifican los que le temen a la tecnología.

20 de noviembre de 2014, 02:17 am

Aunque no lo crean, el miedo a la tecnología existe y no es nuevo. Para la muestra está la novela Frankenstein, de 1818, y que trata sobre lo que ocurre cuando esta se sale de control.

Es frecuente que cuando se habla de estos temas surjan objeciones sobre el papel de la tecnología en nuestras vidas.
Yo tuve resistencia a la tecnología. En mi casa tuvimos un Apple modelo 84, que era una máquina de escribir costosa para nosotros y que servía, básicamente, para imprimir. Antes de llegar Windows, la posibilidad de sentir el anhelo de adoptar su tecnología era nula. No conocía el DOS, no sabía nada sobre programación con Dbase y otros programas que permitían poner una letra en la pantalla.

¡Negra como esa pantalla era la posibilidad de que quisiera usar un computador! Luego llegaron Windows e internet y todo se hizo más fácil. Descubrí que mi temor era porque desconocía su manejo, pero una vez lo aprendí y vi sus utilidades, cambió mi percepción. Desde entonces, y con moderación, me mantengo al tanto de sus evoluciones.

Hay algunos, sin embargo, que no superan esa resistencia. De ellos se dice que sufren tecnofobia, que es un miedo hacia las nuevas tecnologías. Se trata, aclaro, de temores irracionales, aun cuando se justifiquen. La tecnofilia es lo opuesto, una pasión exagerada por la tecnología.

Larry Rosen, psicólogo de la Universidad de California, ha estudiado el asunto más de 30 años y, a partir de sus hallazgos, creó tres categorías de usuarios: incómodos (les toca, pero no la dominan), tecnofóbicos cognitivos (la usan y le temen) y tecnofóbicos ansiosos (rango patológico y de dependencia).

Ha visto que las actitudes culturales y políticas de los países, en lo general, y de los padres y educadores, en lo particular, influyen sobre los sentimientos positivos o negativos por ella. E insiste en que la clave no es evitarla, sino aprender a utilizarla, hacer pausas apropiadas y hacer actividades que den descanso al cerebro. Si no entendemos cómo estas tecnologías nos afectan y no conocemos sus mejores usos, corremos el riesgo de ser víctimas de los aspectos negativos de su uso inadecuado o exagerado y de no aprovechar sus potencialidades. 

CARLO VINICIO CABALLERO
M. D. Profesor asociado de medicina, Universidad del Norte (Barranquilla)