Editorial: Silva y Villalba por siempre

Editorial: Silva y Villalba por siempre


18 de noviembre de 2014, 01:55 am

La semana pasada, en el teatro de Colsubsidio, en Bogotá, se rindió un homenaje tan justo como emocionante a uno de los últimos duetos legendarios de nuestro país, Silva y Villalba, que marcaron una época maravillosa en la bella música de cuerda.

Rodrigo Silva y Álvaro Villalba son dos entrañables y emblemáticos personajes, que desde 1967 unieron sus voces y sus tiples y sus guitarras para interpretar y componer “esas canciones que llegan al alma”, como dice la letra del bambuco Soy colombiano, y para propagar nuestro folclor por el país y allende las fronteras.

No fue un concierto más. Se trataba, en realidad, de la despedida oficial de su público, después de 47 años de estar unidos como dúo y de más de 500 canciones y 40 discos. Todo ello tan solo interrumpido por seis meses de separación, por algún discorde en el pentagrama de la amistad, que no falta hasta en las mejores familias, pero que en nada empaña una admirable y hermanable producción musical.

Hablar de ellos dos es, asimismo, evocar a Garzón y Collazos o a Jorge Villamil o a José A. Morales. Grandes todos. Y es para muchos tararear Tolima grande, Llamarada, Pueblito viejo, Espumas, Cenizas al viento, Yo también tuve veinte años, Los guaduales, Oropel, Al sur, Las acacias, entre muchas otras. Es pensar en tantas y tantas canciones con contenido, cantadas a una región, a la vida, al amor, a lo nuestro, cargadas de filosofía popular. E interpretadas a dos voces, sin histrionismo, simplemente con romanticismo y fervor, bajo el ala del sombrero, por la pasión de cantar. Con ellas se enamoraron millares de parejas y tal vez con ellas mataron penas otras tantas.

Hoy, cuando Silva y Villalba se bajan de la tarima, a sus 70 años bien cantados, no solo hay que agradecerles esta larga serenata, sino reconocerles su valioso aporte a la cultura nacional, que constituye una página dorada de la historia musical de Colombia.

Tal vez hoy “lloran los guaduales, porque también tienen alma”. Pero los colombianos, entre la nostalgia y la gratitud, más bien le debemos tributar un largo aplauso a este dueto glorioso, ejemplo de perseverancia, de sincera amistad y de culto a la música autóctona.

EDITORIAL
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