El MIT busca un lenguaje mundial para emprendedores

El MIT busca un lenguaje mundial para emprendedores

Testimonio del único colombiano que asistió al Campamento Global de Emprendimiento.

El MIT busca un lenguaje mundial para emprendedores
29 de septiembre de 2014, 12:43 pm

“Hay que mantener los pies sobre la tierra”, dice mi padre. Sin embargo, esa tierra parece ser tan grande –o tan pequeña– como uno quiere que sea y hay quienes, más allá de preocuparse por su tamaño, piensan en superar “los desafíos más grandes del mundo con ciencia y tecnología” (Misión del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT).

MIT es ciertamente un lugar único: las máquinas tienen nombres de personas, mientras los edificios, y hasta los cursos de pregrado y posgrado, tienen números.

La investigación, literalmente, es transparente y, detrás de los vidrios de los seis pisos del llamado Media Lab, se ve cómo se pasa del pensar al hacer en esas ideas que podrían cambiar el mañana, pero, lo que quizá llama más la atención, es que “hackear” es una obsesión para muchos de quienes allí estudian y enseñan.

“La palabra ‘hack’ en MIT usualmente se refiere a una ‘broma’ inteligente, benigna y ‘ética,’ que es a la vez retadora para los perpetradores y divertida para la comunidad MIT. No tiene nada que ver con ‘hackear’ computadores o teléfonos (que nosotros llamamos ‘cracking’)”.

Esto aparece en Internet, en una galería de lo que han logrado estos “hackers” que han llegado incluso a jugar ese tradicional videojuego llamado Tetris en las paredes del edificio más alto de todos los que conforman el Instituto.

Pero no son solo “bromas”. “Hackers” hicieron posible que hoy se hable de “cursos abiertos y gratuitos en línea (MOOC por sus iniciales en inglés)”. “Hackers” permiten que hoy millones de personas aprendan de los mejores profesores de las más reputadas universidades del mundo.

“Hackers” permitieron que 54.856 personas de todo el planeta estudiáramos emprendimiento en MIT durante unas semanas, desde nuestras casas. Y “hackers” creyeron que podía irse más allá, que unos pocos podríamos ir a Boston para ser parte de un experimento que podría contribuir a este cambio silencioso.

Los criterios de selección fueron el potencial emprendedor, la visión de largo plazo, la capacidad de análisis, la contribución a la comunidad y el enfoque en la excelencia, no la capacidad económica, ni los pergaminos, ni la edad.

“Para mí esto es meritocracia. No es a quién conoces, porque cualquiera puede inscribirse a un MOOC, es cuánto sabes y qué tanto quieres esto”, resalta Bill Aulet, director Centro Martin Trust para el emprendimiento de MIT.

Sin saberlo, esta institución encontró un lenguaje común para el emprendimiento. No es el inglés; son los deseos de resolver problemas y hacer las ideas realidad. Durante cinco días estuvimos 47 personas, de más de 20 países, trabajando en jornadas que en promedio superaron las 20 horas de trabajo diarias. La meta, seguir disciplinadamente, casi con rigor militar, 24 pasos necesarios para crear una empresa.

Allí las personas éramos “radicalmente distintas”, de esas de las que acostumbran rodearse los grandes emprendedores, según Bill Aulet: religiones distintas, conocimientos variados, edades disímiles.

En un mismo recinto estaba Iman, increíble mujer pakistaní-venezolana, hija de padre musulmán y madre cristiana, a quién sus padres nunca le enseñaron la palabra “odio”, ni en inglés, ni en español, ni en urdu. También estaba Inga, deportista olímpica de Rumania con ideas para lograr “campeones” en las empresas.

Otra de las participantes era Leonika, quien seguro salvará vidas en Indonesia al reducir los tiempos para entregar la sangre a quienes la necesitan en las hospitales de su país; y Laurent, quien busca solucionar el problema del agua en Tanzania y en otros países africanos; y Diana, rumana graduada en leyes de Harvard, apasionada por las artes, por el emprendimiento, por empoderar a las mujeres… en fin, son casi 50 historias, cada una para un libro.

Entre todos ellos tuve el honor de estar en representación de Colombia, de Antioquia. Graduado en administración, amante pero apenas aprendiz de periodismo, admirador de mis mayores y de aquellos que durante siglos han buscado ser útiles a la sociedad antes que importantes. Sobre todo, inquieto por entender cómo lograr evitar que el exceso de información se convierta en una mayor desinformación.

Otra emprendedora de Medellín fue aceptada pero no pudo asistir y, según cifras recientes, somos más de 3.000 los colombianos que hemos estudiado hasta el momento en Edx (iniciativa de Harvard y MIT donde hoy hay más de 50 universidades ofreciendo sus cursos).

Miles que creemos que este mundo es pequeño y lo grande son sus retos.

Cursos gratuitos en la red

Para ingresar a cursos como este no hay ningún filtro inicial (en páginas como www.edx.org , www.coursera.org, www.novoed.org o al buscar la palabra Mooc se encuentran cientos de alternativas de las mejores universidades del mundo).

“Me inscribí, estudié durante algunas semanas, presenté las evaluaciones (...) Días después todos los que estuvimos inscritos en el curso recibimos la invitación para aplicar al primer MITx Global Entrepreneurship Bootcamp (Campamento Global de Emprendimiento de MITx”, dijo Vera, el único participante del país.

MEDELLÍN